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Volver a La Moneda

Por Diego Benavente Viernes 9 de Octubre del 2026

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Alvaro Vergara lo resumió con bastante precisión al referirse al Frente Amplio y sus huestes: “Hace varios años dejaron de ser novedad y las prácticas de política universitaria trasladadas a los ámbitos institucionales ya no dan rédito”. La frase apunta a una realidad que cuesta reconocer cuando todavía se vive de las épicas del pasado reciente: aquello que alguna vez pareció novedoso, rebelde y disruptivo, hoy corre el riesgo de convertirse simplemente en una forma más de hacer política, con sus viejos vicios y escasos resultados.

Parte de la ciudadanía ya entregó su veredicto en las últimas elecciones. No necesariamente significa que haya desaparecido ese espacio político, pero sí que existe una evidente desconfianza respecto de su proyecto y, quizás más importante todavía, una pregunta que sigue sin respuesta: ¿tienen realmente una estrategia para volver a ser alternativa de gobierno?

Después del gobierno de los estudiantes en práctica, de desempeño más que discutible, llegó el empleado del mes. Alguien tuvo que entrar a la sala después de la fiesta y tratar de poner nuevamente las cosas en orden. El problema es que, mientras unos hacen el aseo, otros ya están pensando en quién volverá a organizar la próxima fiesta.

Porque, después de un razonable periodo de vergüenza ajena, el Frente Amplio parece decidido a reflotar a sus gurús, con manual bajo el brazo, a recordar que la política no se acaba en una derrota y que la Moneda siempre puede volver a estar en el horizonte. No se trata solamente de nostalgia. También parece estar comenzando a delinearse una estrategia para construir las bases de una futura campaña del “niño símbolo”, intentando al mismo tiempo ordenar a las huestes detrás de un nuevo esfuerzo colectivo.

La tarea no es menor. El Frente Amplio enfrenta el desafío de recuperar una identidad que alguna vez pareció tener perfectamente definida. El problema es que gobernar obliga a abandonar muchas de las certezas del aula universitaria. Las consignas pueden servir para conquistar un movimiento estudiantil; bastante menos para administrar un país. Y cuando la realidad golpea, las asambleas no bastan, los discursos no reemplazan la gestión y la épica termina chocando con las cifras.

Por eso resulta interesante observar los intentos de volver a ocupar el centro del espectro. Una de las estrategias, por parte del gobierno, pareciera ser la construcción de una suerte de oposición dentro del oficialismo, mediante propuestas, leyes o reformas de tono más osado, incluso extremo, para luego moderarlas y presentarse como el actor dispuesto a alcanzar acuerdos. El mecanismo es conocido: mover el límite hacia un lado para que, cuando finalmente se retroceda, el nuevo punto de equilibrio quede más lejos que el anterior. Eureka: se corrió el cerco.

Es una estrategia legítima, pero tiene un riesgo evidente. Para que funcione, primero hay que cuidar la credibilidad. Y esa no se obtiene con una sofisticación comunicacional. Se obtiene demostrando que se aprende de los errores, que se entiende el país real y que se está dispuesto a gobernar con algo más que convicciones.

Por su parte el Frente Amplio ya no es la novedad. Tampoco puede presentarse eternamente como víctima del sistema que alguna vez prometió transformar. Ya tuvo el poder, administró el Estado y conoció de primera mano la diferencia entre protestar desde la calle y responder desde La Moneda.

Ahora comienza otra etapa. La pregunta no es si sus huestes quieren volver. Probablemente quieran. La verdadera pregunta es si Chile quiere que vuelvan.

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