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  • – Juana Delfina Trujillo Ojeda

Tenía promedio 6,8 en la enseñanza media y fue aceptado en Oxford Brookes

Magallánico sueña con trabajar en F1, pero debe reunir $50 millones tras la suspensión de las Becas Chile

Por La Prensa Austral Domingo 26 de Julio del 2026

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  • – Felipe Canales, joven magallánico formado en la educación pública, fue admitido en uno de los principales semilleros de ingenieros del automovilismo mundial. Su meta es trabajar en la Fórmula 1, pero ahora busca apoyo para financiar el posgrado que lo acercaría a ese objetivo.

Su sueño comenzó en 2024, cuando cursaba los últimos meses de la carrera de Ingeniería Mecánica en la Universidad Federico Santa María, en Valparaíso. Hasta ese momento, la idea de Felipe Canales era desenvolverse como ingeniero en el sector de las energías renovables o en el mantenimiento de equipos.

Todas esas ideas rondaban por su cabeza mientras realizaba su tesis para titularse, hasta que vio un video en YouTube sobre un ingeniero mexicano que trabajaba en la Fórmula 1. “Si un latino pudo, quizás yo también podré”, recuerda que pensó.

Desde ese momento se le metió en la cabeza la idea de trabajar en la Fórmula 1 y, con un mar de dudas, comenzó a indagar hasta dar con el contacto de unos ingenieros españoles que hacían mentorías para insertar a personas en ese mundo. “Me comentaron algunas fórmulas para hacerlo”, señala Felipe Canales, en conversación con El Magallanes.

Ese camino ya tiene un primer gran logro: postuló y quedó aceptado en la Universidad de Oxford Brookes, uno de los centros de formación más prestigiosos para quienes buscan insertarse en el mundo de la Fórmula 1. Pero el sueño choca hoy con un obstáculo que no depende de él: este año no hay becas Chile para financiar estudios de posgrado en el extranjero, lo que lo obliga a costear casi la totalidad de su proyecto por cuenta propia.

Quiere ser el primer magallánico en hacerlo. Nacido y criado en una región donde la industria automovilística de competición ni siquiera existe como concepto, Canales sabe que estaría abriendo un camino inédito para su tierra si logra insertarse en el paddock de la categoría más exigente del automovilismo mundial.

Su historia, además, es la de un hijo del mérito: llegó a la universidad gracias a una beca, avanzó en su carrera cumpliendo exigencias académicas estrictas para no perderla, y hoy busca financiar un posgrado en el extranjero a punta de esfuerzo propio, cartas de motivación y redes que construyó él mismo, sin más capital de partida que su constancia.

La aceptación

Marzo fue un mes cargado de emociones. Recibió la noticia de que había sido aceptado de forma condicional como estudiante en la Universidad de Oxford Brookes. En mayo tras aprobar los test de inglés y pagar la matricula pasó a ser una aceptación incondicional.

Sin embargo, por los periódicos se enteró de que el gobierno de José Antonio Kast suspendió temporalmente las nuevas convocatorias para becas de magíster y posdoctorado en el extranjero durante este año. Esta medida forma parte de un ajuste fiscal y del plan de recortes presupuestarios impulsado por la administración central.

La noticia echó por tierra sus pretensiones de financiar su sueño a través de esta beca e inyectó incertidumbre sobre la concreción de sus sueños. Más difícil se tornó el panorama cuando descubrió que en el Reino Unido no existen becas específicas para lo que quiere estudiar.

Sin embargo, no bajó los brazos. Una parte de sus estudios pretende financiarla mediante un crédito y, para poder costear el viaje y la estadía en Gran Bretaña, ha decidido levantar una campaña a través de redes sociales y golpear las puertas de distintas empresas para obtener patrocinio.

Un año de estudios en Oxford Brookes cuesta 23 millones de pesos en arancel, a los que se suma un monto similar -27 millones- para vivir en Inglaterra sin mayores lujos, entre arriendo, manutención, alimentación y transporte. A eso hay que sumar el pasaje solo de ida y los trámites de visado y seguro médico, ambos obligatorios para el gobierno británico y con un costo considerable aparte. En total, el sueño de Canales cuesta 50 millones de pesos.

“Desde el principio, cuando uno ve las facturas de cuánto podría salir esto, ha habido muchos puntos en los que yo podría haber desistido”, reconoce.

Su pasión por la Fórmula 1 y los autos comenzó desde muy pequeño, cuando veía junto a su padre las carreras de los domingos por televisión. Las películas Cars y Meteoro también contribuyeron a despertar esta pasión, que en un comienzo vio como un hobby más que como una futura profesión. “Lo de la Fórmula 1, por ejemplo, ni siquiera se me había pasado por la cabeza en ese momento, cuando iba en cuarto medio”, recuerda.

Cursó toda su enseñanza media en el Liceo Juan Bautista Contardi, con un promedio que rondaba entre 6,8 y 6,9. Fue un alumno multifasetico: practicó capoeira “harto tiempo”, participó en teatro, compitió en debates en inglés y en español, animó actos escolares y hasta recitó poemas. Resume sobre esos años, que describe como una etapa extraordinaria pese al ritmo exigente: jornada escolar hasta las cuatro o seis de la tarde, talleres después y estudio en la casa.

Llegó a la universidad gracias a la beca del programa Haciendo Escuela, financiado por Falabella, que apadrina un colegio municipal en cada ciudad donde tiene tiendas —en su caso, el Contardi— y selecciona solo a tres estudiantes por año a nivel nacional entre todos los colegios apadrinados. “Ese año fuimos dos del Contardi los que ganamos esa beca”, recuerda. La beca exigía aprobar el 80% de los ramos de la carrera y no desertar; durante los seis años de estudio contó con el acompañamiento constante de la Fundación Portas, que hacía seguimiento de su desempeño académico.

Eligió Ingeniería Mecánica casi por descarte entre varias especialidades, porque era la que más se alineaba con sus dos asignaturas favoritas del colegio, matemáticas y física, y porque en ese momento su interés apuntaba a las energías renovables.

La elección de
Oxford Brookes

La concreción de su sueño comenzó al finalizar su carrera cuando empezó a preparar los exámenes de inglés, se puso a trabajar en una empresa relacionada con su profesión y a buscar experiencias en Chile que fortalecieran su currículum de cara a realizar un postgrado en automovilismo. También tomó cursos con ingenieros españoles que actualmente trabajan en el equipo Audi y realizó un curso de dinámica de vehículos impartido por el docente Felipe Vásquez, de la Universidad de Concepción, donde los estudiantes también cuentan con un equipo de carreras.

“Entonces eso le da un plus todavía más grande que uno, como mecánico o ingeniero, puede tener en otra universidad, porque ellos ya estaban viendo ese tema en específico, ya lo estaban estudiando”, explica Felipe Canales.

El empujón más reciente vino de una plataforma que dos ingenieros españoles lanzaron hace apenas un par de meses bajo el nombre De Cero a Motorsport. Uno de ellos trabaja en el equipo Haas de Fórmula 1; el otro, en la European Le Mans Series (ELMS). Juntos armaron una plataforma educativa pensada específicamente para estudiantes, con cursos escalonados: se avanza de nivel completando tareas, a un costo muy por debajo del de otros programas del rubro, que Canales describe como “carísimos” —según él, algunos equivalen a lo que cuesta el propio posgrado que ahora busca cursar.

Lo que distingue a esta red, dice, es su función de puente hacia oportunidades reales: como el mundo profesional de la competición es reducido, quienes ya pasaron por la plataforma y demostraron consistencia —entregando tareas, sosteniendo el nivel de trabajo— pueden terminar siendo recomendados cuando surge una vacante puntual, por ejemplo un ingeniero junior para un fin de semana de Fórmula 4 en España. “Pero obviamente porque ellos te conocían, porque ya te habían visto el respaldo respecto a cómo trabajabas”, aclara.

Fue también con ayuda de otro de esos cursos que armó el currículum y la carta de motivación con que postuló a Oxford Brookes.

Esta se encuentra en el denominado “Valle del Automovilismo”. A eso se suma que sus alumnos pueden competir en la Fórmula Student, el campeonato universitario británico en el que cada casa de estudios diseña y construye su propio auto de carreras desde cero. “Estos campeonatos universitarios también te dan un gran plus en las entrevistas laborales”, señala. Canales quiere participar sí o sí, entendiendo que implica una carga de trabajo extra como ingeniero dentro del equipo.

Además, buena parte de los académicos de esta casa de estudios fueron ingenieros de Fórmula 1 y que el campus cuenta con instalaciones pensadas para ese tipo de formación.

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