A 40 años del estreno del desaparecido concurso literario Antonio Pigafetta
La celebración del Día de la Región que se conmemora cada 21 de octubre, nos trajo recuerdos de un importante evento literario creado precisamente, para resaltar el patrimonio cultural de Magallanes, el que, sin embargo, desde hace un tiempo, se dejó de realizar.
A excepción del añejo certamen de poesía implementado para congratular a las candidatas a reinas elegidas en las Fiestas de la Primavera que se celebraron en Punta Arenas por espacio de casi cuatro décadas, desde 1920 hasta mediados de los años 50s, y del Premio Municipal José Grimaldi Acotto entregado entre 1994 y 2017, no sabemos de otra manifestación dirigida a los literatos regionales que tuviera un buen estímulo económico con proyección en el tiempo, como el concurso Antonio Pigafetta, que alcanzó, como veremos, amplia repercusión nacional. A cuarenta años de su estreno y, a veinte de su última versión, recordamos en esta semblanza algunos aspectos destacados.
Antecedentes previos
Antes que se concretaran estas iniciativas, en Punta Arenas al menos, se conocieron algunos concursos que no superaron la primera versión: el vespertino El Magallanes organizó en 1922 un primer certamen literario para aficionados, que tuvo como ganador a Luis Swart, quien, al año siguiente publicó la novela “Aves de rapiña”, considerada por Eugenio Mimica Barassi en su “Aporte a la bibliografía literaria de Magallanes” (2019), como la obra que inaugura la producción de este género entre los autores avecindados en la región.
Como escribimos en otras reseñas, las autoridades del territorio de Magallanes realizaron una amplia convocatoria para los cultores de la prosa y el verso, con motivo de conmemorarse el primer centenario de la anexión de Chiloé a la República de Chile en 1926. Esteban Jaksic Rakela triunfó en poesía, mientras que, Hugo Daudet Jofré y Manuel Andrade Leiva, conocido por su pseudónimo de Mandradel, se impusieron en cuento.
La rememoración de acontecimientos históricos fue, a menudo, la excusa para que la Intendencia y la Municipalidad celebraran por medio de un gran evento artístico o literario, algún hito de interés regional. Así ocurrió en el verano de 1938, cuando en honor a la inauguración del monumento al general Manuel Bulnes Prieto y al hecho, de que este suceso de carácter oficial iría acompañado del cambio de nombre de la ciudad de Magallanes por el de Punta Arenas, con lo que la capital regional retomaba su denominación original, el departamento de extensión cultural de la entonces Municipalidad de Magallanes, diseñó un amplio programa de actividades que incluyó un certamen para que los escritores locales resaltaran dicha festividad. El incombustible Mandradel, quien ganó varios concursos en la primera mitad del siglo XX, logró vencer en poesía; en cambio, una joven alumna del Liceo de Niñas llamada Ninette Miranda García, empezaba a ser conocida en el ambiente literario al conseguir un primer puesto con el cuento “Carmen”.
A veces, instituciones políticas o societarias auspiciaban concursos que buscaban resaltar elementos constitutivos de la zona. Es lo que perseguía la Legión Cívica, bastión del partido Regionalista, colectividad que propiciaba la autonomía de la provincia ante el centralismo santiaguino, la que organizó en los años 30 diversos eventos culturales con el nombre de “Semana Magallánica” donde el plato fuerte era casi siempre, un festival literario. En la edición de 1939 resultaron vencedores, Santiago Pérez Fanjul y el ya mencionado Mandradel.
Un momento en que, por fin, confluyeron las instituciones públicas y privadas para financiar una actividad cultural, fue el 21 de septiembre de 1943 con objeto de cumplirse el primer centenario de la Toma de Posesión del estrecho de Magallanes y sus tierras adyacentes, realización de la goleta Ancud y su tripulación. Con este apoyo institucional, el diario La Prensa Austral concibió un concurso en cuento y poesía en dos categorías: la primera destinada a todos los alumnos de humanidades o educación media; la segunda, en cambio, diseñada para aquellos autores que tuvieran al menos, una obra publicada. Entre los adultos triunfó en el género lírico, Esteban Jaksic, laureado en varias ocasiones en los certámenes de las fiestas de la primavera; en tanto, Francisco Coloane se impuso en el plano narrativo con el cuento “El témpano de Kanasaka”.
Una situación similar se vivió en 1949. La Municipalidad se aprestó a festejar el primer centenario de Punta Arenas inaugurando una serie de obras públicas y estrenando un primer concurso literario cuyas bases sirvieron para moldear futuros proyectos artísticos y culturales. En narrativa triunfó Enrique Wegmann Hansen con la novela “La noche trágica de los Copuyes”; mientras, en el género poético venció una desconocida María Asunción Requena, superando a los laureados vates Roque Esteban Scarpa y Marino Muñoz Lagos. A propósito de Requena, una odontóloga de profesión, es bueno recordar que posteriormente, se radicó en Santiago desarrollando una fecunda labor como dramaturga, logrando varios premios de mucha importancia. Este año se completaron cuarenta años de su fallecimiento acaecido en Lille, Francia, el 18 de marzo de 1986.
En 1960 al cumplirse el sesquicentenario de la constitución de la primera Junta de Gobierno el 18 de septiembre de 1810, la Municipalidad creó otro concurso literario, el que, a diferencia de ediciones anteriores, estaba dirigido hacia el ensayo y la novela histórica. En aquella versión, se premió la obra “El camino del hambre” de Osvaldo Wegmann Hansen, quien recreó la épica y desventura del célebre navegante y capitán español Pedro Sarmiento de Gamboa, en su intento de fortificar el estrecho de Magallanes fundando las ciudades “Nombre de Jesús” y “Rey don Felipe”, en 1584 con el trágico destino de sus pobladores.
Por último, en 1971 debido al aniversario número treinta del diario La Prensa Austral, el matutino produjo otro evento literario de importancia haciendo un llamado a escritores con obras publicadas e inéditos, para que participaran enviando sus creaciones a un concurso de poesía y cuento. La recepción del público fue extraordinaria y el trabajo del jurado extenuante, porque se tuvo que deliberar entre más de trescientos documentos, triunfando Desenka Vukasovic en poesía y Eugenio Mimica Barassi en cuento.
Alianza entre Sociedad
de Escritores y Umag
Entre las conclusiones adoptadas luego del Segundo Encuentro Nacional de Escritores Magallánicos celebrado en Punta Arenas a fines de octubre de 1982 estaba entre otras medidas, la elaboración de un Suplemento Literario que diera cuenta de las principales novedades en el mundo de las letras desde Arica hasta Tierra del Fuego. Del mismo modo, se decidió preparar y publicar dos antologías de escritores regionales, una de poesía y otra de cuento. Además, se establecieron las condiciones para crear una editorial con el objetivo de editar libros de autores magallánicos. Se resolvió también, formar comisiones dirigidas por el académico Ernesto Livacic Gazzano, las que se dedicarían a investigar por géneros literarios para que, al cabo de un lustro, el material reunido fuera trabajado a manera de ensayo histórico, con índice de autores, de modo de producir un texto que resumiera los principales hitos escriturales de Magallanes.
Entre los acuerdos quedó pendiente una moción presentada por Eugenio Mimica Barassi tendiente a crear un concurso literario anual con premios en dinero. Inicialmente, se pensaba hacer un certamen que estimulara la creación en prosa, pero, con el tiempo, se redactaron las bases que incluía el género poético. En verdad, Mimica retomaba la idea surgida tras el concurso de La Prensa Austral en 1971 en momentos en que la imprenta Hersaprint anunciaba su intención de publicar obras de autores regionales y el viejo Centro de Escritores en conjunto con la Corporación de Magallanes, Cormag, iniciaban conversaciones para fundar una editorial regional.
La iniciativa quedó inconclusa al desaparecer la Cormag en 1975, pero la situación cambió el 26 de octubre de 1982, cuando se fundó oficialmente la Universidad de Magallanes, Umag, la que, a poco andar, inauguraba su propia editorial con la preparación del original sobre el reportaje testimonial “Travesía sobre la cordillera Darwin”, del propio Eugenio Mimica publicado en imprenta Rasmussen, en agosto de 1983.
Lo cierto es que el autor del libro aprovechó la ocasión, para conversar con la plana mayor de la Umag sobre la posibilidad de establecer un convenio con la Sociedad de Escritores de Magallanes, SEM, institución que en diciembre de 1985 tuvo cambio de directorio. Después de cinco años de fructífera labor dejaba la presidencia el profesor y poeta Marino Muñoz Lagos. En su remplazo, luego de reñidas elecciones fue elegido el referido Eugenio Mimica Barassi, quien se abocó de lleno a la consumación del nuevo proyecto. De esta manera nació el Premio o Concurso Antonio Pigafetta preparado íntegramente por la SEM, pero con dineros aportados por la Umag.
Así como el logotipo fue obra de Mimica, el nombre fue pensado y entregado por el nuevo presidente de la SEM como suerte de homenaje y reconocimiento al primer autor en el mundo que escribió sobre Magallanes, cuyas descripciones quedaron plasmadas en el libro “Primer viaje en torno del Globo”, publicado por primera vez en Milán en 1524. Las revelaciones descritas por Pigafetta llevaron a que Gabriel García Márquez expresara, en su discurso cuando le entregaron el Premio Nobel de literatura en 1982, que el escribiente nacido en Vicenza era el verdadero inventor del ‘realismo mágico’, denominación con que los críticos solían referirse al ambiente y las temáticas de los escritores del llamado boom hispanoamericano.
Impacto de las
primeras versiones
A principios de septiembre de 1986 el presidente de la SEM anunciaba a través de El Magallanes que la primera edición del evento superaba todas las expectativas, pues se habían recibido casi medio centenar de obras desde distintos lugares de nuestra región, pero también, de Caldera, Castro, Concepción, La Serena, Santiago, Temuco, Valdivia, Valparaíso y Viña del Mar. El jurado, integrado además de Mimica por los académicos de la Umag, Lina Schalchly y Mario Castellanos, decidió premiar a Pía Barros con cincuenta mil pesos de la época y un diploma por el cuento “Navegaciones” y entregar tres menciones honrosas a Mireya Keller Huberman por “De ojos y gatos”, Juan Mihovilovich con “Por Natalia supe qué ocurría” y Jaime Hegel Echeñique con “El Pailón”.
Como sabemos, en 1987 logró el premio Reinaldo Edmundo Marchant (1957), quien, ya por esa época señalaba a los medios periodísticos que vivía como escritor a tiempo completo, dedicando algunas horas del día para ofrecer talleres y cursos de literatura. Aunque tenía publicadas algunas obras en prosa, el reconocimiento de críticos y lectores se produjo en este periodo, que coincidió con otro galardón de gran significación: el Premio Nacional Andrés Bello en 1988 por su novela “El Abuelo”.
Otro de los ganadores fue el puntarenense Juan Mihovilovich en 1989 con el relato “Los números no cuentan”. Es importante consignar la calidad de los ganadores, que incrementaba año tras año el prestigio del premio. Juan Mihovilovich había obtenido varios primeros lugares en otros concursos. En 1983 salió a luz su primera novela “La última condena”. En 1985 editó el poemario “Extraños elementos” y tres años más tarde, la biografía “Camus Obispo”. El Premio Antonio Pigafetta lo obtuvo en los instantes en que se publicaba su libro de cuentos “El ventanal de la desolación”, y preparaba la hermosa novela “Sus desnudos pies sobre la nieve” impresa en 1990.
La influencia del premio Antonio Pigafetta se extendió al ámbito regional. La Municipalidad de Punta Arenas organizó algunos concursos literarios en 1989, 1990 y 1991. En Ultima Esperanza se editó la “Antología de escritores de Puerto Natales”, selección en prosa y en verso. Se conocieron algunas obras rupturistas como la novela “Adiós al descontento” de Eugenio Mimica Barassi y los poemarios, “Para ángeles y limusinas” de Marcela Muñoz y “La Cacería” de Pavel Oyarzún.
El premio agregó la categoría en poesía a partir de 1988. En dos ediciones triunfó el magallánico Juan Magal quien, además, publicó el poemario “La lira amordazada” en 1989 y el tomo de relatos, “La perra del vecino y otros cuentos” en 1993. Ganador de varios premios literarios regionales, como el de la Federación de Estudiantes de la Umag en 1985 y 1991; el de la Municipalidad de Punta Arenas en sus versiones de 1989, 1990 y 1991 y el del Día de la Región, otorgado por la Intendencia de Magallanes en 1990. Juan Magal volvió a ganar en el Antonio Pigafetta en 2002, pero en el género cuento, con el título “Música para tres”.
La autora radicada en Cerro Sombrero, Desenka Vukasovic, ganó el premio en 1992 con el cuento “En balde cantan los triles”. La autora había sido incluida en la antología preparada en Corea del Sur “World Poetry” para celebrar los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988. Ese país la invitó a participar en 1990 en un Encuentro Mundial de Escritores.
También se impuso en el Antonio Pigafetta, el destacado autor de Puerto Natales Jorge Díaz Bustamante, quien, en las décadas del 80 y 90 realizó una significativa labor de difusión literaria, especialmente en el género cuento y de rescate patrimonial en la zona de Ultima Esperanza. Autor de los libros, “Ellos no lo saben”, “A la hora del cuento” (Antología), “Crónicas de Última Esperanza”, “De ayer y de hoy. Crónicas de Osvaldo Wegmann Hansen” y “Ultima Esperanza: El Paisaje y su habitante”, fue distinguido como ciudadano ilustre de Puerto Natales por su labor profesional y su obra literaria.
También ganaron el Antonio Pigafetta otros dos importantes escritores nacionales. Uno de ellos, José María Memet, autor de los poemarios, “Poemas crucificados”, “Bajo amenaza”, “Cualquiera de nosotros”, “Los gestos de otra vida”, “Canto de gallos al amanecer”, era uno de los autores más representativos de la generación denominada por Aristóteles España como NN, situada en el periodo de la dictadura cívico militar. Memet triunfó en 1988 con el texto “La casa de ficción y otros poemas”, alabado por la crítica especializada de la capital.
El otro autor que venció en 1995 fue Dauno Totoro Taulis. Libretista y documentalista nacido en la Unión Soviética, de vasta producción literaria en distintos géneros, era conocido por su cuento “El último vuelo de los fabulosos hermanos Wilson” que ganó el premio de la revista de libros, artes y letras de El Mercurio en 1994 y por el primer lugar en el premio latinoamericano de periodismo José Martí en La Habana, Cuba, por la serie de crónicas y reportajes sobre el movimiento zapatista en Chiapas, México. El Antonio Pigafetta le fue conferido por su cuento “El restaurador de mariposas”.
El ganador de la última versión efectuada en 2006 con 1.500 dólares, fue el profesor de castellano y filosofía, Nelson Torres con el cuento, “Soplos de fantasma vivo”. Poeta y narrador chilote, es ampliamente conocido por sus libros, “Incitación al cielo”, “Cuentos, descuentos y algunas ironías también”, “Poemas de relámpagos y magia”. Junto con el profesor de historia Dante Montiel Vera publicó en 2010 el valioso estudio “Profesores normalistas de Chiloé. Maestros legendarios de la educación”.




