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El Aburrimiento

Por Jorge Abasolo Lunes 12 de Octubre del 2020

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Hay que decirlo con todas sus letras: aún no hemos dimensionado los coletazos de esta maldita pandemia. Sus consecuencias son insospechadas.

Me acabo de enterar que a un ex vecino lo tuvieron que internar en el psiquiátrico. No aguantó la cuarentena. Se entiende, pues vive en una casa tan chica que los ratones son todos jorobados. Fue su esposa la que captó que el hombre estaba en medio de un desvarío total, pues se puso a hacer y hablar incoherencias. Partió pidiéndole a su señora que le comprara un TV especial para su pieza chica y ver todos los matinales y las sesiones de la Cámara de Diputados. Más tarde le pidió que le trajeran los expedientes para hacerse militante del Partido Comunista. También le pidió un afiche del diputado Hugo Gutiérrez y terminó su petitorio diciéndole que se quería ir a vivir a Ercilla, al lado de la sede de la CAM, para arrancar del ruido santiaguino.

Los coletazos del Covid-19 son impredecibles. Hace poco me atacó un cólico y tuve que atenderme de urgencia en el Hospital de Angol. Me acostaron en una camilla con una frazada de media plaza que cubría menos que el Plan Auge. La enfermera me dijo que no me preocupara, que el doctor vendría en seguida. Ustedes ya saben como son los “en seguida” de la salud pública.

El hecho es que a las tres horas apareció un médico flaco y con cara de haber sido recién operado de hemorroides.

Me puso una inyección y me dijo que no me levantara hasta dos horas más.

En mi aburrimiento me puse a contar los azulejos del techo de la sala donde estaba. Eran 326 azulejos, 56 de los cuales estaban un tanto quebrados.

El encierro a que nos ha obligado la cuarentena es muy tedioso.

Mi padre solía decir que una persona aburridora (o tediosa) es aquella que habla cuando queremos que nos escuche. Algo hay de cierto en ello.

El aburrimiento es un fenómeno transversal. Ataca a grandes, chicos, católicos, canutos, agnósticos, ateos, colocolinos, demócratacristianos, usureros,  peludos, pelados, judíos, palestinos vendedores de isapres y hasta cesantes.

Cuando me sobreviene un atisbo de ataque de tedio, yo suelo dormir siesta…pues siempre despierto de otro modo y con ganas. Ahora mismo, vengo despertando de una siesta tras escribir esta columna. Desperté con muchas energías y compruebo algo estimulante y encachado: tengo el resto de mi día libre.

Acompañado de mi insustituible soledad. Salto de la cama y prendo el TV, pero me frustro al comprobar que la película que pasan está llena de cortes que impiden seguir la trama de la misma. El film se llama Rocky III y está tan cortado que ni siquiera aparece Sylvester Stallone.

Opto por arrendar una película y vuelvo a casa premunido de un par de cervezas. La película es demasiado sanguinaria. No terminan de pasar los créditos y ya cuento algo así como 125 muertos. Una película –sin duda- demasiado violenta. Un poco más y debo llamar al Gope para que me desactiven el video.

En fin…son cosas de las pandemia…