“En el ajedrez soy más activo, más táctico. En la vida, más reflexivo”
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Luis Roberto Poblete Davanzo tiene 77 años, es ingeniero comercial y fue docente de la Universidad de Magallanes por más de 50 años, donde llegó a ser decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales por casi tres décadas. Aprendió ajedrez a los 8 años en el hotel que administraba su padre en Temuco y nunca lo dejó.
Luis Roberto Poblete Davanzo nació en Osorno, pero creció de ciudad en ciudad: su padre administraba hoteles y la familia se movía con él. Osorno, La Serena, varios hoteles del sur de Chile, hasta que se instalaron en Temuco, donde entró al colegio. El Instituto San José, que después se llamó De La Salle. Fue ahí, en el Hotel La Frontera que administraba su padre, donde ocurrió el encuentro que marcó su vida: un huésped de apellido Fabres, funcionario del Servicio de Impuestos Internos, jugaba ajedrez solo en el lobby. El niño lo empezó a mirar. El hombre le empezó a enseñar. Luis tenía 8 años. “En un año creo que ya empecé a jugar bien”, confiesa.
Es hijo de Luis Poblete Fuentealba, contador nacido en Chillán que se dedicó a la administración hotelera, y de Silvia Davanzo Angulo, osornina. “De ahí viene mi sangre italiana”, dice con orgullo. La vocación por los negocios y las finanzas le vino por el padre: cuando llegó a rendir la prueba de bachillerato -la última generación antes de la prueba de aptitud académica- le fue bien y tuvo para elegir entre Derecho, que era lo que más le gustaba, e Ingeniería Comercial. Eligió la segunda porque la carrera se dictaba en Viña del Mar y la ciudad le pareció irresistible. Estudió en la Universidad de Chile sede Valparaíso, que después pasó a llamarse Universidad de Valparaíso.
Campeón en Viña, en Punta Arenas y en Cataluña
En la universidad el ajedrez siguió a la par de los estudios. Se inscribió en el club de la institución y llegó a ser campeón universitario. También se afilió al Club Everton de Viña del Mar donde llegó a ser campeón del club y representó a la región en torneos nacionales. Cuando terminó la universidad y se fue a España a hacer el posgrado, siguió jugando: se inscribió en el club del pueblito catalán donde vivía, Castelldefels -”es como Concón en relación a Viña del Mar, pero de Barcelona”, explica- , y compitió en torneos de la región, viajando a Andalucía, al País Vasco, a Andorra. Cataluña era entonces una potencia ajedrecística.
En 1973 llegó a Punta Arenas. Había ganado un concurso para un cargo de profesor de jornada completa en la Universidad Técnica del Estado (UTE), que tenía una sede en la ciudad. Lo entrevistaron en Santiago, quedó, y ya no se cambió más. En el ámbito del ajedrez, fue Ricardo Mattioni -dueño del Cine Cervantes- quien lo introdujo no sólo al club local, sino también al billar en el Club Inglés, que funcionaba sobre el actual Banco de Chile. El Club Capablanca, que después se llamó Club Español, fue su espacio permanente. Los Mattioni son una familia histórica del ajedrez magallánico: don Ricardo padre fue figura clave, y su hijo Aldo es actualmente el presidente de la Asociación de Ajedrez de Punta Arenas. Otros dirigentes que recuerda con afecto son Cosimo Pirozzi, de la tienda del mismo nombre, a Fernández y Domenech, entre otros.
Más de 50 años en la Umag
Su carrera en la entonces Universidad Técnica del Estado -hoy Universidad de Magallanes- fue larga y escalonada. Empezó como docente en 1974, llegó a director de departamento en 1980, luego fue vicerrector de Administración y Finanzas, y finalmente decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, cargo que ocupó por casi 30 años. También fue director del primer programa de posgrado de la universidad: un Magíster en Administración de Empresas. La carrera de Contador Auditor, una de las más tradicionales del plantel, debe tener más de 1.200 egresados, calcula. “Extraño la vida universitaria, fíjate”. En ese ámbito también contribuyó a dar vida al Club de Ajedrez de la Umag, que existe hasta hoy y que ha sido un espacio para que estudiantes y académicos se encuentren fuera del aula en torno al tablero.
Estuvo casado con Iluminanda Rojas, fallecida en 2024, con quien tuvo dos hijas: Constanza y Alejandra, de quien tiene dos nietos, Raimundo y Juan José. Al ajedrez intentó motivarlos a todos, hijas y nietos, pero ninguno lo siguió con la misma pasión. “No a todos les agarró”, señala, con resignación.
Táctico en el tablero, reflexivo en la vida
Hay dos grandes estilos en el ajedrez: el táctico y el posicional. Los tácticos prefieren aperturas agresivas, buscan el ataque rápido, piensan en combinaciones. Los posicionales son más estratégicos, más de largo plazo, más pacientes. Luis Poblete es táctico: juega aperturas abiertas, las que comienzan con el peón del rey avanzando dos casillas, notadas como E4. “Me dicen que soy agresivo”, dice. Lo curioso es que en la vida su carácter fue el opuesto: más reflexivo, más conservador, más tranquilo. “En el ajedrez era más activo, más táctico. En la vida era más reflexivo”, explica sin atisbos de sentir una contradicción.
El ajedrez no siempre fue un deporte de colegios. Luis Poblete lo vivió en carne propia: cuando él aprendió, era una actividad de clubes privados, de hoteles, de círculos específicos. Eso cambió después del boom que generó Bobby Fischer, el ajedrecista norteamericano que en 1972 le ganó al soviético Boris Spassky en Reikiavik en uno de los duelos más seguidos de la Guerra Fría. “De ahí se empezó a popularizar en los colegios, tanto jugar como enseñar”, dice. El ajedrez está reconocido hoy como una disciplina que mejora el razonamiento lógico, la creatividad y la concentración, y muchos establecimientos lo incorporan como actividad extraprogramática o incluso como asignatura.
Magallanes en lo más alto
En Magallanes, el nivel es alto. Poblete está convencido de que si se disputara un campeonato nacional por regiones, Magallanes estaría entre las tres primeras del país. Ese nivel lo construyeron jugadores como Hugo Frey, Luis Dobson, Baldovino Gómez y Cristián Bordoli, quien colaboró durante años con La Prensa Austral difundiendo el ajedrez en los colegios. También recuerda con cariño a Raúl Alvarado, profesor de estilo posicional, fallecido en esta última semana. En el plano femenino, destaca a Giovanna Arbunic, jugadora de ascendencia croata que llegó a ser vicecampeona juvenil del mundo y que hoy vive nuevamente en Chile después de haber estado fuera un largo periodo, y a una profesora del Liceo de Niñas cuyos nombres no recuerda con precisión, pero cuyo nivel era notable. Y ahora están llegando nuevas generaciones: los hermanos Hurtado y Max Guerra Mansilla, quien reemplazó a Poblete a cargo del ajedrez en la universidad, son algunos de los nombres que van a relevar a los históricos.
A los 77 años sigue jugando, aunque ya no en torneos nacionales presenciales, a excepción de que el año pasado, específicamente, entre el 18 y 24 de agosto, participó en el campeonato Panamericano de Másters, Seniors y Veteranos de Ajedrez 2025 que se disputó en la ciudad de João Pessoa, en Paraíba, Brasil, organizado por Fide América, la Confederación Brasileña de Ajedrez (CBX) y la Federación Paraibana de Ajedrez, lo que fue una gran experiencia para él como jugador, en la categoría S65 (Veteranos, mayores de 65 años). La plataforma digital Lichess le permite jugar todas las noches a las 21 horas con rivales de todo el mundo, estudiar aperturas, comparar partidas. “Juego bastante ajedrez digital”, admite. Tiene también una biblioteca de ajedrez que construyó durante décadas, con libros y revistas especializadas en los que estudió las novedades -las jugadas nuevas que los grandes maestros introducen mes a mes- y las aperturas con las que se especializó. Hoy ya no compra libros: todo está en internet, pero la pasión es la misma.




