Necrológicas

En torno a los animales

Por Jorge Abasolo Lunes 9 de Noviembre del 2020

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Un padre paseaba a su hijo por el zoológico, intentando traspasarle el amor hacia quienes no siendo humanos, son propietarios de afectos incondicionales y de lealtades harto más dignas que nosotros los humanos.

De pronto, el padre captó que en el sector de los elefantes, un tipo lloraba desconsoladamente al lado de un paquidermo que yacía muerto.

– Mira, hijo… ese hombre llora por la pérdida de ese elefante. ¿Te das cuenta hasta donde puede llegar el cariño de los seres humanos por los animales?

– Si, papá -fue la respuesta.

Entonces, el hombre decidió acercarse al atribulado hombre para preguntarle:

– Disculpe, señor. He visto cómo llora usted y -créame- eso lo hace a usted más hombre. ¿Quería mucho usted a este elefante?

– ¡Para nada! ¡Cómo iba yo a querer a esa porquería?

Sorprendido el padre -y de la mano de su hijo- volvió a la carga.

– Pero, entonces…¿por qué está usted llorando?

– ¡Porque a mí me toca hacer el hoyo p’a enterrarlo, pus…!

Siempre me ha llamado la atención los cuentos y relatos que se hacen en torno a los animales, que suelen hacer reír a los chicos y divertir a los padres.

Los humoristas profesionales llevan en su stock de chistes, una serie de cuentos de este tipo, para sacarlos a la luz cuando deben actuar ante familias que llevan a sus hijos a las presentaciones. Es una manera de no arriesgar con el doble sentido, relatos de sexo que –por graciosos que sean- dejan incómodos a muchos padres. Jorge Romero, el querido “Firulete” era un maestro en estas lides.

El trato hacia los animales -en Sudamérica- deja bastante que desear. Una veterinaria me decía que los turistas extranjeros se asombran ingratamente de la forma que en Chile se trata a perros y gatos, y la facilidad con que se les abandona.

En este aspecto nos queda mucho por aprender de otras latitudes. Por ejemplo, la realeza china consideraba sagrados los perros pequineses, y su robo era penado con la muerte. En en siglo XV, durante el reinado de Li Hsui, una de las últimas emperatrices de la dinastía Ming, los perros pequineses eran verdaderos miembros de la corte, custodiados por eunucos y criados por nodrizas humanas, cuyos hijos eran eliminados al nacer. Está bien querer a los perros, pero -en términos animalescos- los chinos “se fueron al chancho”.

Antes que se me olvide, permítanme esta adivinanza del mundo de la fauna.

¿Saben ustedes qué resulta de la cruza de una serpiente con un puercoespín?

Diez metros de alambre de púa.

Sigamos. Como se sabe, en la religión hindú la vaca es sagrada y se le tributan honores divinos. El Mahabharata, epopeya teológica de la India, escrito en lengua sánscrita y con más de doscientos mil versos establece: “El que matare, comiere o permitiere que se mate a una vaca, se pudrirá en el infierno tantos años cuantos son los pelos del cuerpo de la vaca sacrificada”.

¿Qué tal?

Ya que me metí en este tema de los animales, quiero finalizar la columna con un relato que le escuché a mi padre alguna vez, y que me hizo mucha gracia.

Un tipo que se encontraba en situación de cesante crónico se va a ofrecer a un circo. Ya en la oficina del empresario le relata:

– El número que le ofrezco es extraordinario. Fíjese que yo soy capaz de levantar un gorila con una sola mano.

– ¡Eso es extraordinario, pero tendría que verlo!  A ver…levante un gorila con una sola mano.

El tipo respondió un poco molesto:

– ¿Y adonde puedo conseguir un gorila que tenga una sola mano?