La adopción y el derecho a vivir en familia
La adopción de niños, niñas y adolescentes constituye una de las decisiones humanas y sociales más profundas, al situar el interés superior del niño y su derecho a vivir en una familia amorosa y protectora por encima de cualquier otro precepto.
En el marco de noviembre, instituido desde 2014 como el Mes de la Adopción, la Región de Magallanes se enfrenta a un escenario que exige reflexión colectiva y sensibilidad social frente a las historias de infancia que esperan una respuesta definitiva.
La realidad local evidencia una brecha que preocupa a las autoridades e instituciones dedicadas a la protección de la infancia. En Magallanes existen actualmente solo tres familias declaradas idóneas para adoptar. Por su parte, la Unidad de Adopción del Servicio de Protección Especializada a Niños y Adolescentes registra dos niños declarados con resolución judicial firme como susceptibles de ser adoptados, sumados a siete enlaces concretados durante el presente año y cuatro causas en distintas etapas de tramitación.
Aunque las cifras regionales no son masivas, cada número representa la trayectoria de vida de un niño que ha debido atravesar situaciones de vulneración grave de sus derechos y períodos de estancia en residencias o con familias de acogida.
El debate en torno a la adopción suele estar empañado por mitos que desalientan a potenciales postulantes. Uno de los temores más extendidos se relaciona con la exigencia de estándares socioeconómicos elevados o procesos burocráticos infinitos. Al respecto, desde la jefatura de la unidad regional se aclara que las evaluaciones psicológicas y sociales no buscan calificar la holgura patrimonial de los adultos, sino ponderar sus capacidades afectivas, estilos de crianza, recursos emocionales y redes de apoyo para acompañar la historia particular de un niño.
De igual forma, es necesario desmitificar la existencia de una “lista de espera” correlativa o por antigüedad. El sistema no opera como un turno administrativo; la selección se realiza buscando la familia que mejor pueda responder a las necesidades específicas del menor de edad. Aunque el tiempo promedio de espera desde las primeras entrevistas ronda un año y ocho meses, la flexibilidad y apertura de los postulantes juegan un rol determinante en esos plazos.
El verdadero nudo crítico del sistema adoptivo, tanto en Magallanes como a nivel nacional, radica en las altas expectativas iniciales centradas casi exclusivamente en recién nacidos o lactantes. La mayor brecha se registra en la búsqueda de familias dispuestas a acoger a niños en edad escolar, preadolescentes, adolescentes o grupos de hermanos que requieren no separarse.
Flexibilizar la mirada y comprender que un niño de mayor edad o un grupo fraterno anhelan con la misma fuerza el cobijo de un hogar definitivo representa el verdadero acto de madurez y generosidad que la sociedad magallánica debe cultivar.
Informarse, asistir a las charlas de sensibilización y postular al proceso no es un trámite formal, sino una oportunidad para transformar vidas.




