Necrológicas

El Liceo Bicentenario Luis Alberto Barrera y sus cuatro Premios Nacionales de Literatura

Lunes 19 de Octubre del 2026

Compartir esta noticia
30
Visitas

Hacemos la primera de un total de cuatro reseñas sobre distintos aspectos de nuestra historia cultural, en consideración a la serie de festividades que se realizarán en los próximos días tendientes a resaltar el patrimonio regional.

Para este fin de semana, buscando una relación con el Día del Profesor, rescatamos la experiencia que tuvimos cuando fuimos a dar una charla a los estudiantes de tercero medio del Liceo Bicentenario Luis Alberto Barrera.

Es sabido que, desde hace un tiempo, el Centro de Exalumnos y la Fraternidad del Liceo, se encuentran empeñados en la construcción de un Museo que resguarde la historia y el patrimonio de este centenario establecimiento, el más antiguo de la educación fiscal en el austro.

El pasado mes de septiembre, durante la semana del 121 aniversario, fui contactado como dijimos, para brindar una pequeña conferencia sobre los cuatro Premios Nacionales de Literatura que, en distintas épocas, estudiaron en el establecimiento: Francisco Coloane, Ramón Díaz Eterovic, Roque Esteban Scarpa y José Miguel Varas. El evento se materializó en la biblioteca que hasta donde recordamos, lleva el nombre del profesor de castellano y periodista de La Prensa Austral, Julio Ramírez Fernández, si bien, no vimos la placa alusiva al recordado maestro. Para sorpresa nuestra, ningún alumno ni alumna, conocía ni siquiera de nombre a alguno de los autores distinguidos con el mayor galardón de nuestra literatura chilena y eso, que, en cada uno de los pilares del recinto, se hallan pequeñas semblanzas acerca de los mencionados escritores.

Terminamos el encuentro con una sensación agridulce. Por una parte, rescatamos la atención y el respeto dispensado por los estudiantes, pero al mismo tiempo, nos llevamos una honda preocupación, por el desconocimiento de los jóvenes sobre los reconocidos literatos que alguna vez fueron alumnos, igual que ellos, y que, en más de una ocasión, tuvieron temor por el futuro, sintieron inseguridad e incertidumbre ante lo desconocido, pero también, abrigaron sueños y esperanzas de salir de Magallanes, viajando al norte del país para estudiar en una universidad o escuela normal y ser, profesionales algún día, en tiempos en que abandonar la región para proseguir estudios universitarios no era nada fácil.

Creemos que cuando se habla de la importancia de tener una sociedad alfabetizada en el competitivo mundo tecnologizado de hoy y de realzar el patrimonio regional, debiera estimularse la lectura en los jóvenes, incorporando en las mallas curriculares y en los planes de educación, las obras principales de autores chilenos, especialmente de los regionales. Esta idea podría aplicarse perfectamente en el Liceo Bicentenario Luis Alberto Barrera por su tradición literaria, junto con el orgullo, sentido de pertenencia e inestimable satisfacción que debieran sentir los estudiantes, al saber que, entre sus aulas, egresaron cuatro futuros Premios Nacionales de Literatura.

Francisco Coloane

El galardonado de 1964 había publicado ya por ese tiempo la mayoría de las obras que lo hicieron famoso, entre éstas, las novelas, “El último grumete de la Baquedano” (1940), “Los conquistadores de la Antártica” (1945), “El camino de la ballena” (1962) y los tomos de cuentos, “Cabo de Hornos” (1941), “Golfo de Penas”, “Tierra del Fuego” (1956); además de la obra dramática, “La Tierra del Fuego se apaga” (1945) y el texto de crónicas “Viaje al Este” (1958).

Francisco Coloane (1910-2002) era natural de Quemchi, Chiloé. Al antiguo Liceo de Hombres llegó a principios de 1926 después de haber repetido el último año de las preparatorias o básica en el Colegio San José que, en esa época no disponía de secundaria, humanidades o educación media, como le conocemos ahora. El Liceo de Hombres, al igual que el de Niñas, eran los únicos y principales establecimientos que preparaban al estudiantado de Punta Arenas para ingresar a la educación superior.

Su paso por el liceo ha sido descrito en algunos libros, artículos periodísticos y revistas literarias. El propio Coloane contó varias veces cómo era el ambiente y la relación entre profesores y alumnos. De los compañeros de su generación, recordaba nada menos que a Roque Esteban Scarpa, José Grimaldi y Wilfredo Mayorga, quien, sería un famoso dramaturgo y crítico literario, fundador del teatro experimental de la Universidad de Chile. Con su amigo Esteban Jaksic Rakela, poeta y luego periodista de dilatada trayectoria en el diario El Magallanes, compartió, antes de hacer el servicio militar, las primeras jornadas de trabajo en la oficina del abogado Santiago Toro Lorca.

Por motivos familiares y económicos, Coloane no logró terminar la enseñanza media. Pese a todo, el liceo dejó gratos recuerdos y la semilla de la literatura quedó plantada en el joven escritor. Los principales responsables fueron sus profesores, entre ellos, Hugo Daudet, quien le hacía clases de dibujo. “Nos sacaba a la campiña para enseñarnos perspectivas y a mirar el paisaje. El fue un buen maestro en el sentido más profundo de la palabra. Tengo la seguridad que él me inclinó hacia la literatura”. Estaba también, Luis Alberto Barrera, quien fue su maestro en castellano y responsable que las composiciones poéticas de los alumnos participaran en los eventos literarios que se organizaban en esos años, como el de las fiestas de la primavera de 1927. “El premio recayó en mi obra, una especie de poema en prosa que titulé…’Primavera’. En él yo describía esos días magallánicos en que las horas luminosas del día se hacen más y más largas y la llegada de las aves migratorias, especialmente cisnes y cauquenes, que recrean la vida de la ciudad”. Coloane recordaba a un artista alemán de apellido Handler, quien le sacó una fotografía la que sirvió de retrato para acompañar la publicación del poema en Germinal, la revista creada por los mismos alumnos.

En su libro de memorias “Los pasos del hombre” (2000) rememora con especial dedicación a dos preceptores. Uno de ellos era el profesor de artes manuales apellidado Roa: “Fue nuestro primer maestro carpintero, el que nos hizo hacer los primeros chibaletes para los tipos de imprenta con que imprimimos nuestra revista Germinal”. Coloane no deja de alabarlo, porque le debía su independencia económica y la posibilidad de emplearse en cualquier cosa: “Siempre supe que podía vivir perfectamente sin la literatura, porque además de escritor y periodista soy un poco carpintero, mueblista, gásfiter y pintor de brocha gorda”. En sus recuerdos, aparecía casi siempre Werner Gromsch, quien trataba de enseñarle el inglés que había aprendido durante su estancia en China. “Era un buen montañista y esquiador y nos llevaba a los montes para nuestra gimnasia. Un puente en Punta Arenas lleva su nombre, en el lugar donde falleció a raíz de un accidente”.

Roque Esteban Scarpa

El caso de este autor nacido en 1914 en Punta Arenas y Premio Nacional de 1980 es muy diferente. Antes de ingresar con doce años al Liceo de Hombres, había escrito algunos poemas publicados en revistas argentinas y magallánicas.

Hasta cierto punto, Roque Esteban Scarpa es el prototipo del intelectual. Estudioso, reconcentrado, fue el editor principal de las revistas juveniles Germinal y Revelación. Coloane había dicho que él era, “escrupulosamente cuidado y medido”.

Sin proponérselo, Scarpa fue uno de los primeros literatos que esboza la idea del ‘ser magallánico’. Poeta erudito, su verdadera pasión era el ensayo. Profundo conocedor del Siglo de Oro español, fue profesor y mentor de muchos estudiantes, quienes posteriormente, fueron, además de reconocidos profesionales, artistas o escritores, egresados tanto del Saint George College de Santiago, como de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Su personalidad transmitía un aire de autosuficiencia, que tenía su origen en la inclinación natural por la lectura y el conocimiento de muchos libros y autores. Scarpa fue algo único, es imposible pretender imitarlo. Pese a su fama de intelectual, le atraía también la dramaturgia. Se le cuenta como uno de los fundadores del Teatro de Ensayo en la Universidad Católica.

Fue autor de numerosos libros de poesía, antologías, textos de estudio sobre literatura española. En 1961 la editorial Universitaria publicó su famoso ensayo de cuatrocientas cincuenta y dos páginas, “Thomas Mann. Una personalidad en una obra” que recibió el premio Atenea de la Universidad de Concepción unos años antes. Por la complejidad del trabajo, se hace necesario estudiar algunos libros clásicos del gran escritor alemán, Premio Nobel en 1929. Podría ser una excelente oportunidad para despertar en los estudiantes de tercero y cuarto medio, el deseo de la investigación literaria. ¿Qué motiva a un determinado autor o autora para escribir sobre algunos temas de cierta manera? Es la pregunta filosófica que rondaba la cabeza de Scarpa cuando se interesaba por el trabajo literario de algún escritor.

Hay una investigación que se podría hacer con el propio Scarpa. Director de la Biblioteca Nacional, lideró durante más de una década la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, DIBAM, fundando bibliotecas públicas desde Arica a Magallanes. ¿Cuántas instituciones de este tipo se crearon durante su mandato? ¿Cuántos libros de escritores chilenos y de la literatura universal pudieron ser leídos gratuitamente en provincias y en las comunas rurales más alejadas debido a la iniciativa de Scarpa?

Algo más. A propósito de los 80 años de la entrega del Premio Nobel de Literatura a Gabriela Mistral, en 2025 se publicaron numerosos libros financiados por organismos fiscales, pero se olvidaron de efectuar una reedición completa y actualizada de al menos una de las grandes obras que Scarpa dedicó a la autora de “Desolación”. Podría haberse hecho una reimpresión de los dos volúmenes de “La desterrada en su Patria”, el monumental trabajo de 765 páginas con que el académico puntarenense congratuló a Mistral y que recibiera el Premio de Ensayo de la Municipalidad de Santiago en 1978.

José Miguel Varas

Literato y periodista, recibió el Premio Nacional en 2006. Autor de más de una veintena de libros en verso y en prosa, entre los que destacan: “Cahuín” (1946), “Sucede” (1950), “Porai” (1963), “Chacón” (1968), “Lugares comunes” (1969), “Historias de risas y lágrimas” (1973), “Las pantuflas de Stalin” (1990), “Neruda y el huevo de Damocles”, (1991), “El correo de Bagdad” (1994), “La novela de Galvarino y Elena” (1995), “Exclusivo” (1996), “Cuentos de ciudad” (1997), “Nerudario” (1999), “Neruda clandestino” (2003), “Los sueños del pintor” (2005), “El seductor” (2006), “Milico” (2007), “Conducta de un gato” (2007), “La huachita” (2009), “La dama del balcón y otros cuentos” (2009), “Los tenaces” (2010), “Debo decir sucede” (2011).

Aunque nació en Santiago en 1928 y buena parte de su trayectoria literaria y periodística la realizó en la capital y en el extranjero, José Miguel Varas Morel llegó a Punta Arenas a los trece años, porque su padre, el coronel del Ejército de Chile, José Miguel Varas Calvo fue destinado a prestar servicios a Punta Arenas, en la recién creada Región Militar Austral, iniciativa del general Ramón Cañas Montalva.   

Esto es lo que nos importa a nosotros. En la mayoría de las biografías que existen acerca de Varas se omite su paso por Magallanes y de la incidencia que tuvo el profesor Julio Ramírez Fernández en su inclinación a la literatura. Fue en nuestra ciudad cuando comienza a escribir sus primeros artículos, poemas y cuentos.

Otro hito que nos parece necesario destacar y que alude a su relación con la zona austral es que, en 1958 vuelve a Punta Arenas para dirigir la Radio La Voz del Sur. Su trabajo en la radioemisora es recordado porque ciertos hechos relevantes eran publicados después en el diario capitalino El Siglo del que llegó a ser director. Así ocurrió, por ejemplo, con la gran huelga de trabajadores en Magallanes en diciembre de 1918, que significó la legalización por parte del gobierno de la época de la jornada de 8 horas diarias, hecho inédito en Chile, que Varas recreó, al cumplirse cuarenta años del acontecimiento con el testimonio del obrero sobreviviente de los hechos, José Melitón Ojeda, en tres entregas dominicales de El Siglo.

La experiencia adquirida en La Voz del Sur fue como el trampolín para pasar al periodismo radial y televisivo. Desde 1959 a 1962 estuvo en la sección de español en Radio Praga en Checoslovaquia. Desde 1967 a 1970 se desempeñó como locutor en Radio Magallanes y en Canal 9. El presidente Salvador Allende lo nombró jefe de prensa de Televisión Nacional de Chile en 1971 cargo que ocupó hasta el 11 de septiembre de 1973. En el exilio, además de escribir en la revista literaria Araucaria, por espacio de quince años trabajó en la Unión Soviética en Radio Moscú donde junto a Volodia Teitelboim y otros dirigentes produjeron el programa, “Escucha Chile”, emitido en onda corta.

La presencia de Magallanes en la obra de José Miguel Varas se puede hallar en algunos libros del autor, como “Cahuín”, y “Milico” donde recrea la vida de su padre e incluso, en su libro de memorias, “Debo decir sucede”, cuando incluye dos crónicas, una dedicada al creador de “El último grumete de la Baquedano” denominada “La isla grande de Coloane” y otra titulada, “Isla Dawson”. En esta última, recupera los nombres de muchos de los llamados jerarcas del fenecido gobierno de la Unidad Popular recluidos en aquel punto perdido del estrecho de Magallanes: José Tohá, Orlando Letelier, Sergio Bitar, Orlando Cantuarias, Luis Matte, Fernando Flores, Jorge Tapia, Edgardo Enríquez, Anselmo Sule, Luis Corvalán, Carlos Lazo, Clodomiro Almeyda, Aniceto Rodríguez, Erich Schnake, Osvaldo Puccio, Carlos Jorquera, Enrique Kirberg, Sergio Vuskovic, Alfredo Joignant, Daniel Vergara, Carlos Matus, Miguel Lawner, el arquitecto que hizo 79 dibujos de Dawson, de quien, Varas dice:

“La isla Dawson es sólo uno de los tantos capítulos de la ‘obra’ del gobierno militar. Supimos de ello durante el exilio. Pero en Chile son muchos, tal vez mayoría, los que lo ignoran. Entre ellos los que eran niños en 1973 y los que nacieron después de ese año. Los dibujos y el testimonio de Miguel Lawner son una gran contribución a la memoria histórica”.

Ramón Díaz Eterovic

¿Qué más se puede decir o escribir sobre el Premio Nacional de 2025 que no se haya dicho o escrito ya? En esta misma columna aportamos dos semblanzas que trataron de mostrar distintos aspectos del autor que dio un nuevo impulso a la literatura policial chilena.

Para empezar, Ramón Díaz Eterovic es el único de los escritores que está vivo y en plena producción creativa. Se podría concebir un taller literario dictado por él para alumnos del liceo. Otra iniciativa sería reunir en un solo volumen, su trabajo relacionado con Magallanes. Podría pensarse también, en una reedición de todos los números de su mítica revista “La gota pura”, donde publicaron sus poemas, muchos escritores vetados en los medios tradicionales cuando la censura hizo de las suyas en Chile entre 1973 y 1990.

Hace poco más de un año, el profesor de Puerto Natales, Miguel Eduardo Bórquez hizo una reimpresión con la editorial Casa de Barro, agregando algunas composiciones nuevas, de uno de los primeros libros de Díaz Eterovic. “Pasajero de la ausencia y otros poemas”, es una obra de investigación, que incorpora una entrevista, fotografías y documentos de autor.

Pin It on Pinterest

Pin It on Pinterest