Necrológicas
  • – José Catrín Mascareño
  • – Reinaldo Mansilla Cárdenas

Obras pendientes y prevención ante nuevas crecidas

Por La Prensa Austral Lunes 5 de Octubre del 2026

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La intensa lluvia que afectó a Punta Arenas durante las últimas horas volvió a poner a prueba la capacidad de respuesta de la ciudad frente a crecidas de ríos y esteros. Y si bien el balance pudo ser mucho más grave, especialmente considerando que el río de Las Minas llegó a registrar un caudal muy cercano al límite de su cauce, lo ocurrido debe ser entendido como una advertencia que obliga a acelerar decisiones y no como una señal para bajar la guardia.

La principal constatación es que las obras ejecutadas después del aluvión de 2012 cumplieron una función relevante. La primera barrera de control sedimentológico logró contener troncos, sedimentos y otros materiales que, de haber continuado aguas abajo, pudieron haber generado nuevos tapones en los puentes y provocado un desborde en el centro de la ciudad.

Pero esa misma experiencia deja al descubierto la fragilidad de un sistema todavía incompleto. De las tres barreras sedimentológicas originalmente diseñadas, sólo una está construida. Las otras dos siguen pendientes, pese a que son precisamente las que permitirían contar con respaldo cuando la primera estructura llegue a su capacidad máxima. A ello se suma el reemplazo aún no concretado del puente O’Higgins y las llamadas planicies de inundación, concebidas para facilitar la evacuación de las aguas hacia el mar en caso de un eventual desborde.

No se trata, por tanto, de comenzar nuevamente a estudiar qué hacer. Buena parte de las soluciones ya fue diseñada y lo que falta es asegurar los recursos y ejecutar las obras. Esa debiera ser una prioridad, porque esperar a una nueva emergencia para acelerar inversiones sería repetir una conducta que en materia de prevención termina resultando siempre más costosa.

Lo sucedido también reafirma la importancia de mantener planes permanentes de contingencia. La limpieza periódica de cauces, el retiro de sedimentos, la revisión de puentes, gaviones y defensas, así como el monitoreo de los sectores más expuestos, deben formar parte de una política constante y no activarse únicamente cuando llegan lluvias intensas. La limpieza realizada semanas antes en el tramo urbano del río de Las Minas fue uno de los factores que contribuyeron a reducir los riesgos durante esta emergencia.

La situación vivida en sectores como Llau Llau alto demuestra, además, que la prevención debe extenderse con mayor fuerza hacia las áreas periurbanas, donde familias vieron cómo el agua erosionó terrenos, destruyó cercos y superó obras de contención que ya presentaban debilidades.

La ciudad resistió esta vez, pero esa circunstancia no puede convertirse en una excusa para postergar lo pendiente. Al contrario, debiera ser la oportunidad para completar las obras proyectadas, reforzar las existentes y sostener una política preventiva permanente. Porque frente a fenómenos de esta magnitud, la diferencia entre una emergencia controlada y una tragedia suele depender de aquello que se hizo antes de que comenzara a llover.

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