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Hace 34 años, llegó a Punta Arenas el Papa que evitó la guerra entre Chile y Argentina

Por La Prensa Austral Domingo 4 de Abril del 2021

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– El vicario Fredy Subiabre recuerda que el mensaje de Juan Pablo II fue muy potente, “marcado por el signo de paz, muy relevante para nosotros, porque vivimos un conflicto muy serio, que en el resto del país no lo percibieron igual”.

Hace 34 años, Punta Arenas estaba convulsionada con la visita del Papa Juan Pablo II. Prácticamente todo giraba en torno a los preparativos. El caudal de noticias que generaba la presencia en el confín del mundo del líder espiritual de la Iglesia Católica copaba todos los espacios noticiosos. Un reflejo fue la llegada masiva de corresponsales, nacionales y extranjeros. Localmente Radio Presidente Ibáñez lideraba las transmisiones, entregando la señal oficial a todas las emisoras de la cadena regional y nacional.

Como se dijo en su momento, una visita breve, pero imborrable. Definida por el coordinador general de la visita, Patricio Riquelme, como “uno de los momentos históricos más trascendentes en nuestra historia regional”.

El avión que traía al Papa Juan Pablo II a Punta Arenas aterrizó la mañana del sábado 4 de abril de 1987 en el aeropuerto Presidente Carlos Ibáñez y el Pontífice pisó suelo magallánico a las 11,38 horas.

Lo esperaban 50 familias que lo saludaron con pañuelos en alto entonando el himno oficial grabado por Los Huasos de Algarrobal, “Mensajero de la Vida”, que por esos días se escuchaba en todas las radios.

Muy temprano, desde las siete de la mañana, comenzó a llegar la gente al estadio fiscal donde sería el único encuentro con la comunidad. Cifras de la época indican que se volcaron a las calles unas 40 mil personas, incluida toda la gente que logró ingresar al recinto de Avenida Bulnes, donde se realizó el multitudinario acto litúrgico.

Coordinador general

Uno de los protagonistas de esa trascendental e histórica visita fue el entonces jefe de la Dirección Regional de Aeropuertos, Patricio Riquelme Valdés, quien fue el coordinador general de la visita de Su Santidad a Magallanes.

En una entrevista que concedió a La Prensa Austral, hace cuatro años, Riquelme contó que apenas se confirmó la venida del Papa a Magallanes, nombraron a un religioso como encargado de todo el programa de la visita pero como se fue de Punta Arenas, el entonces padre obispo Tomás González le pidió hacerse cargo de esta gran responsabilidad.

Solicitó consultarlo con la familia quienes estuvieron de acuerdo de tal manera que al día siguiente aceptó el gran reto que le imponía el destino.

“De esa manera se inició una de las aventuras más importantes de mi vida, ya que nadie nunca en esta región había estado en una actividad de esta naturaleza. Faltaban alrededor de seis meses para que Juan Pablo II llegara a Magallanes. Su visita, dada su gran jerarquía, estaba llena de diplomacia y protocolos, seguridad, etc., estando debidamente reglamentada la manera de cómo debe abordarse la situación. Para conocer todo esto, debí viajar a la capital a unas reuniones donde se entregaban los lineamientos generales de la actividad. En Magallanes, había que hacerlo con los escasos recursos con los cuales se contaba”.

Mucha colaboración

“Si bien es cierto que es lo más complejo que he hecho en mi vida, todo se me facilitó con la sola frase ‘necesito una ayuda para la visita del Papa’, y las colaboraciones espontáneas se dieron por doquier.

“Todo el mundo colaboraba de muy buena gana, los colegios, las colectividades extranjeras, los coros. Incluso se dijo que la escenografía que se presentó en el estadio Fiscal fue calificada como la más original del país, la que fue diseñada por el arquitecto Julio Fernández, cuya maqueta llevé a Santiago siendo muy halagada por quienes la conocieron. En este aspecto fue destacada la contribución de la Empresa Nacional del Petróleo de Magallanes.

“Una parte importante también fue la seguridad del Papa, que estaba a cargo de un grupo de guardias personales que lo acompañaban, cuyo catálogo con sus fotos debía mostrarse tanto a Carabineros de Chile como a la Policía de Investigaciones, para evitar roces.

“Previamente la llegada del ilustre visitante se ensayó. Yo hice de chofer en mi vehículo y el padre obispo representaba al Papa, a fin de tomar los tiempos de demora entre un lugar y otro”, recordó Riquelme.

Llegada del Papa

“Cuando arribó el Santo Padre al aeropuerto Presidente Carlos Ibáñez del Campo, de acuerdo al protocolo se permitía a una quincena de personas que estuvieran en la losa del campo aéreo con el objeto de saludarlo. Yo era uno de ellos. Monseñor Tomás González Morales era el encargado de presentarnos. Había pensado durante muchos días que podría decirle en ese gran momento al visitante. El obispo me muestra diciendo: ‘Su Santidad, le presento a don Patricio Riquelme, quien estuvo a cargo de su recepción’. Juan Pablo II en ese instante me toma las manos y me dice efusivamente: ‘¡Muchas gracias!’. Esa actitud del Pontífice me desconcertó porque nunca pensé recibir de él un agradecimiento, por lo cual me olvidé de las palabras que yo le iba a decir y sólo atiné a exclamar: ‘Bienvenido, Su Santidad’.

“Desde el terminal aéreo me vine rápidamente al estadio a preparar todo. En ese momento me daba la impresión de ser un director de orquesta, con cientos de músicos a mi cargo. Me comunicaron que todo había sido cumplido y que desde el aeropuerto se había trasladado al visitante en el automóvil elegido y en Tres Puentes había abordado el Papa Móvil.

“Estuve en el estadio cerca de Su Santidad y ello me parecía increíble. Uno de los personajes religiosos más importantes que ha tenido la historia del mundo.

“Mi recompensa espiritual fue tan grande como la enriquecedora experiencia de haber participado en esta actividad que creo se ha transformado en uno de los momentos históricos más trascendentes en nuestra historia regional”.

Recuerdo de un entonces seminarista

El actual vicario general de la Diócesis de Punta Arenas, Fredy Subiabre Matiacha, tenía en ese entonces 19 años y cursaba el tercer año en el seminario.

“La visita en sí misma fue muy significativa, pero lo que recuerdo de manera especial es todo lo que se vivió en la previa. Lo que significó preparar a las personas, guardias papales, a las comunidades, a través de las catequesis, los encuentros en diferentes parroquias y con las comunidades en Río Gallegos. Esto hizo que la visita fuera tan importante para la Iglesia de Magallanes”, dijo ayer a El Magallanes, al recordar estos 34 años.

“El mensaje del Pontífice fue muy potente, marcado por el signo de la paz. Tremendamente relevante para nosotros, teniendo a los hermanos argentinos. Nosotros vivimos un conflicto muy serio, que en el resto del país no lo percibieron como nosotros. Entonces, ver a quien  fue el gestor de la comunión entre dos países fue muy fuerte”.

Como seminarista tuvo la posibilidad de participar en la liturgia y sostener en sus manos el libro que iba leyendo el Papa.

El ambiente de ese día era de mucha festividad y alegría. “Lo sentí como un hermano que quiso compartir con esta comunidad, fue realmente un encuentro muy bello”, recordó.