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La Vicaría de la Solidaridad, 50 años en la memoria agradecida de nuestro pueblo

Por Marcos Buvinic Domingo 23 de Agosto del 2026

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La semana pasada en la Iglesia de Magallanes hemos celebrado, como cada año, la Semana Social. Lo hacemos en torno a la fiesta de san Alberto Hurtado, el 18 de agosto, fecha que en 1993 fue instaurada por el Congreso Nacional como el Día Nacional de la Solidaridad.

Este año, nuestra Semana Social tuvo como uno de sus ejes la conmemoración de los 50 años de la creación de la Vicaría de la Solidaridad del Arzobispado de Santiago y su acción en Magallanes con el Departamento de Pastoral de Derechos Humanos del Obispado de Punta Arenas. El jueves pasado tuvo lugar un conversatorio en el auditorio del Edificio de los Servicios Públicos, lleno de público y con la presencia de muchos jóvenes. Fue un diálogo en el que intervinieron Paulina Echeverría, quien fue en esos años la responsable del Departamento de Pastoral de Derechos Humanos del Obispado de Punta Arenas; el profesor Baldovino Gómez, ex preso político, y el sociólogo Cristián Figueroa, Director Regional del Instituto Nacional de Derechos Humanos. Un animado diálogo con preguntas de los asistentes permitió conocer mejor lo vivido en esos años y reconocer la defensa de la dignidad humana como una tarea permanente, a nivel eclesial y social. También, un grupo presentó algunas partes de la Cantata de los Derechos Humanos, cuya interpretación emocionó a los presentes.

Cerró el conversatorio, el Obispo de Punta Arenas, Óscar Blanco, quien señaló que
“la defensa de los derechos humanos no constituye para la Iglesia una actividad marginal o ajena a su misión. Es una expresión concreta del Evangelio de Jesucristo, que reconoce en cada persona una dignidad recibida de Dios y que llama a servir especialmente a quienes se encuentran heridos, vulnerables o marginados”.

Por eso, hay cosas que no se borran de la memoria y, entre ellas, está la Vicaría de la Solidaridad, una genial creación del Cardenal Raúl Silva Henríquez como respuesta de la Iglesia a las inéditas situaciones de atropellos a la dignidad humana generadas a partir del golpe de estado de 1973. A lo largo de todo el país, la acción de la Iglesia a través de la Vicaría de la Solidaridad fue capaz de sostener la dignidad humana precisamente cuando el Estado la negaba. Esta acción profética y luminosa permanece en la memoria agradecida de nuestro pueblo como un testimonio que nos desafía a vivir la promoción y defensa de la dignidad humana en los nuevos tiempos que vivimos y -como lo ha señalado recientemente el Papa León en su carta “Magnifica humanitas”- custodiar la dignidad de la persona humana en estos tiempos de la Inteligencia Artificial.

En Punta Arenas, esta acción eclesial en defensa de la dignidad de la persona humana comenzó inmediatamente después del golpe de estado, al conocerse los primeros casos de detenciones arbitrarias, torturas, y traslado de prisioneros políticos a la isla Dawson, constituyéndose en octubre de 1973 el Comité Pro Paz, presidido por el Padre Alejandro Goic, junto al Pastor Esteban Fetis, de la Iglesia Metodista, y el Capitán Arnoldo Soto, del Ejército de Salvación. Luego, con el Padre Obispo Tomás González, esta acción eclesial se realizó creando el Departamento de Pastoral de Derechos Humanos del Obispado de Punta Arenas, a cargo de la Sra. Paulina Echeverría, junto a un importante equipo de hombres y mujeres que colaboraron en esta misión eclesial y humanitaria. Una mención muy especial corresponde al trabajo de las mujeres que multiplicaban el pan en los diversos comedores solidarios que funcionaban en las parroquias y capillas de Punta Arenas y Puerto Natales.

Con el retorno a la democracia, la Vicaría de la Solidaridad terminó sus funciones en 1992, y muchas de sus tareas fueron asumidas por la Pastoral Social en cada diócesis. El Arzobispado de Santiago creó la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad, que custodia la documentación del trabajo realizado y de su antecesor, el Comité Pro Paz. Este archivo es un testimonio privilegiado de esa época y un material importante en los procesos de violaciones de derechos humanos que aún están en curso. También, ese archivo ha sido declarado por el Estado de Chile como Monumento Nacional y por la Unesco como parte de la Memoria de la Humanidad.

Así, como señaló nuestro Obispo de Punta Arenas, Óscar Blanco: “Recordar estos 50 años no significa quedar atrapados en el pasado. La memoria tiene una responsabilidad hacia el presente y hacia el futuro. A todos nos pregunta cómo estamos respondiendo hoy ante las nuevas formas de pobreza, exclusión, violencia, migración, soledad, precariedad laboral y vulneración de derechos. Nos invita a preguntarnos si sabemos reconocer los rostros concretos de quienes necesitan ser escuchados y acompañados”.

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