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Un nuevo mundo laboral

Por Felipe Oelckers Jueves 13 de Agosto del 2026

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Las cifras recientes del mercado laboral chileno muestran algo más profundo que un problema coyuntural de empleo: evidencian un desafío que las instituciones de educación superior. La creciente presencia de profesionales y técnicos trabajando en ocupaciones que no requieren su nivel de formación revela que ya no basta con preparar personas para obtener un título. Es necesario prepararlas para desenvolverse en un mercado laboral que cambia a una velocidad inédita y donde la inteligencia artificial, sin duda está llegando para quedarse.

La ampliación de la educación superior ha sido uno de los grandes avances del país en las últimas décadas. Más del 40% de la fuerza laboral cuenta actualmente con educación superior completa. Sin embargo, alrededor de 1,5 millones de ocupados con esta condición se encuentran en situación de subempleo por calificaciones. El dato no debería interpretarse como un fracaso de la educación superior, sino como una señal para preguntarnos si estamos formando con las herramientas que realmente requiere el mundo del trabajo actual.

El desafío es especialmente relevante cuando observamos que una parte importante de los nuevos empleos para personas con educación superior se concentra en ocupaciones que no utilizan plenamente sus competencias. Esto implica menores ingresos, frustración profesional y, en muchos casos, una distancia creciente entre las expectativas que generó la formación y la realidad que encuentran los titulados al incorporarse al mercado laboral.

La transformación tecnológica profundiza este escenario. La inteligencia artificial ya está automatizando tareas rutinarias, modificando funciones y redefiniendo perfiles laborales. Por eso, una formación centrada exclusivamente en conocimientos específicos corre el riesgo de quedar rápidamente obsoleta. Las instituciones debemos avanzar hacia modelos que combinen conocimientos disciplinares con habilidades digitales, pensamiento crítico, capacidad de adaptación y aprendizaje permanente.

Esto también obliga a mirar con mayor atención la educación técnica y la formación en oficios. No se trata de instalar una falsa dicotomía entre universidad y formación técnica, sino de reconocer que existen múltiples trayectorias para construir un proyecto laboral exitoso. El cuidado de personas, la ciberseguridad, las energías alternativas, la mantención tecnológica y otros campos requieren competencias prácticas que tendrán una demanda creciente.

Las instituciones de educación superior tienen, por tanto, una responsabilidad que va más allá de entregar un título. Deben mantener un vínculo permanente con las transformaciones del mercado, anticipar nuevas necesidades y generar oportunidades para que sus estudiantes puedan actualizar sus competencias durante toda su vida laboral.

Las cifras no deberían llevarnos a concluir que sobran profesionales. Deberían impulsarnos a formar profesionales distintos: capaces de aprender, abierto constantemente al conocimiento, reconvertirse y trabajar junto a nuevas tecnologías. El verdadero desafío para la educación chilena no es solamente aumentar el número de titulados, sino asegurar que aquello que enseñamos conserve valor en el mundo que viene y poder acompañarlos entregándoles las herramientas necesarias en su trayectoria laboral. Porque educar para el futuro significa, precisamente, no formar para el mercado laboral de hoy, sino para el que todavía estamos comenzando a construir.

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