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Los muertos los colocamos nosotros

Por La Prensa Austral Lunes 6 de Diciembre del 2021

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Este mes de diciembre se cumplirán cien años de los hechos sangrientos, que se sucedieron para aplastar la rebelión de los peones en las estancias argentinas de Santa Cruz y el Chubut en noviembre y diciembre de 1921. La investigación histórica, aún no logra precisar la cantidad de muertos en su mayoría por fusilamientos masivos. Pero los registros oficiales de los partes militares argentinos estiman en más de mil los civiles ejecutados, todos ellos huelguistas, inmiscuidos en una huelga, para pedir mejoras en su condición de trabajadores de las estancias argentinas de la Patagonia.

Para ser ilustrativos digamos que por aquellos años (1921), se habían consolidado tanto en los territorios de la Patagonia chilena como argentina, grandes empresas propietarias de la tierra. Los límites entre ambos países estaban al arbitrio de los intereses económicos de las compañías ganaderas. 

En Chile la Sociedad Explotadora Tierra del Fuego, gracias a concesiones de tierras otorgadas desde el poder central, contaba con un millón cuatrocientas mil hectáreas en el Chile continental. Sumadas al millón de hectáreas entregadas en Tierra del Fuego a José Nogueira, esposo de Sara Braun, socios de la transnacional inglesa Duncan Fox.

Por esos años, el auge de los frigoríficos chilenos, en especial los dos de Puerto Natales, se justificaba por el faenamiento de los animales provenientes de las estancias de Santa Cruz y Chubut. Exportada la carne ovina desde Chile, la evasión en pago de impuestos, era considerable para la vecina nación.  

Economía de guerra

Luego de terminada la Primera Guerra Mundial y las instancias de una depresión económica generalizada, hacían insostenibles las contabilidades de las grandes empresas, otrora importantes exportadoras de carnes y lanas a Europa. La contradicción entre capital y trabajo se tensaron. De ahí los sucesos de Bories y Puerto Natales (23 de enero de 1919), el incendio de la Central Obrera de Punta Arenas (julio de 1920) y el aplastamiento de la revuelta en la Patagonia argentina (noviembre y diciembre 1921).

El movimiento reivindicativo que se inicia el 5 de noviembre de 1921 en las estancias de Santa Cruz y Chubut, por mejores condiciones de salarios, tendrá como respuesta una durísima oposición del gobierno y las compañías de la tierra, que lo consideran impresentable y extemporáneo, teniendo en cuenta las dificultades en los mercados internacionales. La reacción de la Federación Obrera de Río Gallegos será paralizar todas estancias con tomas de instalaciones y rehenes entre los administradores y personal de confianza de los estancieros.

El Décimo de Caballería

Los militares de Chile y Argentina afianzan sus relaciones prestándose colaboración en el control de movimientos de sublevados. De esto da cuenta el diario La Unión de Punta Arenas en su edición del 12 de noviembre de 1921; el titular de ese día destaca “Los Sucesos de Santa Cruz. Se cierra la frontera chileno-argentina. Medidas militares de precaución”. Luego la crónica se refiere a que las tropas desembarcadas en el territorio de Santa Cruz toman medidas precautorias de urgencia contra la subversión, entre ellas está cerrar la frontera con Chile “en forma que a ningún civil se le permitirá ni entrar ni salir del país”. 

El mismo La Unión, proclive a los sectores ganaderos, por aquellos días demuestra tener muy buena información sobre las tropas argentinas, del Décimo de Caballería, que traídas de Buenos Aires – desembarcan en Punta Loyola- subrepticiamente sin ser conocido su arribo por la población cercana de Río Gallegos. El objetivo inmediato de las tropas, dirigidas por el teniente coronel Héctor Varela y su ayudante capitán Viñas Ibarra, es terminar con la ocupación de las estancias cercanas al límite con Chile: Buitreras, Rincón de los Morros, Fuentes del Coyle, Glencross, Punta Alta y Rospentek.

La dispersión de los peones, ante el poder de fuego del Ejército argentino, fue completa. Los militares llegados vienen a dar una lucha fuerte contra los sublevados; están convencidos que entre los huelguistas hay militares y carabineros infiltrados. Están convencidos que Chile aprovechará estas revueltas para recuperar territorios. 

Un oficial persiguiendo huelguistas ha llegado a la frontera “poniéndose al habla con los carabineros y el Batallón Magallanes, pidiéndoles a estos puedan resguardar las fronteras con el fin de impedir que los sublevados pasen a territorio chileno, pues piensan que conseguirán capturarlos” (La Unión. P. Arenas 15.11.21). 

En Fuentes del Coyle, sector argentino, el Ejército de Varela dispara contra doscientos peones allí reunidos, sin siquiera parlamentar, ahí caen los primeros muertos y son muchos los heridos. El diario El Magallanes de fecha 17 de noviembre informa, “después de verificado este encuentro, los huelguistas huyeron en dirección a Río Tranquilo en territorio chileno, situado a pocas leguas de Puerto Bories”. En la lógica de estar recibiendo una invasión de subversivos, el mando militar chileno integrado por el teniente (E) Villablanca, el capitán Robles, de Carabineros, y el mayor Valencia del Batallón Magallanes, deciden reforzar el lugar por donde llegarían los fugitivos. No hay constancia de detenciones en el sector. 

El telegrama abre fronteras

El teniente coronel Héctor Benigno Varela, al observar que la colaboración de los uniformados chilenos prometía ser buena, se da el gusto de solicitar a la Gobernación del Territorio de Magallanes la posibilidad de poder ingresar a territorio en su tarea de aniquilamiento. Le interesa de sobremanera eludir la zona boscosa entre Rospentek y Cancha Carrera y avanzar rápidamente hacia el Lago Argentino (Calafate) por territorio nuestro. En dicho sector, específicamente Estancia Anita, le han informado, hay una gran concentración de peones en ocupación, dirigidos por Antonio Soto Canalejo, junto a “Otto”, un alemán anarquista, y al chileno Pablo Schulz (un joven puntarenense).

El diario El Magallanes, que cada vez va tomando mayor protagonismo respecto de los sucesos en la frontera, ironiza respecto a las pretensiones del oficial argentino. Asegura, que el trámite legal deberá ir al Parlamento, por lo tanto, “el permiso va a llegar cuando los huelguistas estén en Buenos Aires o habrán sido muertos por sus seguidores”(El Magallanes, 15.11.1921). 

Al reconstruir los hechos nos hemos encontrado en los archivos del Ministerio del Interior de Chile, con un telegrama, fechado el 16 de noviembre de 1921, donde el ministro Tocornal le dice al Gobernador de Magallanes que, “Puede usted permitir el paso por el territorio chileno de la tropa del Ejército Argentino que ha solicitado a usted el teniente coronel Varela, jefe fuerza argentina en el territorio de Santa Cruz”.

El mayor de los genocidios

El astuto reportero de El Magallanes, a cargo de las noticias candentes de la frontera, entrega una nota magistral, que llevaba por título “Conversando con un viajero”. El informante, un ciudadano natalino, le dice “saber de que algunos obreros, tal vez unos seis, que habían logrado atravesar la frontera, fueron detenidos por los carabineros y entregados a la Policía argentina, agregando que estima que estos fueron llevados a Gallegos, desde donde eran reclamados por las autoridades argentinas” (El Magallanes, 6.12.1921)

El rumor se transformaba en un hecho comprobable. El sentir público, bastante reacio a preocuparse de la situación en las estancias argentinas cercanas, no les gustó para nada la colaboración de los uniformados chilenos, pues quienes venían huyendo eran compatriotas que hasta entonces se empleaban en el país vecino por la falta de oportunidades en Chile. Fue tal impacto de la acción denunciada, que el gobernador interino y comandante general de Armas de Magallanes, dice desconocer lo denunciado, pero es categórico en afirmar que cuando envió tropas hacia la frontera sus hombres llevaban una orden escrita donde se especificaba “que procediendo conforme a las leyes y disposiciones pertinentes, dejarán el paso libre a todos los chilenos, en cualquier situación que ellos vinieran”.

En este mes de diciembre, hace un siglo, compatriotas nuestros, peones chilenos provenientes en su mayoría de Chiloé, cavaron sus propias fosas en territorio extranjero y esperaron pacientemente al pelotón de fusileros. Los testimonios están bajo tierra en Fuentes del Coyle, Punta Alta, Estancia Anita, Bellavista y Cañadón de los Muertos en territorio argentino.