Necrológicas

¿Se tensiona el cono sur?

Por La Prensa Austral Miércoles 16 de Septiembre del 2026

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El extremo austral comienza a adquirir un lenguaje que hace pocos años parecía superado. Bases militares, cazas de combate, soberanía, despliegue estratégico, Malvinas/Falkland, Antártica y control de espacios marítimos vuelven a ocupar un lugar creciente en el discurso de las autoridades argentinas.

Todo esto nos retrotrae a los tiempos de las dictaduras militares en el vecino país.

En pocos meses se ha producido una acumulación de señales, que comienzan no sólo a ser inquietantes, sino que están tensionando el cono sur.

El gobierno de Javier Milei reactivó el proyecto de la Base Naval Integrada en Ushuaia y anunció su priorización presupuestaria. La Instalación, emplazada frente al canal Beagle y a la altura de Puerto Williams, es presentada por las autoridades argentinas como un punto estratégico para proyectarse hacia el Atlántico Sur y la Antártica.

Esto se cruza con la declaración expresa de disputar a Punta Arenas parte de los servicios logísticos que actualmente presta a las campañas antárticas internacionales.

Ahora se agrega un componente militar. La vocería presidencial argentina confirmó que la futura infraestructura podrá brindar apoyo a los F-16 adquiridos a Dinamarca. Aunque su operación desde Ushuaia todavía aparece como una posibilidad y se ha mencionado también la pista de Río Gallegos, la sola incorporación de esta capacidad aérea al proyecto modifica la naturaleza del debate. Ya no se habla solamente de infraestructura portuaria, logística o apoyo antártico. Aparece explícitamente la dimensión de combate aéreo.

Todo esto ocurre, además, en paralelo con un renovado endurecimiento de la posición argentina sobre las Malvinas/Falkland. Al estilo Trump, Milei ha anunciado sanciones contra empresas vinculadas con la explotación de recursos naturales en las islas y nuevas medidas para reforzar el reclamo de soberanía. Su gobierno también ha asociado esta política con el fortalecimiento de su capacidad de defensa en Tierra del Fuego.

Para Chile, el problema no está en que Argentina reafirme una reivindicación histórica frente a Reino Unido. El asunto adquiere otra dimensión cuando esa agenda comienza a entrelazarse geográficamente con Tierra del Fuego, el canal Beagle, el estrecho de Magallanes y la proyección antártica.

Tras el advenimiento de la democracia en ambos países, Chile y Argentina han construido una relación bilateral dejando atrás la lógica de la confrontación territorial. En el extremo austral, esa cooperación ha tenido una expresión concreta: navegación, ejercicios militares conjuntos, rescate, actividad científica, turismo, intercambio económico y, de manera muy significativa, apoyo antártico.

Bajo tal escenario, no puede sino preocupar tanto el discurso como las acciones concretas que está emprendiendo el gobierno de Milei. El extremo austral no necesita un nuevo escenario de confrontación y tensiones.

Quizás, por la distancia geográfica, creíamos que la zona austral iba a estar muy alejada de los conflictos que hoy se registran en otras latitudes. Pero, estar al fin del mundo no nos protege de las consecuencias de las decisiones de los gobernantes. Una vez instalado el lenguaje de la confrontación, resulta mucho más difícil volver a reemplazarlo por el de la cooperación.

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