De la Patagonia a la vanguardia: el viaje del estudiante de la Umag que unió IA, tecnología y cultura en China
Conocer de cerca el desarrollo tecnológico y la incorporación de la inteligencia artificial en la educación fue parte de la experiencia que Diego Ernesto Oyarzo Quedumán, estudiante de Ingeniería en Computación e Informática de la Universidad de Magallanes, vivió en Chengdu, China. El viaje se concretó tras obtener una beca otorgada a partir de una invitación de la Universidad Tecnológica de Chengdu al Instituto Confucio de la Umag.
Durante su estadía, el estudiante participó en clases sobre inteligencia artificial, ética y uso de estas herramientas, además de realizar visitas a empresas vinculadas con áreas como el litio, la agricultura y los paneles solares. El programa también contempló actividades culturales y recorridos por Chengdu, donde pudo conocer una ciudad en la que, según relató, el desarrollo tecnológico convive con tradiciones y costumbres que mantienen una fuerte presencia en la vida cotidiana. “Una experiencia increíble y la verdad es que me quedé con ganas de volver”, resumió Diego Oyarzo Quedumán al recordar su paso por China en el podcast Región en Diálogo de Umag TV.
Su interés por conocer el país comenzó antes de la convocatoria. El estudiante se había incorporado a las actividades del Instituto Confucio y cursaba China Uno cuando surgió la posibilidad de postular a la beca.“La universidad tiene un convenio con la Universidad de Shanghai y trajeron el Instituto Confucio y el semestre pasado comenzaron a dar un ramo electivo de China Uno. Yo hace rato andaba con el bichito de querer aprender, empecé a asistir y entre medio salió la oportunidad de la convocatoria para la beca”, relató.
Tras obtener la beca, permaneció dos semanas en el país durante el receso de invierno. Aunque el periodo fue breve, destacó la intensidad de las actividades y la posibilidad de conocer una realidad distante geográficamente de Magallanes. “No, una experiencia increíble y la verdad es que me quedé con ganas de volver”, confesó.
La estadía combinó actividades académicas con recorridos por distintos espacios de Chengdu. Durante las mañanas asistían a la universidad para participar en clases relacionadas con historia, poesía y cultura china, además de actividades como una ceremonia chile del té.
Desde su perspectiva como estudiante del área informática, esa interconexión fue uno de los elementos que más observó durante el viaje. Planteó que diversos servicios funcionan mediante sistemas integrados que permiten acceder desde un mismo dispositivo a distintas aplicaciones y prestaciones. “Todo funciona a través de como un mismo sistema en donde tú, desde tu celular, puedes acceder a muchas cosas al mismo tiempo”, señaló.
Durante su estadía también pudo observar sistemas automatizados que forman parte de la vida cotidiana. Entre las experiencias que recordó estuvo el ingreso a una tienda que funcionaba durante las 24 horas, pero que no contaba con personal permanente en su interior. Para ingresar y posteriormente salir era necesario utilizar códigos QR vinculados al sistema de la tienda.
Tradiciones y cultura
La tecnología, sin embargo, no fue el único elemento que marcó su experiencia. Diego Oyarzo destacó la importancia que observó en torno a las tradiciones y la cultura local. “Lo que admiré de cierta manera es que en el país se siente que ellos viven como su propia cultura y están muy de acuerdo con convivir eso”.
En esa línea, apuntó que le llamó la atención la forma en que las tradiciones conviven con el desarrollo tecnológico. Chengdu, según su experiencia, combinaba parques, casas de té, museos, espectáculos y espacios vinculados con su historia con un fuerte desarrollo empresarial y tecnológico.
También tuvo la posibilidad de conocer una de las áreas más reconocidas de la ciudad: la relacionada con los osos pandas. Entre las actividades realizadas durante el programa estuvo la visita a un centro dedicado a estos animales, además de otros recorridos por la ciudad. La experiencia también significó compartir con estudiantes provenientes de distintos países. Junto a otras dos estudiantes chilenas de Santiago, participó en las actividades con representantes de Ecuador, Alemania, Nueva Zelanda, Reino Unido y otros países de Asia, entre ellos un grupo proveniente de Kirguistán.
El componente académico tuvo especial relevancia para Diego Oyarzo debido a su formación profesional. Parte del programa estuvo centrado en inteligencia artificial, con clases impartidas por profesores de la universidad anfitriona que abordaron materias relacionadas con el uso de esta tecnología, su dimensión ética y la posibilidad de desarrollar sistemas basados en inteligencia artificial.
“Dos profesores de la universidad, que llevan bastante tiempo trabajando en esta materia, nos hicieron tres clases: ética en la IA, cómo usar una IA y cómo no sólo usarla, sino que cómo levantar un sistema de inteligencia artificial”.
La experiencia también modificó su propia mirada respecto del uso de la inteligencia artificial en la formación profesional. Oyarzo indicó que comenzó a programar antes de que estas herramientas adquirieran la presencia actual y que, a partir de su experiencia, las entiende como instrumentos que pueden facilitar determinados procesos, pero que también plantean nuevos desafíos para la educación.
Otro de los aspectos que observó fue la movilidad eléctrica. Durante sus recorridos por Chengdu pudo apreciar una alta presencia de vehículos eléctricos y señaló que este elemento era visible en el funcionamiento cotidiano de la ciudad.




