Necrológicas
  • Jorge Babarovic Novakovic
  • Mauricio Davison Miranda
  • Sara Muñoz Rivera vda. de Crisóstomo
  • Raúl Enérico Gómez Delgado
  • Etelvina García Aguilar
  • José Pillampel Pillampel
  • Vicenta García del Valle

La cañonera Magallanes, buque de estación en el Estrecho

Por La Prensa Austral Martes 7 de Junio del 2022
Noticias relacionadas

Compartir esta noticia
209
Visitas

Víctor Hernández
Sociedad de
Escritores
de Magallanes

  • “Concluida la contienda con Perú y Bolivia, los buques chilenos fueron sometidos a urgentes reparaciones. La Magallanes que durante la guerra fue una especie de barco multipropósito, tardó varios años en volver a actividades. En 1886, al mando del capitán de corbeta Arturo Wilson Navarrete, la Magallanes volvió a realizar trabajos hidrográficos en la zona sur austral”.

Parte III y final

La captura del monitor Huáscar por parte de los blindados chilenos Cochrane y Blanco Encalada, en el combate de Angamos, el 8 de octubre de 1879, supuso el inicio de las hostilidades terrestres en la llamada Guerra del Pacífico. En este nuevo escenario, la cañonera Magallanes, luego del cambio de sus calderas en Valparaíso, fue reincorporada a la Escuadra chilena al mando del comandante Carlos Condell de la Haza.

Junto a la goleta Covadonga escoltaron al convoy que participó en el asalto y toma de Pisagua, el 2 de noviembre de 1879. El Huáscar (ahora con bandera chilena) y la Magallanes fueron protagonistas del cañoneo al puerto de Arica el 27 de febrero de 1880, que tuvo un trágico desenlace: una batería de 500 libras del monitor fluvial peruano Manco Cápac penetró de lleno en la toldilla del Huáscar, donde el comandante Manuel Thomson se hallaba dando instrucciones a sus hombres, matándolo instantáneamente.

El capitán Condell envió a la Magallanes al puerto de Ilo en Perú, para informar al contraalmirante Galvarino Riveros del grave percance ocurrido. Meses más tarde, el 7 de junio de 1880, la cañonera retornó a Arica bombardeando las instalaciones del puerto, mientras el Ejército chileno capturaba el morro de la ciudad.

La Magallanes trasladó dotaciones completas del Ejército chileno que iniciaron desde Curayaco, el desembarco para atacar las defensas de la capital, Lima. A mediados de enero de 1881, la Escuadra chilena reunida en su totalidad en la rada de El Callao, observó con incredulidad, la autodestrucción masiva con explosivos, que causó el hundimiento de los últimos barcos de la flota naval del Perú. En la página 941 de “La Armada de Chile, desde la alborada al sesquicentenario (1813-1968)”, el autor, Rodrigo Fuenzalida relata aquel momento histórico:

“La Unión evolucionó hacia la playa para vararse y luego sus tripulaciones la incendiaron antes de abandonarla. El ejemplo de la corbeta fue seguido por el Atahualpa y los transportes Rímac, Chalaco, Talismán, Limeña y Oroya y todas las lanchas cañoneras. Las llamas iluminaron la aún oscurecida bahía confundiéndose con los vivos resplandores de los incendios en tierra, configurando un espectáculo dantesco, mientras, simultáneamente, huían pegados a la costa cuanto bote o lancha había escapado a la hecatombe, dirigiéndose a Chancay o Huacho”.

Retorno al austro

Concluida la contienda con Perú y Bolivia, los buques chilenos fueron sometidos a urgentes reparaciones. La Magallanes que durante la guerra fue una especie de barco multipropósito, tardó varios años en volver a actividades. En 1885, al mando del capitán de fragata Miguel Gaona Yáñez, levantó los planos de las bahías de Arauco, Colcura y Lota.

Al año siguiente, al mando del capitán de corbeta Arturo Wilson Navarrete, la Magallanes volvió a realizar trabajos hidrográficos en la zona sur austral, levantando los planos de las localidades aledañas al río Buta Palena y la costa interior de Chiloé, trabajos que permitieron reiniciar las investigaciones científicas de Ramón Serrano Montaner. En esta ocasión, el objetivo prioritario era establecer la carta náutica de las inexploradas regiones de Puerto Condell, angostura White, bahía Pascua y paso Kirke, en Ultima Esperanza, lo que materializó finalmente el comandante Wilson con la cañonera Magallanes, en el verano de 1888. El periplo consideraba, además, efectuar un reconocimiento a Tierra del Fuego, y de paso, comprobar en la praxis, la nueva situación limítrofe con Argentina luego de la firma del tratado respectivo, en julio de 1881. Al respecto, la expedición concluyó, que el trazado que divide la isla se halla a la altura de bahía San Sebastián, en el océano Atlántico.

Fundación de un

pueblo que no fue

El año 1889 la Magallanes transportó al capitán Serrano Montaner en una expedición histórica al territorio austral, que comenzó con la exploración de la bahía de Gente Grande en el sector de Primera Angostura en Tierra del Fuego y que se extendió al seno de Ultima Esperanza, lo cual permitió levantar los planos de las bahías Desengaño, puerto Lastarria, e isla Orella.

Serrano elevó un informe al Presidente José Manuel Balmaceda sobre la conveniencia de conformar una población en la actual península Muñoz Gamero. El reconocimiento de la zona, que aquel oficial analizó exhaustivamente, auguraba la posibilidad de consolidar un asentamiento humano permanente de grandes proyecciones para el desarrollo de aquella región.

En la página 395 de su estudio “La colonia de Magallanes y Tierra del Fuego”, obra editada en Santiago en 1897, el abogado Robustiano Vera nos brinda el certificado de fundación:

“Vista la glosa del ítem 13 de la partida 50 del Presupuesto del Interior, Decreto:

Comisiónase al Gobernador de Magallanes para que proceda a fundar una población que se denominará Muñoz Gamero, en la península conocida con el nombre de Tierras del Río Guillermo, que en lo sucesivo llevará la designación de Península Muñoz Gamero.

La población se establecerá entre las dos ensenadas situadas al oriente de la Isla Larga, en el canal Maine, y constará de 32 manzanas en cuadro, de cien metros por lado, alrededor del terreno reservado para plaza pública. Las manzanas quedarán separadas entre sí por calles de veinte metros de ancho.

Los expresados terrenos se adjudicarán a los pobladores que los soliciten en conformidad a las prescripciones vigentes sobre la materia, debiendo reservarse cinco manzanas para edificios públicos”.

Anótese, comuníquese y publíquese.

Balmaceda              R. Barros Luco.

Lautaro Navarro Avaria, nos advierte en la página 97 del tomo segundo de su monumental obra publicada en 1907, “Censo general de población y edificación, industria, ganadería y minería del Territorio de Magallanes” que “Jamás se ha dado cumplimiento a tal decreto y entendemos que por la razón de que las tierras que rodean a dicha población, o sea la península Muñoz Gamero, no ofrecen porvenir para la ganadería”.

Navarro Avaria, junto con precisar la posición geográfica donde se iba a emplazar el poblado nos indica: “Años después Cruz Daniel Ramírez quiso explotar esa región y levantó algunas construcciones en un puerto que llamó con su apellido, Puerto Ramírez, y que después abandonó. Actualmente sólo hay ahí un pequeño depósito de carbón para las escampavías que tienen que recorrer los canales”.

La idea de realizar un poblamiento efectivo en aquella península, fue retomada a fines de la administración del Presidente Eduardo Frei Montalva, por el entonces intendente de la provincia de Magallanes, Mateo Martinic Beros, quien autorizó al gobernador Roberto Trincado para que convenciera a un grupo de cinco jóvenes provenientes de la Escuela Agropecuaria de Las Mercedes, para conformar una cooperativa e instalarse en Muñoz Gamero. Los elegidos fueron, Alfredo Contreras, Floridor Haro, Pedro Millapel, Juan Hipólito Barrientos y Manuel Alarcón. Lamentablemente, el proyecto quedó inconcluso, al surgir varios imponderables.

Martinic hizo un recuerdo del hecho, redactando una introducción y notas para un artículo denominado “El fallido intento colonizador en Muñoz Gamero”, que se publicó en la serie “Documentos inéditos para la historia de Magallanes” en el volumen 34 Nº2 de la revista “Magallania”, en noviembre de 2006, donde incorporó el testimonio de Alfredo Contreras Osorio, quien aseguró que el 24 de junio de 1970 se produjo un gran temblor, que cortó la antena receptora. “De la pared, el mar se retiró en forma extraordinaria, para volver con olas muy grandes que llegó hasta las casas que se encontraban de 6 a 7 metros sobre el nivel del mar; luego sobrevino una tormenta eléctrica espantosa que duró toda la noche”.

En su relato, Contreras señaló que las réplicas sísmicas se mantuvieron casi todo ese año. En el lugar hay una gran cantidad de rocas volcánicas y piedra pómez, pero lo peor, -según el testimonio de Contreras-, es la inexistencia de pasto alimenticio y tierra formada. “El 90% es turba, musgo y helechos. La turba mide 2,5 mts. de profundidad con un subsuelo arenoso, lo que hizo imposible que puedan vivir los caballos que se llevaron, fueron cinco y murieron al mes de estar en la península”.

Fundación de

Puerto Toro

Terminada la guerra civil de 1891 y apenas asumido en su calidad de gobernador del territorio, el capitán de navío Manuel Señoret Astaburuaga emprendió a bordo de la cañonera Magallanes un viaje de inspección al sur de Tierra del Fuego. Llamaba la atención en la autoridad, el interés que despertaba en diversos puertos del Atlántico, la explotación aurífera concentrada en isla Lennox, un movimiento industrial que se desconocía en los puertos chilenos.

En su “Memoria sobre la fundación de Puerto Toro” documento publicado en el Diario Oficial el 26 de noviembre de 1892, Señoret reconoció que dos ideas le motivaron para realizar dicha inspección; reglamentar la industria del oro y encauzarla hacia el Pacífico y aprovechar el movimiento generado por los lavaderos para fundar colonias al sur del canal Beagle.

“Embarcados en la Magallanes los elementos más indispensables para la construcción de una casa, algunos corderos y medicinas, zarpó esta cañonera a la 1 a.m. del 1 de noviembre, gobernando en demanda del canal Magdalena que se abre en la Tierra del Fuego casi frente al cabo Froward. Iban a bordo, además del que suscribe, el capitán Ramiro Silva, subdelegado interino de las islas australes; don Eustaquio Provoste F., encargado de dirigir los trabajos de la nueva colonia, roce de bosques, construcción de las casas, corrales, etc., un sargento, un cabo y ocho soldados de policía”.

Señoret describe minuciosamente en su relato, los paisajes que circundan al canal Beagle. Después de recorrer Ushuaia, puerto Hamberton, en sector argentino; y el grupo de las islas de Navarino, fundamenta el por qué, del lugar escogido para fundar el poblado:

“En circunstancias ordinarias, atendiendo sólo a los elementos naturales del suelo, y a la excelencia de los puertos, hubiera escogido una en la costa septentrional de la isla, dentro del canal Beagle, pues se encuentran en esa parte los mejores bosques y se abre allí un valle por el cual podría quizás penetrarse al interior de la isla. Pero la colonia estaba llamada principalmente a servir de centro al comercio y movimiento originado por la industria del oro, y ésta se desarrolla especialmente en el sur de la Isla Navarino, y en las de Lennox y Nueva; debía, por lo tanto, ubicarse de tal modo que, llenado este fin, poseyera al mismo tiempo los recursos naturales necesarios a su desarrollo y prosperidad futura. En la costa meridional no existen puertos favorables y los que se encuentran al occidente no tienen comunicación fácil con el resto de la isla, que es ahí muy montañosa. A oriente, sólo hay uno que, aunque pequeño, es muy abrigado: Puerto Toro al norte de cabo Rees de la carta inglesa en 55°05´32” de latitud y 67°06´10” de longitud, según las observaciones de la Magallanes. Este fue el escogido para la nueva población”.

El gobernador, luego de enumerar las virtudes de Puerto Toro y de alabar su excelente ubicación estratégica, que le permite disponer de una conexión marítima con distintos puntos del territorio, se refiere a la erección del poblado: 

“El 3 de noviembre se desembarcaron todos los elementos conducidos por la cañonera Magallanes. El día 4 la policía quedaba en tierra instalada en carpas. En los días subsiguientes se dio comienzo al roce del bosque, el que marchaba rápidamente gracias a la tripulación de la Magallanes. Tan pronto como se hubo despejado una porción de terreno, se empezó la construcción de la casa para la maestranza del buque y para los individuos especiales llevados desde Punta Arenas”.

En su bitácora, Señoret revela la curiosidad que despertó en él, las declaraciones de pirquineros alegando malos tratos y el inicio de un sinnúmero de enfermedades en Lennox y detalla:

“El día 10, dejando la maestranza en tierra y los trabajos en buena vía, zarpó la Magallanes con destino a Lennox; quería informarme personalmente del estado sanitario de los mineros y del desarrollo de la industria aurífera que con tan negros colores nos había sido pintado por la tripulación del Amadeo en Punta Arenas”.

Luego de comprobar en terreno que las declaraciones entregadas por los buscadores de oro eran falsas, y que sólo buscaban distraer la atención de las autoridades, el gobernador Señoret concluyó:

“Los yacimientos auríferos son abundantes, si bien repartidos muy caprichosamente, lo que explica las opiniones contradictorias. Esa distribución conviene al sistema actual de explotación y sólo después de serias investigaciones, podría saberse si se obtendrían buenos frutos con grandes establecimientos. En todo caso, tal como se hace, es un poderoso impulso para poblar esos lugares, no ha mucho tiempo desiertos, para dar vida a otras industrias”.

El viaje del gobernador Señoret a las islas australes, incluyó además de la fundación de Puerto Toro, el levantamiento del embarcadero, con la participación de los tenientes Baldomero Pacheco y Salustio Valdés.

Más exploraciones

hidrográficas

La corbeta Magallanes continuó sirviendo en el estrecho. En 1893, al mando del capitán de fragata Arturo Wilson exploró el archipiélago de Reina Adelaida. A continuación, se ejecutaron los planos de las islas de Cuarenta días.

En el verano de 1894, la “Magallanes” colaboró con la expansión demográfica de Punta Arenas, cuando trajo desde Chiloé, a 113 personas de ambos sexos, que iniciaron la construcción del populoso Barrio Sur, en Punta Arenas. A este grupo se agregaron familias provenientes de Valdivia y Llanquihue, que se embarcaron en la cañonera, luego que el buque finalizara sucesivos trabajos de investigación en isla Lemuy, costa oriental de Chiloé y en Corral.

Al mismo tiempo, que se convertía en el principal buque de apoyo que tuvo la Armada para construir el faro Evangelistas, (1896) la tripulación de la Magallanes levantaba los planos de Paso del Indio, bajo Pascua, Memphis, Bories, Angostura Inglesa y bahía de Gente Grande, en 1898.

Al despuntar el siglo XX, la Magallanes comandada por el capitán de fragata Francisco Nef diseñó la intrincada carta del río Baker y luego, el surgidero Pinto, en la isla Guamblin. En 1902, la cañonera, ahora bajo el mando del capitán de fragata Agustín Fontaine realizó los planos del golfo de Xaultegua, puerto Bobillier y Gómez, canal Gajardo, bahía Tuesday, estuarios Guzmán y Pérez de Arce.

Entre 1903 y 1905, la Magallanes ejecutó labores hidrográficas en el seno Otway, canal Fitz Roy, archipiélago de Reina Adelaida y seno Neuman, en la península de Taitao.

Naufragio inesperado

No hay mucha claridad sobre la etapa final de esta nave. La mayoría de las publicaciones señalan que la cañonera Magallanes fue dada de baja en 1906 y vendida a la Marina Mercante, cuyo dueño, Alfonso Bórquez, efectuaba servicios de cabotaje en la zona sur. En esta condición, naufragó en el puerto de Corral en 1907, aunque en el libro “La Marina de Chile día a día. Bitácora de sus efemérides y hechos principales” de Enrique Merlet Sanhueza, (2007) se menciona que la cañonera se hundió un 7 de junio, pero del año 1906.

Recordemos, que además de la corbeta, otras dos naves han servido en distinta época llevando el nombre de la región: el queche Magallanes (1844-1848); y el transporte Magallanes (1945-1957).