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Las autoridades deben conectarse con los adultos mayores

Por Dr. Ramón Lobos Miércoles 21 de Abril del 2021

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Magallanes está nuevamente en Fase 2, retrocediendo al confinamiento de fines de semana, con restricciones al desplazamiento después de las 21 horas. Para todos es volver a revivir lo que hasta hace un año nos pareció lo peor de la pandemia. Hoy ante la posibilidad de un mayor confinamiento, no habiendo tenido ni el tiempo ni los medios para periodos de vacaciones, esta etapa se vive con angustia y desazón por todos, especialmente para los mayores.

Para todos -en pandemia- los procesos de aprendizaje han sido desarrollados en forma vertiginosa, sin tiempo ni espacio. Procurando medios y tecnologías en los domicilios para poder realizar la mayor parte de las labores que hacíamos fuera de casa.

Desde comprar y vitrinear vía on line, participar en conferencias, clases, conversatorios y trabajo en grupos interconectados. Usando plataformas que unos meses antes sólo eran conocidas por los más avezados. Significó para los niños y adolescentes estudiar en clases telemáticas y compartir virtualmente con sus compañeros.

No exento de chascarros o problemas. Todos dependientes de la capacidad económica: equipos computacionales y teléfonos de alto costo para cumplir tales tareas, también conexiones más rápidas y seguras; con mayor capacidad en tiempo y en transmisión de datos. A precios que los hogares más pobres no podían, ni pueden mantener. Los ejemplos de niños y adolescentes sobre cerros o techos de sus casas para mejor conectarse y seguir con sus procesos educativos hablan de un Chile más desigual. Para todos fue costoso.

Pero hay un grupo que en esta pandemia, lo ha pasado más mal: los adultos mayores. Porque su poder adquisitivo basado en las pensiones no alcanzaba para financiar sus economías familiares, por ello muchos desempeñaban trabajos no siempre remunerados acorde al desempeño, trabajos físicos y que, al confinarse, perdieron y vieron disminuido drásticamente sus ingresos.

Nuestros mayores a través de los años accedieron a información a través de la radio o la prensa escrita, después la televisión ha ido ocupando ese espacio. Pero los mayores que acceden a internet y navegan libremente en ella son muy pocos, anecdóticos a mayor edad, dependiendo del nivel socioeconómico que alcanzaron o los trabajos que desarrollaron en su vida. La gran masa de ellos está muy lejos de poder ser navegantes del siglo XXI. Esto está dado por la velocidad de aprendizaje de los mayores, no es que pierden la capacidad de aprender sólo se enlentece el proceso de aprendizaje, lo que quiere decir que deben usar más tiempo y más intentos antes de alcanzarlos. Algo que esta pandemia no les permitió, ni permite seguir el ritmo. Por eso muchos han abandonado el intentar “estar conectados”, simplemente no hay tiempo, recursos y no están los maestros para acompañar este aprendizaje.

Hoy no sólo se sienten fuera de época, sino que el devenir de la pandemia y su vertiginoso desarrollo los tiene aislados y desligados de sus pares y familias.

Los sobrevivientes de esta primera etapa tienen que vivir los anuncios de una nueva ola sobre Magallanes y el país. Al menos la vacuna en mayores de 70 años parece tener un mejor resultado, bien para ellos. Ya que han cumplido al llamado a vacunarse. Ahora lo que necesitan es que otros grupos más jóvenes también lo hagan, por ellos, por sus mayores.

La vacuna es una gran esperanza para ellos, también el que sean considerados en exenciones tales como liberar a los mayores de 80 años de los permisos de desplazamiento en páginas virtuales o presenciales. Una gran y acertada medida que debió haberse tomado antes. Pero también focalizar el acceso a ayudas económicas o provisiones solo por criterio de edad.

Los que no pudieran necesitarlos son tan pocos que usar el criterio de edad es ya una gran focalización. Las prometidas ayudas en equipos celulares para mayores poco se han visto en Magallanes, para más, el abuso de algunas candidaturas que aparecen ofreciendo y entregando tales ayudas es una burla más para este grupo etáreo. No se puede condicionar a un voto  la ayuda a los mayores. Sólo revela la miseria de algunos que participan en política por intereses personales más que el bien común.

Urge desarrollar planes e intervenciones locales: por barrios o unidades vecinales;  acercando las ayudas sociales, las atenciones y controles de salud, los encuentros entre mayores.

No más traslados para concentrarlos en un solo sitio. Hoy el Estado, los municipios, los servicios sociales y de salud deben acercarse a sus domicilios para asegurar su atención y cuidado. Hoy cambian los paradigmas y modelos. Hoy es la sociedad la que debe adaptarse a ellos.

Han sido años en que se les ha pedido adaptarse a un modelo que no funcionó para ellos. Hoy tiene que cambiar el Estado y su forma de actuar para los mayores. Hoy los servicios para mayores deben cruzar el umbral de sus casas para intervenir, es la apuesta del siglo XXI para los mayores. Ellos ya están en sus puertas esperando. No le sigamos fallando en este segundo año de pandemia al menos.