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Grandes personajes que marcaron a fuego la historia del básquetbol

Por La Prensa Austral Lunes 12 de Abril del 2021

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El básquetbol se inició allá por el año 1891, según señala la historia. Se dice que este deporte partió en un gimnasio de la YMCA (Young Men’s Christian Association, Asociación Cristiana de Jóvenes) en Estado Unidos, cuando se colgaron dos canastas de duraznos suspendidas de un balcón de un gimnasio, pero que se fue encumbrando a través de los años hasta ocupar uno de los sitiales de mayor privilegio en la lista de los deportes más importante en el mundo.

Los canastos le dieron el nombre al deporte (baloncesto o básquetbol). Su inventor fue James A. Naismith, un instructor de la YMCA en Springfiel, Massachussets y ha ido cambiando radicalmente, pasando de los canastos de duraznos a unos de metal y años más tarde a los actuales aros metálicos.

La extraordinaria popularidad de este deporte se refleja no sólo por la gran cantidad de espectadores que atrae, sino que también porque ya antes de la Segunda Guerra Mundial había alrededor de veinte millones de jugadores en el mundo.

INICIOS EN CHILE

Se cree que en Chile el básquetbol se jugó por primera vez 1919, en un gimnasio que pertenecía a la YMCA de Valparaíso, introducido por Benedicto Kocian y se hizo público al año siguiente en un negocio abandonado de la Avenida Argentina del mismo puerto, instalándose más tarde una cancha abierta en la plaza Victoria.

No entusiasmó mucho al comienzo y para llevarlo a los barrios hubo que cargar con tableros portátiles al hombro para instalarlos en cualquier plaza pública.

El básquetbol llegó a Santiago al año siguiente en la Alameda, por los alrededores de la calle Nataniel, donde se cerró en medio del paseo capitalino un rectángulo con alambrada y se levantó la primera cancha pero costó mucho que prendiera en la juventud de la época porque lo encontraban un poco insulso.

Pero pronto se interesaron algunos clubes como el Deportivo Nacional, Unión Española, Gath y Chávez que lo incluyeron entre sus ramas y destinaron los espacios requeridos para instalar sus canchas, empezando a introducirse posteriormente en diversas ciudades del país, alcanzando en 1930 jugarse en todas partes, incluido en Punta Arenas.

DIFICIL PARTIDA

En nuestra ciudad en sus comienzos se jugaba en el Frontón Español, en la Explanada Prat, en la Plaza Centenario o en los antiguos gimnasios del regimiento “Pudeto” y de la Confederación Deportiva de Magallanes.

Tiempos románticos donde se hacía de todo para que el deporte prosperara. El público era escaso y las entradas no alcanzaban para cubrir los gastos, pero de una u otra forma se salía del paso.

La evolución fue paulatina en el tiempo, desde la época del doctor Roberto Carvajal, de Julio Ramírez, de Alejandro Pesutic, las enseñanzas que entregó el profesor de educación física Alejandro Karelovic o la eficiencia de Juan Moreno como director técnico.

IVO RADIC

Luego llegó el repunte importante que fue la llegada de Ivo Radic lo que se tradujo en gimnasios repletos de público que trajo como consecuencia el recordado triunfo del Sokol sobre el Goes de Montevideo, equipo que se había paseado invicto por canchas chilenas y cuando la gran figura olímpica uruguaya, Milton Scarone, quedó borrada ante la maestría del “Pollo” Radic.

También es recordado por los más antiguos lo que fue el tercer Mundial de Básquetbol en 1959, donde se jugó una rueda de consuelo en nuestra ciudad con la participación de las selecciones de Argentina, México, Perú, Panamá, Puerto Rico y Paraguay las que habían quedado eliminadas en sus respectivos grupos en la fase inicial del torneo en el que Chile fue tercero detrás de Brasil, campeón, y Estados Unidos.

Por las canchas magallánicas, en los inicios, pasaron jugadores que fueron grandes figuras como Víctor Carrasco, el “Mago” Flores, Claudio Santibáñez, “Maravilla” Díaz, Juan Carvallo, Guillermo Mell, Sebastián Taberner, Rinaldo Tonini, Vicente Karelovic, Sorich, Gutiérrez, el “Aviador” Sánchez, Alejandro Marty, Tulio Valpreda, entre muchos otros.

“TARZAN” PAEZ

Uno que tuvo un puesto de preferencia en la historia del deporte magallánico fue David Páez, o “Tarzán” Páez como era renombrado por sus amigos, quien hizo noticia en el atletismo pero preferentemente sus mayores éxitos los obtuvo con el básquetbol.

Páez llegó a nuestra región en 1939 procedente de Antofagasta como funcionario de la Tesorería General de la República y con destinación a Puerto Natales, pero cuando llegó a la capital de Ultima Esperanza guardó silencio sobre sus dotes deportivas.

Luego llegó a nuestra ciudad y entabló amistad con Luis Mayorga, quien fue otro destacado deportista de la época y aficionado del Audax Italiano, club al que se lo llevó luego de conocer de sus cualidades basquetbolísticas y de haber integrado el seleccionado de Antofagasta.

En ese entonces se jugaba en el salón “Armonía”, que se ubicaba en Armando Sanhueza con Waldo Seguel, local de grato recuerdo para Páez, según lo señalaba en una nota publicada por nuestro diario en los años sesenta.

“En ese entonces los delegados de la asociación, el propio directorio y los que colaboramos con ellos, teníamos que hacer de todo, ser portero y boletero, hacer difusión, barrer la cancha y limpiar los camarines. El sacrificio no importaba para servir al deporte”, indicaba “Tarzán” Páez.

“Teníamos que ser jugador, dirigente, auxiliar y todo lo hacíamos con cariño por el básquetbol. Jugué al lado de Tonini, Mell, Mayorga, Taberner. Recuerdo con afecto a viejos amigos, rivales en el deporte, pero fraternalmente unidos fuera de la cancha como Manuel Vega, Jorge Amarales, Oscar Rendoll, Juan Borchers, Federico Ojeda o ‘Chapita’ Oyarzún”.

Fue jugador seleccionado de Punta Arenas por varios años con compañeros como Víctor Carrasco, Guillermo Mell, Sebastián Taberner, ‘Cotroto’ Córdova y Sebastián Flores.

GUILLERMO MELL

Otro que brilló con luces propias fue Guillermo Mell, quien llegó a nuestra ciudad procedente de Valdivia logrando jugar por el desaparecido club Júpiter con el que logró cuatro campeonatos consecutivos junto a figuras como Erwin Neracher, Mancilla y Taberner.

“Al tiempo la rama desapareció y nos cobijamos en el Audax, club que aparecía en el horizonte del básquetbol regional con enorme entusiasmo, donde anclé definitivamente pero luego retorné al norte donde estuve varios años para volver posteriormente a la región y todavía alcancé a jugar algunos partidos en el Audax”, indicaba en la misma nota Guillermo Mell.

ROBERTO CARVAJAL

Por su parte, en 1948 llegó para radicarse en Punta Arenas el joven médico Roberto Carvajal, quien viajó por barco junto al profesor Alejandro Karelovic con el que hicieron una estrecha amistad.

Carvajal fue jugador de la Universidad de Chile, institución en la que realizó sus estudios de medicina, y en esos tiempos el básquetbol local pasaba por una inestabilidad en lo organizativo, por lo que Karelovic le habló al doctor para que se hiciera cargo de los destinos de la asociación.

“Me pillaron de sorpresa porque la verdad es que yo todavía estaba jugando. Les pedí que me dieran un tiempo para pensarlo y posteriormente les entregué una respuesta afirmativa”, comentaba Carvajal a nuestro medio.

TORNEO NACIONAL

Su triunfo más grande como dirigente fue la organización del Campeonato Nacional de Básquetbol, “ya este deporte estaba prendido. Los clubes se habían unido y Alejandro Karelovic empezó a hacer una gran labor en Liceo y posteriormente en la asociación”.

“Un día se nos vino a la mente la posibilidad de hacer algo grande en ese gimnasio y con la directiva pensamos en pedir la sede de un campeonato nacional. La solicitamos y Marcos Davison, nuestro delegado en Santiago, ganó la batalla en la Federación, pero faltaba financiarlo”.

“En compañía del secretario de la asociación, Julio Ramírez, nos trasladamos a Santiago y, por mediación de Campos Menéndez, logramos una entrevista con el entonces Presidente de República, Gabriel González Videla”.

“Le expusimos nuestro plan que era que nos facilitara el buque madre de la Armada “Araucano” para el viaje de las delegaciones y también sirviera de hotel flotante durante el campeonato”.

“Nos escuchó con mucha atención y nos dijo: ‘miren, tengo un compromiso para esa fecha con la orquesta sinfónica pero considero que el deporte tiene una vez que tener preferencia’”.

“El Presidente tomó el teléfono, hizo una llamada y lo único que escuchamos de esa llamada fue la frase ‘lo estoy ordenando’, y después nos dijo ‘cuenten con el transporte’ y el campeonato se realizó en las condiciones previstas”.

Roberto Carvajal fue enviado por la Dirección General de Deportes (Digeder) a un congreso de medicina deportiva donde presentó la iniciativa de fundar en esa época la Asociación Femenina de Básquetbol.

ZENON MELIPILLAN

Otro dirigente que entregó toda una vida para el desarrollo del básquetbol en nuestra ciudad fue Zenón Melipillán, quien fue un eterno delegado del Español ante la asociación.

En su oportunidad señalaba que “el básquetbol ha crecido. En 1960 no había mucho entusiasmo y los partidos siempre se jugaban en familia, salvo los clásicos Liceo – Comercial, Liceo – Sokol o Español – Sokol”.

“Después del ‘Mundial chico’ quedamos como una ciudad arrasada. Nadie iba al básquetbol. Se había visto cosas tan buenas que lo local no lograba entusiasmar, pero poco a poco el público se volvió a reencantar”.

Melipillán no era partidario de la llegada de jugadores extranjeros, como los que arribaron en los ‘80, porque lo consideraba perjudicial para la formación de jugadores jóvenes, “está claro que como espectáculo es soberbio y el público se entusiasma, pero afortunadamente la asociación limitó la participación de foráneos a sólo dos por equipo. Los extranjeros cuestan entre 800 y 1.000 dólares por mes y son contadísimos los clubes que pueden pagar esa suma”, argumentaba el dirigente hispano.

Esta es una síntesis compacta de lo que fue parte del desarrollo del básquetbol a nivel regional en sus inicios, donde tampoco podemos olvidar lo hecho por González – Traba, considerada en sus tiempos como la mejor defensa de Temuco al sur, la jerarquía del “Flaco” Karelovic, los tiros estremecedores de un “Popeye” Cárdenas, que tantos triunfos le dio a Liceo en los segundos finales, la clase indiscutible del “Pollo” Radic, uno de los mejores jugadores que ha tenido el básquetbol magallánico, el rendimiento siempre parejo de Taberner, Mell y “Tarzán” Páez, la clase de Tulio Valpedra y Alejandro Marty o los grandes aciertos de Claudio Santibáñez.

Sin duda que varias generaciones posteriores nos conocimos de sus grandes proezas deportivas, pero no por ello tenemos que dejarlos en el olvido, por el contrario recordarlos no permite mantener la esperanza de que el básquetbol pueda volver a resurgir y llegar a tener la clase y calidad de los que fundaron las bases de un deporte que le ha entregado un sin número de éxitos a nuestra región.