Necrológicas
  • Patricio Trivigno Arco

Recursos naturales claves de Magallanes ayudan en avance de investigación sobre envejecimiento y Alzheimer

Domingo 14 de Junio del 2026

Compartir esta noticia
25
Visitas
  • Estudio desarrollado por profesionales del Cadi cuenta con apoyo del Gobierno Regional.

En este extremo austral, donde el invierno se extiende con largas horas de oscuridad y el viento marca su presencia, un grupo de científicos del Centro Asistencial Docente e Investigación (Cadi) de la Universidad de Magallanes busca responder una pregunta que preocupa cada vez más a la sociedad: ¿Cómo envejecemos y qué factores podrían ayudarnos a enfrentar enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer?

La investigación, financiada con recursos del Gobierno Regional de Magallanes, reúne a especialistas de distintas disciplinas y ya es considerada una experiencia inédita a nivel nacional por su enfoque integral. El proyecto estudia simultáneamente envejecimiento, deterioro cognitivo y alcoholismo en personas mayores, pero además explora el potencial de recursos naturales únicos de la Patagonia y la Antártica para el desarrollo de futuras terapias.

El director de la iniciativa, Dr. Cristian Núñez Espinosa, sostiene que uno de los principales objetivos es demostrar que la ciencia desarrollada en Magallanes tiene impacto directo en la calidad de vida de la comunidad.

“Estamos levantando información relevante no sólo para Magallanes, sino también para Chile y el mundo. Aquí existen recursos naturales únicos y, al mismo tiempo, una población que envejece en condiciones ambientales muy distintas al resto del país”, señala.

Y es esa singularidad geográfica la que ha comenzado a revelar resultdos sorprendentes.

El invierno y la memoria

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio apunta a que el invierno magallánico podría influir en el desempeño cognitivo de las personas mayores. Los investigadores han detectado una disminución de ciertas capacidades cognitivas durante los meses de menor luz solar, aunque todavía intentan comprender las causas exactas.

La interrogante abre múltiples caminos: ¿Es consecuencia de la prolongada oscuridad?, ¿de una menor interacción social?, ¿o existen factores biológicos más profundos asociados al envejecimiento en climas extremos?

Según Núñez, el envejecimiento no puede entenderse de manera aislada: “El deterioro cognitivo conversa con el corazón, con el sistema inmune y con otras áreas del cuerpo. No es sólo un problema de memoria; hay múltiples sistemas interactuando entre sí”, acota.

La investigación también busca comprender cómo los cambios en la vida moderna afectan a las personas mayores. Algo tan cotidiano como reemplazar una conversación presencial por mensajes de Whatsapp podría tener consecuencias en la salud emocional y cognitiva.

Los científicos creen que el desafío futuro, más allá de abordar estas enfermedades, es también prevenirlas desde etapas tempranas de la vida, sin dejar de estudiar cómo las condiciones sociales y ambientales siguen impactando a las personas mayores.

Algas, hongos y glaciares: la apuesta austral
contra el Alzheimer

Otra de las líneas del proyecto es liderada por el investigador y Premio Nacional de Ciencias Naturales 2008, Dr. Nibaldo Inestrosa, quien trabaja en el estudio de compuestos naturales con potencial neuroprotector.

Las investigaciones se centran en sustancias obtenidas desde algas de Magallanes, hongos de la zona y especies vegetales presentes cerca del glaciar Tyndall.

Explica que uno de los compuestos más avanzados es el “Gracilex”, extraído de algas como la luga y la gracilaria. También destaca la “uperzina”, obtenida de vegetales de ambientes australes extremos. Ambos han sido probados en estudios preclínicos utilizando modelos animales de Alzheimer.

Según Inestrosa, la uperzina ha mostrado efectos positivos sobre el metabolismo de la glucosa en el cerebro, un aspecto que hoy aparece como clave para comprender la enfermedad. “El cerebro pesa apenas cerca del dos por ciento del cuerpo, pero consume alrededor del veinte por ciento del azúcar que ingerimos”, precisa el científico.

“Cuando aparece el Alzheimer, existen zonas cerebrales donde ese consumo energético disminuye drásticamente”, recalca.

Los experimentos han demostrado que, administrando ciertos compuestos antes de que aparezcan los síntomas, es posible atenuar parte del deterioro asociado a la enfermedad en modelos animales. Sin embargo, el investigador advierte que el camino hacia un tratamiento definitivo aún es largo y complejo.

Ingesta de alcohol

El investigador en biología celular Dr. Waldo Cerpa, a cargo de la línea del proyecto regional sobre ingesta de alcohol y trauma cerebral, dice que la investigación busca estudiar cómo compuestos de origen magallánico -particularmente derivados de la upersina- podrían ayudar a prevenir la dependencia al alcohol y reducir el daño neurológico asociado al consumo excesivo y al trauma cerebral.

“Esperamos que parte de estos compuestos puedan prevenir esta dependencia y, extrapolándolo a la población humana, prevenir conductas de repetición de ingesta de alcohol”, señala.

Asimismo, indica que otra de las líneas del estudio apunta a contrarrestar el daño en el sistema nervioso central. “Tanto el trauma cerebral como la ingesta de alcohol generan daño oxidativo y procesos inflamatorios. La idea es poder prevenir ese daño y que eso implique mejoras principalmente a nivel cognitivo y en la salud general del cerebro”, afirma.

Serpa advierte además que, aunque el consumo general de alcohol ha disminuido, persiste una preocupación por los altos niveles de embriaguez en jóvenes y las conductas de riesgo asociadas. “No solo hay un problema del daño a largo plazo, sino también accidentes de tránsito, caídas y otras situaciones vinculadas al consumo excesivo”, añade.

Además, destaca el trabajo de vinculación que desarrollan junto a SENDA Magallanes para fortalecer la prevención y la concientización en colegios y grupos de riesgo.

Ciencia desde Magallanes hacia el mundo

Aunque la investigación se encuentra todavía en una etapa preclínica, el equipo ya proyecta sus próximos desafíos: mantener el financiamiento, ampliar las redes internacionales y eventualmente interesar a laboratorios farmacéuticos que puedan desarrollar futuras aplicaciones terapéuticas.

El proyecto moviliza una inversión cercana a los 1.600 millones de pesos y reúne especialistas nacionales e internacionales, fortaleciendo el posicionamiento científico de Magallanes.

Para los investigadores, uno de los mayores logros es demostrar que desde el extremo sur del planeta se puede generar ciencia de excelencia.

“Estamos construyendo un proyecto único. Muchas veces se piensa que aquí sólo hay frío y aislamiento, pero también existen recursos naturales extraordinarios y capital humano capaz de desarrollar investigación de nivel mundial”, afirma Núñez.

La mirada incluso se extiende hacia la Antártica, donde podrían existir nuevas especies y compuestos aún desconocidos con aplicaciones biomédicas futuras.

Mientras el mundo enfrenta un acelerado envejecimiento de la población y el aumento de enfermedades neurodegenerativas, en Punta Arenas la ciencia avanza silenciosamente entre laboratorios, algas australes y largas noches de invierno.

Aunque todavía no existe una cura para el alzheimer, las y los investigadores del CADI creen que cada hallazgo representa un paso más para comprender mejor cómo envejecemos y cómo podría mejorar la calidad de vida de las futuras generaciones.

Fuente:
Comunicaciones UMAG

Pin It on Pinterest

Pin It on Pinterest