Algo de fútbol (2ª parte)
Los méritos deportivos indudablemente generan un círculo virtuoso: a mayores triunfos, mayor cantidad de adherentes, Todo esto genera mayor presencia de los símbolos de los equipos en la vida diaria y, por lo tanto, cada vez más adherentes. Pero, los modestos clubes de provincia, o de humildes sectores de la capital no necesitan del triunfo para mantener la incodicio0nalidad de sus adeptos.
Son clubes que también llenan estadios y sus hinchas están dispuestos a acompañarlos y a seguirlos por todo Chile, en auto, en micro, en tren. Instituciones dignamente enquistadas en el corazón del pueblo, un pueblo al que sólo en contadas ocasiones pueden darle la alegría de un triunfo, siquiera un empate frente al poderío deportivo y económico de los “grandes”.
Estos clubes también han aportado hitos imprescindibles en cualquier antología del fútbol chileno, tanto en formaciones, como en individualidades. En cuanto a los equipos daremos tres ejemplos, uno de ellos es Unión San Felipe que, con la conducción de Luis Santibañez, es el único equipo que ha hecho la hazaña de campeonar consecutivamente en segunda y primera división (1970 y 1971 respectivamente). Por otra parte, Unión Española ganó tres campeonatos entre 1973 y 1977, regocijando a sus parciales al igual que cuando alcanzaron su primera estrella en 1943. Claro que en esa oportunidad el logro fue más significativo; España salía de la guerra civil, conflicto durante el cual los dirigentes de la Unión decidieron retirar al equipo de la competencia por dos temporadas, debido a que en las tribunas del Santa Laura republicanos y franquistas se daban como bombo en fiesta. Esa primera estrella de los “rojos” de Santa Laura, tal vez aportó un grano de arena en la reconciliación de la familia hispana residente. Finalmente citamos al Santiago Wanderers campeón de 1968, que quedó en la historia como “Los Panzers”, el equipo más simbólico del club porteño. Dada la contextura fornida de casi la totalidad de esa formación wanderina, se ganaron la denominación en referencia a los Tanques Panzer usados por alemanes de la segunda guerra mundial. El apelativo se ha extendido al club y a su hinchada, a los wanderinos y a su equipo se los conoce como “Los Caturros”, “El Decano”, “El Vagabundo” (wanderer, significa vagabundo) y también como “Los Panzers”.
En cuanto a las individualidades mencionaremos algunas figuras legendarias que han triunfado, incluso en el extranjero, sin haber vestido jamás la camiseta de un equipo “grande”. Un ejemplo descollante es el de Iván Zamoramo: Cobresal, Cobreandino y de ahí a Europa. También destaca Osvaldo Castro, el “Pata Bendita” que se inició a mediados de la década del 60 en Unión La Calera, pasó a Deportes Concepción y luego triunfó en México. Jugaba de interior izquierdo o puntero por la misma banda y tenía un “shoot” impresionante, gracias al cual se ganó el apodo con que se hizo famoso. Otro que terminó en México fue el versátil jugador de Audax Italiano Carlos Reinoso. Contemporáneo de Castro se movía con igual destreza en el mediocampo y en el ataque. Nuestro amigo Juan Soto (Q.E.P.D.) el conocido “Niño Gol” de la Selección Nacional de 1962 compartió la línea ofensiva con Reinoso en Audax en 1968, una delantera donde también destacaban Henríquez y Jaime “Pata – Pata” Hidalgo, Soto lo recuerda como fuera de serie, un verdadero conductor sin el cual el equipo se habría desarticulado. Reinoso se fue a México donde se transformó en ídolo nacional con la camiseta del América. Un caso notable en lo que a directores técnicos se refiere es el de Nelson “Consomé” Oyarzún, dirigió al Ñublense de Chillán hasta que un voraz cáncer se lo permitió, en dicha ciudad lo veneran hasta el día de hoy y el estadio local lleva su nombre. Aplicó novedosas técnicas de preparación física y su apelativo se debe a que antes de los partidos les daba consomé a los jugadores.
Continuará…




