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Macroalgas: el alimento del futuro en Magallanes

Por Agencias Viernes 18 de Diciembre del 2020

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Fabio Mendez Mansilla
Biólogo Marino
Programa de Doctorado en Ciencias Antárticas y Subantárticas
Curso de Conservación de Ecosistemas Antárticos y Sub-Antárticos
Universidad de Magallanes

 

La mayoría de los alimentos (carne, pescados, arroz, papas, y vegetales) poseen ciertas propiedades, pero existen fuentes naturales que aportan mayor cantidad de proteínas, minerales, fibras y antioxidantes, y generan menos grasa, que hoy en día, aun no se conocen del todo y se encuentran accesible al ser humano. Indagar en recursos locales, sustentables y que se encuentran en todas las costas chilenas, como las macroalgas, puede ser una oportunidad para mejorar la dieta, enriquecer y potenciar la gastronomía y el turismo, además de reforzar la identidad local de la región.

Los cambios notorios que están ocurriendo a nivel mundial en un escenario de cambio climático requiere de innovaciones que están más cerca de lo que pensamos. La gran demanda de extracción y exportación de importantes recursos comerciales como el erizo de mar y la centolla en la región de Magallanes debería favorecer el conocer, cultivar para el crecimiento de nuevos individuos y utilizar nuevos recursos marinos que permitan otra oportunidad para las empresas, pescadores artesanales y la población utilizar estos diversos productos en la industria biotecnológica y alimenticia.

Hoy en día, el área subantártica de Sudamérica posee una gran extensión y diversos hábitats marinos donde se han reportado alrededor de 395 especies de macroalgas (estrecho de Magallanes, Canal de Beagle y Cabo de Hornos). Las macroalgas son importantes productores primarios, y poseen ficocoloides como agar, carragenanos, agarosa y alginatos (derivado del ácido alginico) importantes para la industria y la alimentación, siendo poco consideradas por el ser humano, incluso por las propiedades importantes nutricionales que poseen, que además constituyen un sano y abundante alimento que se puede utilizar sustentablemente, promoviendo la diversificación de su uso en la población e indagando en las visiones ancestrales de su utilización.

Por lo general, dentro de la oferta gastronómica local y en los hogares, se ven muy pocas costumbres de consumo de algas. Los locales comerciales y gastronómicos presentan en sus menús, productos como: carnes, pescados, centolla, etc., de valor regional con acompañamientos de procedencia extranjera (ej. arroz, pastas, quinoa, etc.), y consecuentemente, cargados de CO2 en su transporte (ej. angosta, tilapia y emú).

Sin embargo, existe una muy pequeña parte de las personas que está involucrada con el consumo de algas, principalmente pescadores artesanales que habitan estas zonas marinas y mantienen la cultura de sus pueblos originarios, pero aún es una tarea difícil incorporar algas en la gastronomía local o en la dieta de toda la población, principalmente por costumbres de ofertas alimenticias que venden públicamente (ej. McDonald’s) y por poca información de todos los sectores, de lo que podría ser un nuevo recurso marino para la industria alimenticia y pesquera.

Una inclusión de estos productos en los menús magallánicos también podría disminuir la alerta que levantan publicaciones científicas y periódicos regionales, como por ejemplo, estudios del año 2016 de la Universidad de Magallanes y Universidad de Chile que abordan el sobrepeso en Punta Arenas, mostrando que un 46% de 1.972 escolares de primer año básico presentan sobrepeso y obesidad, también estudios de la Universidad de Magallanes, donde observaron que el 60,4%  de 481 escolares entre 6 a 15 años tenían una malnutrición excesiva o reportajes periodísticos del 2015, donde se observa que la Región de Magallanes presenta la tercera tasa más alta del país (181,59), vinculada a enfermedades de aparato circulatorio, que reflejan la realidad de la salud alimentaria en la región.

Es así como el BBC News publica un breve, pero certero artículo denominado “Cuando las algas chilenas son un plato codiciado” que pone literalmente en la mesa el trabajo de un botánico local y un chef que se unieron en un proyecto que intenta rescatar una historia y patrimonio culinario que puede beneficiar a los pescadores, ayudar a combatir la obesidad y generar una cocina sana y sabrosa.

Hay que ver con optimismo como la ciencia avala que incluir estos vegetales marinos en el menú de los magallánicos y las cartas de los restaurantes de la región, es posible y será una oportunidad de mejora con resultados positivos e insospechados en la salud y la economía local.

Esperemos que en un futuro no muy lejano los magallánicos, e incluso los chilenos y turistas extranjeros, consuman la diversa gama de algas comestibles y saludables existentes en las costas chilenas, como también la industria alimentaria y pesquera valore la diversidad de productos que se deriva de estos recursos marinos naturales que identifican la riqueza natural y cultural de nuestro país.