La crisis silenciada en salud mental
La saturación que atraviesa la Unidad de Hospitalización de Cuidados Intensivos en Psiquiatría (UHCIP) del Hospital Clínico de Magallanes exige dejar de abordar la salud mental como una urgencia coyuntural y asumirla como una prioridad sanitaria de carácter estructural.
La denuncia formulada por la Federación Nacional de Profesionales Universitarios de los Servicios de Salud (Fenpruss), sumada a la confirmación de las propias autoridades del recinto asistencial, ha puesto al descubierto una realidad dramática: el servicio especializado opera a capacidad completa y la sobrecarga ha forzado la dispersión de pacientes con patologías complejas por diversos pisos del centro hospitalario.
Los datos resultan elocuentes y preocupantes. La unidad psiquiátrica del recinto cuenta con una dotación oficial de 14 camas para adultos y 8 para niños y adolescentes. Sin embargo, la ocupación del 100% se mantiene desde hace meses, y hoy alrededor de 20 pacientes adultos e infanto-juveniles se encuentran hospitalizados fuera de la unidad especializada, albergados en camas reconvertidas de servicios médico-quirúrgicos. Que la cifra de pacientes derivados a otros pisos supere la capacidad total del área de psiquiatría de adultos deja de ser un paliativo de emergencia para convertirse en la prueba fehaciente de un sistema que no da abasto.
Aunque las autoridades médicas destacan la capacitación del personal de otros pisos y la asignación de cuidadores permanentes, hospedar a personas en crisis de salud mental en salas generales tensiona al extremo la dinámica hospitalaria. La reconversión de camas puede resolver la contingencia de un cupo físico, pero no suple las condiciones de infraestructura integrada ni la contención ambiental que requieren estos tratamientos.
Detrás del colapso de infraestructura subyace una severa presión sobre el capital humano. Pese a contar con una dotación que incluye seis psiquiatras de adultos, dos infanto-juveniles, unidad de enlace y cobertura de llamadas en urgencias, el compromiso de los profesionales por sostener la atención multidisciplinaria en distintos pisos del hospital está teniendo un costo altísimo. Las propias jefaturas clínicas reconocen que los funcionarios se encuentran sobrepasados en sus capacidades al intentar multiplicar sus esfuerzos fuera del área especializada.
Sostener la atención pública sobre el desgaste de sus equipos de salud es insostenible en el tiempo. Pese a los esfuerzos del personal por dar tranquilidad a las familias y asegurar una atención de calidad, la sobrecarga continua arriesga desgastar a los profesionales y precarizar la respuesta asistencial en una región caracterizada por su aislamiento geográfico.
La subdirección médica y la jefatura de Psiquiatría han sido claras al señalar que este escenario responde a una demanda epidemiológica en aumento que “ya está instalada” a nivel nacional e internacional, por lo que han solicitado formalmente al Ministerio de Salud (Minsal) recursos permanentes para cerrar la brecha de personal especializado.
El nivel central no puede responder con visitas inspectivas o soluciones parche frente a un requerimiento vital. La salud mental en Magallanes no puede seguir funcionando al borde del colapso ni dependiendo de la improvisación logística diaria. Es deber del Estado transferir los fondos presupuestarios necesarios para ampliar de forma definitiva la dotación y la infraestructura del Hospital Clínico, garantizando que el derecho a una atención de salud mental digna, oportuna y especializada sea una realidad efectiva en el extremo austral del país.




