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Maripani a la reelección: “He sacrificado mi vida para que esta universidad funcione”

Domingo 17 de Agosto del 2025

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  • En conversación con El Magallanes, el rector de la Universidad de Magallanes confirma que se postulará para un nuevo período, detalla los pilares de su propuesta y aborda la difícil situación financiera de la Umag bajo supervisión de la Superintendencia de Educación Superior.

 

Elia Simeone R.
[email protected]

 

 

José Maripani se sienta y comienza a hablar del mundo que cambió, los desafíos globales, las inundaciones, los incendios, la guerra en Ucrania, la irrupción de la inteligencia artificial. “La IA  está cambiando la forma en que funcionamos en el mundo. En mis clases, enseño a los estudiantes a utilizar software para subir documentos, generar podcasts o trabajar con datos en modelos matemáticos…”.

Sin ser descortés ni querer desestimar sus apreciaciones sobre los momentos complejos que enfrenta la humanidad -“Jamás imaginé los tiempos tan difíciles que nos tocaría vivir..”, comenta-, le preguntamos:

– Rector, ¿va o no va a la reelección?

– “¡Sí, de todas maneras!”.

– ¿Cuáles son los pilares en los que basará su reelección y su campaña?

– “El tema fundamental para mí es la sostenibilidad de la universidad. Esta es una institución en la que crecí y que me ha dado todo y lo único que uno espera es poder seguir dándole sustentabilidad y modernizarla. Creo que tenemos desafíos enormes”.

Maripani insiste en colocar la problemática de la Umag en un contexto global, no sólo aquejado por conflictos bélicos y desastres naturales. “Herramientas como Notebook LM, ChatGPT o Gemini permiten interpretar resultados y acelerar procesos que antes eran más lentos. El mundo cambió, y queremos seguir siendo parte de ese proceso”, acota en su calidad de rector y de académico.

Nuevamente, lo confrontamos con la realidad regional:

– Como universidad estatal, la Umag enfrenta problemas importantes, entre ellos estar bajo supervisión de la Superintendencia de Educación Superior. ¿Es supervisión o intervención?

– “Yo diría que ese es el término correcto: supervisión constante, no intervención. La Superintendencia respeta la autonomía universitaria, pero nos pide preparar un plan de trabajo, revisar avances y mantener un diálogo permanente. Por ejemplo, el primer punto que nos exigen es cómo vamos con el pago de sueldos.

“A diferencia de lo que muchos creen, el Estado no nos transfiere directamente el dinero para salarios: como organismo autónomo debemos reunir los fondos todos los meses. Por eso, la Superintendencia revisa nuestros flujos de caja y el vicerrector de Finanzas se reúne cada 20 días con un representante del organismo”.

Pero, así como Maripani habla de la problemática mundial, también esgrime que lo que está enfrentando la Umag no es un caso único ni aislado. “Varias universidades estatales presentan situaciones críticas. La Umag, la de Aysén (intervenida), la Austral, la de La Frontera, el Biobío, Playa Ancha, Atacama y Antofagasta, entre otras, enfrentan dificultades”, apunta.

Para el rector, el origen está, en parte, en la Ley 21.094 sobre universidades estatales. En su tramitación se propuso diferenciar el financiamiento de la docencia, la investigación y la vinculación con el medio. Sin embargo, al final sólo quedó asegurado el financiamiento del pregrado. “Eso obliga a que la investigación y la vinculación se financien con recursos provenientes de las carreras, generando subsidios cruzados y dejando en desventaja a las universidades pequeñas, de zonas extremas y baja densidad poblacional”, explica. 

La responsabilidad
de Maripani

Usted ha estado vinculado a la Umag por más de 20 años.

– “Como académico llevo más de 25 años. En el área administrativa comencé entre 1997 y 2002; luego estuve cinco años fuera estudiando y regresé en 2007. Desde 2008 hasta 2014 fui vicerrector de Finanzas, y posteriormente vicerrector Académico, en distintos periodos”.

– ¿Siente alguna responsabilidad, entonces, por la crisis financiera-administrativa actual?

– “Siento que he dejado mi vida para que esta universidad funcione. Desde 1997, hemos enfrentado crisis y las hemos superado. Creo que he dado los mejores años de mi vida, y mi responsabilidad va en el sentido positivo: hemos logrado sostener a la institución en momentos muy complejos”.

Sospechando quiénes le tiran dardos en tal sentido, rápidamente Maripani retruca: “Mucha de la gente que hoy pide responsabilidades ha podido realizar doctorados, asistir a congresos y formarse gracias a recursos gestionados en mi administración. Durante la pandemia no despedimos a nadie, aunque no podían trabajar presencialmente, y pagamos sueldos incluso cuando los estudiantes no pudieron matricularse hasta casi fin de año. Eso es fruto de una gestión que ha priorizado a la comunidad universitaria”.

– ¿La gratuidad vino a agravar el problema?

– “Sí, cuando apareció la gratuidad también fue un problema. Surgió alrededor de 2015 -no recuerdo la fecha exacta- y ese año prácticamente los recursos llegaron recién en diciembre. Eso fue un daño enorme y, diría yo, un punto de inflexión para el sistema chileno. Es como si a uno le dijeran: “Su sueldo está asegurado, pero lo recibirá en diciembre”. ¿Qué haría? Los bancos no prestan dinero porque no hay ingresos mensuales, así que se recurre a los famosos factoring, algo recurrente en el sistema y parte del origen de nuestra situación actual”.

Nuevo crédito por
$20 mil millones

El nuevo crédito que se está gestionando es de 20 mil millones de pesos, ¿correcto?

“Sí. Para dimensionarlo: solo en remuneraciones anuales -jornadas completas y honorarios- pagamos alrededor de 21 mil millones de pesos”.

– ¿Cuántos ingresos tiene anualmente?

– “Son deficitarios. En 2024 nuestros ingresos totales bordearon los 25 mil millones de pesos, mientras que los gastos llegaron a unos 27 mil millones”.

– ¿Cómo logran cubrir esas deudas y créditos constantes que se van renovando?

– “Hay que diferenciar el déficit operacional anual de lo que llamamos déficit estructural. Este último ocurre cuando en un mes específico del año nos quedamos sin recursos y recurrimos a la “bicicleta” financiera: cubrir ese bache hasta que en los primeros meses del siguiente año vuelven a entrar ingresos. El ciclo se repite cada septiembre u octubre, cuando volvemos a quedarnos sin fondos y debemos financiar el déficit hasta enero.

“Por eso, si el crédito de 20 mil millones se destinara solo a saldar deudas, cubriría apenas un año. Lo que buscamos es usarlo para consolidar pasivos y financiar la reestructuración. Esto incluye procesos judiciales derivados de despidos de 2023, que aún están en curso y cuyos sueldos hemos debido financiar durante casi tres años.

“Además, el año pasado no otorgamos reajuste, así que parte de esos recursos iría a cubrirlo, dándonos capital de trabajo y tranquilidad para operar mientras ajustamos nuestra estructura y buscamos equilibrio financiero. Es una buena noticia que Hacienda haya abierto la puerta, aunque todavía no hay confirmación”.

– ¿Cuándo llegaría ese dinero?

– “Estimamos que en 2026. Este año debemos arreglárnoslas con lo que tenemos y el próximo contaríamos con ese respaldo para iniciar de lleno la reestructuración”.

Restructuración y despidos

– Se le ha pedido una restructuación. ¿Qué nivel de desvinculaciones implicaría esa reestructuración para lograr equilibrio?

– “No queremos una reducción mayor, porque ya hemos hecho esfuerzos en 2023 y 2024. Los académicos han asumido más carga y hemos logrado ahorros. Nuestra proyección es reducir aproximadamente un 10% de la carga financiera”.

– ¿Ese 10% corresponde a académicos o a todo el personal?

– “Hablamos en términos financieros generales, pero si lo llevamos a lo académico -que es el ítem más costoso-, estimamos unas 25 personas sobre un total cercano a 250 académicos. Es un número fluctuante, que podría ser menor según avancemos en ahorros y eficiencia”.

Dirección de Género
repotenciada

Estas restructuraciones también han pasado por fusión de direcciones o readecuaciones internas.

– “Hemos cambiado la estructura. No implica un gran ahorro inmediato, pero sí define cómo debe organizarse la universidad para trabajar en ciertas áreas. Eliminamos algunas direcciones, lo que significó que varias personas dejaran de ejercer como directores. Además, estamos redefiniendo la estructura administrativa en paralelo con la académica”.

– Uno de los cuestionamientos públicos ha sido sobre la Dirección de Género. ¿Cuál es la situación actual?

– “Lo que ocurrió es que había unidades integradas en una sola, y se nos planteó que no podían estar todas bajo la misma estructura. Por eso las separamos. No han desaparecido; al contrario, son unidades muy importantes, establecidas por ley, y creemos que hay que defenderlas. De hecho, la Dirección de Género se potenció pasando a ser también de Derechos Humanos”.

 

 

Nuevos consejos y la exclusión de Judikis

– Fue la primera reunión del nuevo consejo triestamental universitario. ¿Qué significa para la vida universitaria?

– “La Ley 21.094 de Universidades Estatales establece dos cuerpos colegiados. Antes existía el Consejo Académico, con decanos, asociaciones y estudiantes con derecho a voz pero sin voto. La nueva ley lo reemplazó por el Consejo Universitario, que es triestamental: incluye decanos, representantes académicos elegidos por cada facultad, dos funcionarios de apoyo a la actividad académica y dos estudiantes, todos con derecho a voto.

“El Consejo Universitario se organizó en diciembre pasado. Lo que faltaba constituir era la antigua Junta Directiva, que ahora se llama Consejo Superior, con una estructura similar: nueve integrantes. Tres representan al Presidente de la República, uno al Gobierno Regional (que debe ser exalumno y es elegido a partir de una terna presentada por el Gore), y cuatro son de la universidad: dos académicos, un funcionario y un estudiante. El rector ahora participa con derecho a voto, aunque no en todas las materias”.

– Los representantes del Presidente ahora reciben remuneración, ¿cierto?

– “Sí, pero solo los externos. Los académicos no. Son remunerados los tres representantes del Presidente y el del Gobierno Regional”.

– Una polémica reciente fue la designación de los representantes académicos en el Consejo Superior. ¿Cómo explica que quedara fuera el académico más votado?

– “La ley y nuestro Estatuto establecen que esos cuatro miembros son elegidos por votación indirecta. La votación directa es sólo para el Consejo Universitario. Los votos determinan quiénes integran las ternas, pero es el Consejo Universitario el que elige de entre esos tres. No necesariamente gana el más votado. En el caso de los académicos, los dos más votados sí estuvieron en la terna. Este tema incluso llegó a los tribunales”.

– ¿Quiere decir que, en cierto modo, algunos académicos no tuvieron comprensión lectora respecto de la nueva legislación?

– “No diría eso, pero probablemente no todos entendían que era un proceso indirecto y que el más votado no siempre sería el elegido. Además, la composición cambió: ahora hay funcionarios y estudiantes con derecho a voto, y esos cuatro votos pueden modificar cualquier elección. Antes, en el Consejo Académico, lo que decidían los académicos predominaba. Hoy la democracia interna funciona distinto, y a veces cuesta aceptarlo”.

– ¿Qué responde a quienes piensan que usted manipuló el proceso para tener un Consejo Superior afín?

– “En el Consejo Universitario yo soy solo un voto. Antes, en el Consejo Académico, los vicerrectores y la prorectora eran invitados permanentes. Propuse algo similar, pero me dijeron que no. Si realmente hubiera manipulación, todos ellos estarían presentes y no fue así. Solo aceptaron que participaran el vicerrector de Finanzas y la vicerrectora Académica”.

 

 

Mal clima universitario

– Se ha hablado de un mal clima interno. ¿Es producto de las readecuaciones y despidos?

– “Sí, estos procesos siempre generan tensión. En 2023 y 2024 hubo no renovaciones y ajustes, y cualquier forma de dar una mala noticia genera impacto. Nuestra vicerrectora de Investigación, que es psicóloga organizacional, lo ha señalado: no hay forma indolora de comunicar un despido.

“Estamos en diálogo permanente: llevamos más de 60 reuniones con académicos y departamentos, pero a veces se dice que no hay participación porque la gente no revisa la información publicada o difundida. El superintendente nos comentó que esto pasa en muchas universidades. El desafío es seguir comunicando y documentando todo para que nadie pueda decir que no fue informado”.

– Pero, las asociaciones señalan que usted se ha negado a participar en asambleas abiertas. 

– “Es interesante. Cuando me invitaron, les dije que primero haríamos un recorrido por todas las facultades. Asistí a casi todas -salvo las dos primeras- y en el resto fui el primer expositor y participé activamente. Mi idea de participación es que estén representados todos los sectores, no sólo quienes integran una asociación. En esas reuniones llegamos a más de 500 personas en los primeros días, lo que demuestra que la comunidad completa estuvo involucrada”.

– ¿Quiere decir que las asociaciones no representan realmente a la comunidad universitaria?

– “No, no lo diría así. Respeto su rol, aunque en las fotos se ve menos gente que la que participa en los ampliados por facultades. Nunca he sido parte de asociaciones, pero creo que cumplen un papel importante y mantienen diálogo permanente con las autoridades universitarias”.

– Entonces, ¿cómo explica estas quejas públicas? ¿Responden a un trasfondo político?

– “No creo que haya un fin político. Lo que sí observo es un fenómeno de negación frente a la crisis. He conversado con colegas de otras universidades estatales y la situación es similar: docentes que no reconocen la magnitud del problema financiero. La verdad es que, si no aseguramos recursos, no podemos pagar sueldos. Y cuando eso ocurre, hay que firmar créditos y sostener la operación como sea. La resistencia a reconocer esta realidad se traduce en cuestionamientos constantes al proceso”.

– Sin embargo, hasta ahora no ha habido paros ni tomas. ¿Eso lo considera un punto a favor?

– “Absolutamente. No hemos tenido paros ni movilizaciones de académicos. Eso es clave para dar estabilidad a nuestros estudiantes”.

– Pero las asociaciones han advertido que, si usted no acepta asistir a una asamblea ampliada, podrían movilizarse.

– “Esa es una decisión de ellos. Nosotros hemos expuesto en todos los espacios, abiertos a toda la comunidad. Creemos que la democracia universitaria debe incluir a todos, tanto quienes apoyan como quienes discrepan. Por eso preferimos reunirnos por facultades: cada unidad tiene realidades muy distintas y allí se pueden discutir directamente las inquietudes”.

Maripani plantea que en el proceso de sostenibilidad se ha trabajado de manera triestamental y sistemática. “Llevamos más de 60 reuniones desde diciembre y hemos publicado toda la información en la web institucional. La Superintendencia ha valorado nuestro esfuerzo y seguirá acompañándonos. Reestructurar no significa señalar quién es “bueno” o “malo”, sino ajustar la planta y seleccionar a quienes puedan permanecer según criterios definidos por el Consejo Universitario y validados por el Consejo Superior. Es un proceso doloroso, pero necesario para asegurar el futuro de la universidad”, apunta.

– ¿Cuál es la principal demanda o inquietud que ha recogido en esos encuentros por facultad?

– “El gran anhelo es que no haya más despidos. Lo entiendo, pero la pregunta es cómo financiamos los sueldos si los recursos no alcanzan. Esto no depende de un capricho, sino de una realidad económica. Hemos comparado la situación con lo que pasa en universidades del norte, del sur e incluso en España: los problemas financieros son globales. Lo positivo es que, pese a las dificultades, nuestros estudiantes se han mantenido responsables, sin caer en paros, y eso ha generado confianza en las familias”.

– ¿Se refleja esa confianza en la matrícula?

– “Sí, los números son históricos. Entre 2021 y 2022 bajamos de 634 a 567 estudiantes profesionales, una caída del 10%. Pero con la campaña de recuperación subimos a 749 y luego a 775. Este año llegamos a 917, un alza del 18,3%. Eso muestra que los padres ven estabilidad. El desafío ahora está en las carreras técnicas, que han bajado, en parte porque no tenemos programas diurnos. Para revertirlo, decidimos reintegrar las carreras técnicas a las facultades, lo que fortalece su desarrollo académico y vincula directamente a los estudiantes con sus decanos”.

 

El futuro del Cadi y cambios en la dirección

– Otra inquietud es el futuro del Cadi. ¿Qué ocurrirá con este centro? ¿Se cierra o se “devuelve” al gobierno regional?

– “El Cadi es estratégico. Nunca hemos evaluado devolverlo al gobierno regional, como algunos han sugerido. Al contrario, lo estamos potenciando: hoy se realizan pruebas genéticas, citometrías y análisis de cáncer que antes se enviaban al norte. Allí se desarrollan programas de magíster, se fortalece la Escuela de Medicina y proyectamos alianzas con el hospital regional en patologías complejas. Queremos ampliar su rol docente-asistencial, con atención a la comunidad bajo un modelo similar al del Centro de Rehabilitación: sin copago para usuarios de Fonasa o Isapre, pero con práctica formativa para los estudiantes. Esto es único en Chile y lo vamos a consolidar”.

– ¿Y qué pasa con la directora del Cadi? ¿Habrá cambios?

– “La directora solicitó un permiso, que fue autorizado. Está evaluando su situación, pero seguimos con el trabajo normal”.

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