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Director del Instituto Antártico Chileno: “La investigación polar es crucial para comprender procesos de importancia global y para Chile”

Por Agencias Martes 10 de Noviembre del 2020

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El director nacional del Instituto Antártico Chileno (Inach), Dr. Marcelo Leppe Cartes, resaltó el rol que tiene el desarrollo científico polar para hacer frente a los grandes desafíos y procesos que amenazan la estabilidad de las comunidades.

En tal contexto, destacó los avances logrados a través del Programa Nacional de Ciencia Antártica y sostuvo que “el gobierno de la Antártica, su administración y la protección medioambiental deben estar basadas en datos científicos”.

Igualmente, afirmó que cada vez hay más consenso en la necesidad de contar con el Centro Antártico Internacional (Cai), cuya fase de diseño culminó. “El Inach ha seguido trabajando para hacer posible este anhelo”, hizo ver.

Estas afirmaciones están contenidas en el artículo titulado “Un especial Día de la Antártica Chilena”, escrito que Leppe elaboró para Ciencias y que compartimos con nuestros lectores:

“El viernes se cumplieron 80 años desde que el Presidente Pedro Aguirre Cerda fijara los límites de nuestro Territorio Chileno Antártico, tras los estudios emprendidos por un grupo de visionarios, entre los que destacaba el abogado Julio Escudero Guzmán, verdadero artífice de la delimitación de nuestro territorio polar. El Profesor Escudero junto a Enrique Cordobés se adentraron en las oscuras y desconocidas aguas de la jurisprudencia territorial internacional, mientras el mundo se convulsionaba con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

Por un capricho del destino, tres importantes efemérides australes se topan en este, ya extraño, 2020. Los 200 años del comienzo de la exploración humana de la Antártica; los 500 años de la circunnavegación del globo de Magallanes-Elcano; y, finalmente, algo con un significado más local, más íntimo, pero no menos osado: la delimitación de nuestro Territorio Antártico.

Las tres comparten, a diferentes escalas, la firmeza de propósito, lo incierto del futuro y un resultado que ha remontado el tiempo. Conviene mirar sus ejemplos en estos días en que, como humanidad, navegamos nuevamente mares inciertos, desconocidos, intimidantes y que nos hacen proclives a creer en quimeras o, en una versión moderna, fake news. Como entonces, la ciencia ofrece iluminar las sombras del desconocimiento y la ignorancia. Los científicos son, frecuentemente, seres con más preguntas que respuestas, pero la búsqueda sistemática de sus respuestas ha permitido los más grandes progresos del conocimiento. 

Hoy, 500, 200 y 80 años después, es fácil encontrar ese espíritu de descubrimiento, de aventura, de la búsqueda de entendimiento en todas y cada una de las etapas y componentes del Programa Antártico Nacional. Desde educadoras y técnicos del sistema preescolar, estudiantes y docentes participantes de la Feria Antártica Escolar (Fae), jóvenes practicantes y tesistas que se atreven a preguntarse sobre el continente blanco, científicas y científicos en formación y consagrados, logísticos y logísticas, diplomáticos, el gobierno regional de Magallanes, las Fuerzas Armadas, los operadores privados y el personal administrativo (siempre tras bambalinas y siempre necesario), todos comparten el espíritu de trascendencia, de estar haciendo algo que quizás no les será retribuido en vida. 

Un ejemplo de esta plasticidad es la reciente versión de la Fae, que logró realizarse gracias a la virtualidad, pero sobre todo gracias al compromiso de jóvenes, docentes y apoderados. Cuando todo indicaba que correspondía suspender toda actividad posible, hicimos lo que la Antártica nos ha enseñado: adaptarnos.

En el Inach, organismo técnico del Ministerio de Relaciones Exteriores y en cuyo seno fue creado hace 57 años, recae la responsabilidad de coordinar las actividades nacionales de carácter científico-tecnológico y de difusión que se ejecuten en la Antártica, para lo cual articula un Programa Nacional de Ciencia Antártica (Procien), que hoy congrega a cerca de un centenar de proyectos de investigación financiados por el Inach y por otros fondos de financiamiento, como la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo. A esto se suma el financiamiento directo o gestión de la logística antártica que corre por cuenta de Inach.

Este programa ha experimentado un impresionante crecimiento en los últimos años, lo que demuestra la efectiva vinculación que el Inach ha logrado con la comunidad científica nacional e internacional: 22 instituciones nacionales participan del Procien, abarcando prácticamente todas las regiones del país, desde Antofagasta a Magallanes (por cierto, la Umag entre éstas).

Del mismo modo, 25 países están afiliados por medio de investigadores al Procien.

Los proyectos del Procien son liderados por investigadoras e investigadores con una edad promedio de 40 años, lo que confirma el rejuvenecimiento de la comunidad científica chilena en el ámbito polar. Asimismo, derribando estereotipos de género, el Procien tiene una gran participación de mujeres líderes en sus disciplinas.

La calidad de la investigación científica antártica de Chile ha comenzado a permitir una presencia más influyente en los distintos foros del Sistema del Tratado Antártico y del reconocimiento del liderazgo regional que hemos alcanzado gracias al número de publicaciones WOS, que se remonta ya al centenar anual, como a su impacto científico que sitúa a un importante porcentaje de ellas (68%) en los dos cuartiles superiores. 

Un ejemplo de ciencia polar con una fuerte orientación estratégica está representado por el programa de creación de Areas Marinas Protegidas (AMP) en Antártica, tarea en la que han trabajado, por la Cancillería, la Dirección de Antártica y el Inach. Para la fundamentación de estas propuestas, el Inach ha conformado un equipo de alto nivel encabezado por el Dr. César Cárdenas, del Departamento Científico de este servicio. El trabajo de Chile y Argentina ha sido reconocido por su solidez y ha conseguido un amplísimo consenso científico-político en la CCRVMA, faltando el apoyo político de sólo dos naciones para concretar esta gran aspiración.

La ciencia nos ha convencido de que la Antártica y el océano circundante tienen hoy un papel fundamental en la regulación de procesos como el clima y la absorción de dióxido de carbono, por lo que la investigación polar es crucial para comprender procesos de importancia global y para Chile continental sudamericano. Además, están ocurriendo cambios rápidos en zonas de la Antártica, que podrían abrir el continente a un nuevo nivel de actividades en las próximas décadas.

El sentido de ciencia fundamental halla eco en los pasillos del Centro Antártico Internacional (Cai), que ya ha culminado su fase de diseño. Un edificio icónico, en un lugar simbólico para Punta Arenas, con infraestructura de vanguardia para la ciencia, la ciudadanía, el turismo y la logística, redundará en una declaración indeleble de la vocación antártica de Chile al mundo. Cada vez hay más consenso en la necesidad de contar con una obra como el Cai, por lo que el Inach ha seguido trabajando para hacer posible este anhelo.

El gobierno de la Antártica, su administración y la protección medioambiental deben estar basadas en datos científicos. Hace sesenta años, el Año Geofísico Internacional llamó la atención mundial acerca de la importancia de continuar la colaboración en la Antártica. Ese fue el primer paso para el acuerdo político que fue sellado con el Tratado Antártico de 1959. Hoy, gobiernos de todo el mundo trabajan juntos para mitigar el cambio climático y adaptarse a sus efectos.

Este esfuerzo, histórico para la presencia de Chile en el continente blanco, permitirá consolidar los avances en materia de ciencia polar y mantener ese liderazgo con nuevos estándares de seguridad y sustentabilidad. Por ello renovaremos las bases Escudero, Yelcho y Carvajal, en un gradiente latitudinal que nos proyectará hasta dentro del Círculo Polar. Se estima un horizonte de 10 años para lograr este desafío, que requiere un trabajo coordinado de diferentes instituciones públicas, civiles y militares, así como la incorporación de nuevas tecnologías, como el uso de fuentes de energía limpias, materiales ignífugos, la búsqueda del impacto ambiental “cero” y carbono neutralidad.

Tanto en estos proyectos de infraestructura como en proyecto del Centro Antártico Internacional, se ha contado con el apoyo y capacidades del Ministerio de Obras Públicas y del Gobierno Regional de Magallanes.

Este Día de la Antártica Chilena nos pone ad portas de las aguas turbulentas del cambio global, donde la crisis climática, la pérdida de especies, la acidificación de los océanos, el oscurecimiento del hielo (albedo), los cambios en las corrientes marinas y atmosféricas, de una manera tal, que amenazan la “estabilidad” de nuestras comunidades. Sin embargo, a diferencia de la época heroica de los siglos XIX y XX, Chile cuenta hoy con una nueva cohorte de ciudadanos y ciudadanas que buscan maneras de responder a estos desafíos a través del Programa Nacional de Ciencia Antártica.

Nuestro compromiso es luchar por orientar los esfuerzos de investigación, aportar a la Política Exterior de Chile, proveer las mejores condiciones para la ciencia de calidad, promover la comprensión de la importancia de Antártica y mantener vivo el espíritu que impulsó a los primeros a aventurarse a la oscuridad.”