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Memoria

Por Ramón Lobos Vásquez Miércoles 4 de Noviembre del 2026

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Mucho se habla de que con los años vamos perdiendo la memoria y hay que potenciarla y trabajarla.

La memoria es una función de nuestra psicología que almacena hechos y vivencias que nos permiten clasificarlas y recuperarlas. No es un proceso único, intervienen múltiples factores desde la atención, el pensamiento, la inteligencia, la afectividad y muchas más variables. Es una herramienta mental que está muy relacionada con cómo procesamos la información. Tampoco es una sola unidad.

Tenemos distintos tipos de memoria: a corto, mediano y largo plazo. Que van desde lo más cercano hasta eventos más lejanos, que también son más amplios. No existe una memoria única que abarque todos los aspectos que ella implica, las más conocidas y reconocibles son: la memoria visual, relacionada con estímulos visuales. La memoria ecoica que se centra en las palabras, en las frases. Retiene información auditiva. Es más duradera que otros sentidos. La memoria olfativa relacionada a olores y sus experiencias.  ¿Las más conocidas? La de catadores de vino o perfumes. También está la memoria gustativa asociada a las sensaciones relacionadas al gusto. La memoria háptica, que es cutánea y registra las sensaciones de la piel y sus componentes y la memoria icónica, que es breve y está relacionada con la memoria visual donde captamos diversos detalles de estas experiencias.

En este contexto podemos entender que no hay una manera única de estimular la memoria en las personas mayores, que puede ser entrenada y fortalecida como un músculo en nuestro cuerpo, esto significa que debe trabajarse y cultivarse para fortalecerla. En ese sentido las pantallas o los estímulos que ellas proveen son un caudal informativo, que por su magnitud se diluye en un bombardeo de cosas, que nos llegan y así nada se retiene. Por ello, es importante ante la información que recibimos, ir tomando notas de ellas, resumiendo y guardando estas experiencias de forma que sean beneficiosas a nuestra memoria.

¿Qué hacer entonces para tener una buena  y efectiva memoria? Entregamos algunas sugerencias que significan un mejor entrenamiento de este “músculo”:

1. Cuidar el sueño en la noche. El insomnio en cualquiera de sus formas significa: dificultad para conciliarlo, sueño intermitente, despertar precoz, sueños ansiosos o no reparadores, afectan la zona cerebral de la memoria, siendo esta muy sensible al cambio del ritmo vigilia-sueño, de allí la importancia de velar por un buen y efectivo dormir.

2. Tener una alimentación saludable. Comer verduras, frutas, proteínas, omega 3; evitar el exceso de azúcares,grasas animales o alimentos ultraprocesados. El alcohol es negativo en especial los destilados de alta graduación, cerveza o vino deben beberse con moderación. Hidratarse adecuadamente, según la masa corporal.

3. Hacer ejercicio físico de manera regular. Esto mejora el flujo sanguíneo y estimula factores que ayudan en nuestro cerebro a las funciones cognitivas. El ejercicio es un fertilizante de las funciones cerebrales, para explicarlo en simple.

4. Fomentar el hábito de tomar notas de las cosas interesantes para uno. Ya que ello es de vital importancia frente a la cantidad de eventos que nos suceden diariamente y de las que no podemos llevar un adecuado registro. Escribir a mano activa además, más áreas cerebrales que hacerlo en un computador o tablet.

5. Fomentar la lectura. La lectura es a la memoria lo que el ejercicio físico al cuerpo. Es importante leer, subrayar lo más destacado de una novela o ensayo o poesía. También leer en voz alta, aprender cosas nuevas, modificar nuestras rutinas. La asociación de lectura y música clásica es muy especial. También aprender técnicas para memorizar.

6. Hoy es esencial frenar el uso de pantallas. Un verdadero reto es su uso ponderado y en la justa medida, especialmente el de teléfonos móviles. Con estos dispositivos la memoria se dispersa y afecta también los niveles de cortisol, la hormona del estrés que frena la retención y la capacidad de memorizar. Vivir en permanente tensión afecta el buen uso de la memoria.

¿Qué tienen en común todas estas actividades? Estimulan la neuroplasticidad, que es un proceso de nuestros sistema nervioso que promueve la formación de nuevas células y potencia  y genera conexiones neuronales.

Tener buena memoria es una tarea de construcción y trabajo personal que exige disciplina y constancia, mientras antes lo hagamos es mejor. Pero a toda edad es posible y factible potenciarla y desarrollarla. Es una decisión personal que debemos tomar y que nos ayuda a prepararnos mejor para las etapas más adultas.

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