Necrológicas

Circo del Sur encuentra su lugar definitivo rodeado de naturaleza

Por Cristian Saralegui Domingo 22 de Noviembre del 2020

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– “Circo en el bajo” es el nombre con el que se bautizó este nuevo espacio, en el que los integrantes de este grupo artístico podrán volver a entrenar sus acrobacias, sin depender de arriendos. La idea a largo plazo es poder desarrollar ahí sus talleres y por qué no, tener espectáculos.

La agrupación Circo del Sur ha vivido en sus cinco años de existencia lo mismo que muchas organizaciones culturales: la falta de espacios para realizar sus actividades. Todos sueñan con tener su propio lugar, sin tener que depender de pago de arriendos o de la voluntad de alguna de las autoridades. Cuando organizan un evento, tienen que cuidar cada rincón porque están en “casa ajena”. En fin, un desgaste que se suma a lo que vive el mundo de la cultura popular, que debe rebuscárselas para salir adelante.

Pero como bien dicen ellos, los sueños se cumplen, solamente hay que creer en ellos y trabajar para concretarlos. Como este año los espectáculos desaparecieron, en Circo del Sur se propusieron buscar un espacio. Así, Karin Marincovich y Jerome Obilinovic, los creadores de esta agrupación, al momento de buscar una residencia para ellos y su pequeña hija Leonor, vieron que una buena opción era adquirir un terreno.

De esta manera llegaron hasta el sector de Pampa Redonda, en la que vieron que desde la entrada había una pequeña casa y de ahí hacia abajo, una extensa ladera que terminaba en un terreno plano, a orillas del Llau Llau, completamente tapado de maleza. Como buenos artistas, afinaron la vista y se dieron cuenta que el espacio era ideal para concretar su sueño. Era cosa de ponerse a trabajar.

“Hace dos semanas tomamos la decisión de habilitar este espacio, que nace desde la necesidad de tener un espacio de entrenamiento y poder desenvolver los procesos creativos relativos al arte circense. Entonces cortamos el pasto, la maleza, tratando de eliminar todo lo que pueda significar un potencial accidente y ya paramos la estructura que nos permite tener estos elementos aéreos, tratando de darle un poquito de onda para lo que se venga”, comenzó explicando Karin Marincovich.

“Apenas vimos el terreno, altiro pensamos en el bajo como el espacio para el circo y a futuro tenemos proyección de armar aquí mismo un galpón, hacer bien el sendero para que obviamente puedan llegar más personas”, añadió.

“Necesitábamos un lugar propio”

Jerome Obilinovic recuerda, a su vez, que “fue difícil, teníamos pensado parar la estructura hace como dos semanas, pero al momento de clavar las estacas vimos que no se podía, hubo que poner cemento y aplazamos un poco las faenas hasta tener la seguridad que necesitamos para trabajar acá. Hemos trabajado un montón, pero los sueñitos están para cumplirlos de a poquito y éste es un paso. Necesitábamos un lugar propio para entrenar. Sabiendo como es el clima, esto no va a aguantar el año completo, pero sí nos da más libertad en los veranos”.

En todo caso, por las restricciones sanitarias impuestas por las autoridades saben que es difícil proyectar el uso a talleres o presentaciones. “Por ahora, el objetivo es entrenar, poder desenvolvernos físicamente, porque en realidad, en las casas tenemos limitaciones en cuanto a la acrobacia de suelo y, sobre todo, aérea. Entonces, como mejora el clima, la idea es aprovecharlo y armar el circo. Tiene hartas bondades el espacio, no pega el viento, y la idea es ir trabajando en el tiempo”, recalcó Marincovich.

En todo caso, el entorno en que está emplazado invita a soñar con una función de circo al aire libre, rodeado de árboles, sin el ruido urbano, y con mucha gente disfrutando de esta disciplina artística.

“La idea igual es generar una experiencia, que quienes puedan venir, tanto personas de circo como espectadores vivan esto, desde bajar por un sendero y llegar a un entorno totalmente verde, con flora nativa, con muchas aves. Tenemos sí que hacer una serie de acondicionamientos del lugar, aunque la idea a mediano plazo es tener el galpón, un lugar cerrado que nos permita un trabajo no estacionario, sino permanente durante todo el año”, proyectó.

Por ello no ocultan su alegría, porque saben que en este recorrido artístico, han sido bastante nómades, “hemos estado en distintos espacios, ocupando lugares que, al no ser de uno o al tener que compartir con otras personas, como el circo tiene ciertas necesidades técnicas, de altura o seguridad, de repente no es compatible con otras disciplinas. Por eso, la idea es que este espacio sea netamente de circo y podamos desenvolvernos en relación a las necesidades que tenemos como artistas”.

El grupo estable de Circo del Sur está formado por siete personas, a los que se suman tres técnicos, por lo que no hay una multitud trabajando, aunque a pesar de esta libertad natural igual toman todas las medidas de seguridad e higiene exigidas.

En todo caso, si bien no hubo eventos masivos, eso no significa que este haya sido un año perdido, ya que como advierte Jerome Obilinovic, “estuvimos trabajando online, ahora estamos cerrando algunos talleres, así que fue un año muy trabajado en temas digitales, mucha planificación, todo lo engorroso. Pero los kilos se notan cuando uno no entrena. Por suerte ahora tenemos parte del sueño hecho y podemos ‘colgarnos’ y ensayar”.

Un espacio para entrenar

Aún no llega el verano, por lo que hay tiempo para perfeccionar el espacio, instalar energía eléctrica y así irán planificando alguna actividad, porque hasta ahora, no proyectan una inauguración con público. “Es un poco ambicioso hablar de fechas, porque no tenemos baños, electricidad, gas, y hasta que las condiciones no estén óptimas va a ser difícil. Tenemos que trabajar el acceso igual, porque es complejo bajar el cerro y la idea es que cuando se abra, sea para todos”, recalcó Obilinovic.

Pero ya pudieron instalar la estructura que les permitirá entrenar, sobre un terreno que estaba lleno de frambuesa y donde además, desarrollaron un zócalo para que circule el agua y no haya pozas, “pero con el amor de los cabros que aman lo que hacen, esto es un sueño colectivo que estamos concretando. Esto es de la Leo, de nuestra hija, este es el lugar en el que ella va a emerger, crecer y por historia, nos quedan un montón de años para seguir creciendo, armando proyectos; como es un espacio propio, aquí podemos concretar los sueños que queramos, así que por ahora a darle con todo el empuje. Los recursos no sobran, no tenemos plata, entonces es súper importante el recurso humano”, manifestó Jerome Obilinovic.

Finalmente, esto no significa que Circo del Sur no continúe desarrollando sus trabajos en la ciudad, porque si bien están encantados con la idea de hacer espectáculos con público (reducido por ahora, tomando en cuenta el acceso al sector) “pensamos hacer cosas pequeñitas y cuando el público sea mucho, volver a buscar espacios en Punta Arenas. Pero la primera urgencia era tener el espacio para entrenar y ‘colgarnos’, que no lo hacíamos desde marzo”, finalizó Obilinovic que junto a Karin Marincovich sueñan con ver a la pequeña Leonor haciendo figuras circenses en su propio espacio.