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El Constituyente que quiero (Apunte constitucional final)

Por Carlos Contreras Martes 11 de Mayo del 2021

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Y después de tanta campaña… ¿por cuál candidato  o candidata a constituyente voy a votar?

La pregunta es de una importancia mayor, pues sin desmerecer los cargos de concejales, alcaldes o gobernadores, que también serán votados este fin de semana, es evidente que los convencionales constituyentes tienen una responsabilidad determinante que se traduce en debatir el contenido de una nueva Constitución Política para Chile y, sobre todas las cosas, que esta nueva Constitución efectivamente se apruebe y sea la base sobre la cual se construya una sociedad más sana y responsable.

Sin dejar de apreciar que la diversidad de candidatos, cuestión que da cuenta también de la polarización y atomización de nuestra sociedad, es imprescindible tener mucha claridad de las características que debe tener el candidato por el cual uno pretende votar y, en mi caso, tengo mucha claridad de dichas características.

Debe ser una persona de libre pensamiento en el sentido de no estar sujeto a dogmas o ideas que no esté dispuesto a debatir y modificar si el bien común así lo requiere. Lo anterior no impide que el constituyente tenga convicciones en torno al sistema y las garantías que debe otorgar, entendiendo por convicción la claridad y certeza que una persona tenga de sus ideas, pues en base a dichas ideas lo conocemos y podemos optar por él o ella.

Por otra parte debe tener antecedentes que aseguren su independencia en diversos ámbitos: ojalá independencia de carácter económica para no ceder ante aquel de quien económicamente depende y pueda tener influencia o determinación en su persona; independencia de influencias personales lo que implica una carácter definido y concreto que no se somete a los requerimientos de otros; independencia en cuanto a los intereses de grupos de influencia, sin perjuicio que pueda ser parte de ellos y así debe expresarlo y dejar claramente establecido.

Debe tener capacidad de diálogo y tolerancia. Diálogo para atender las ideas de otros y complementar las propias con el objeto de fortalecer aquellas que permitan un mayor beneficio a la comunidad toda, y tolerancia para, sin perjuicio de no compartir todas las opiniones, evitar caer en descalificaciones y discusiones que impidan la libre circulación del pensamiento.

Es fundamental que tenga un profundo sentido Republicano, entendiendo por tal la necesidad de contar con una forma de gobierno que tenga como principal objetivo administrar el país que constituye “la cosa pública” que compete y corresponde a todos los ciudadanos y no sólo a una clase social o elite (concepto que dista bastante del nombre que hoy detenta un partido político en Chile.) De la mano con lo señalado es necesario que el constituyente tenga su mirada y su objetivo en el bien común y en la diversidad de nuestra sociedad, pues no se trata de rojos o azules, de izquierda o derecha, de pasado o futuro, se trata que vale por sobre todas las cosas el ser humano, más allá que sea feminista, patriarcal, transgénero, homo o heterosexual, más allá que sea socialista o capitalista, más allá que sea hombre o mujer. Se trata de proteger y apoyar a todos y de cuidar y preservar nuestras vidas, valores y aspiraciones; de proteger a quienes no pueden hacerlo por sí mismos; de incentivar y sacar adelante a los más desposeídos para que se integren realmente a nuestra sociedad y no exigir a cambio una bandera o determinadas características o pensamientos, pues al final del día se trata de seres humanos que piensan, viven y sienten distinto y sobre esa base debemos construir el futuro que viene.