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De la perplejidad hacia la confianza esperanzada

Por Marcos Buvinic Domingo 11 de Julio del 2021

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En estos días, con el inicio de los trabajos de la Convención Constitucional, estamos viviendo en Chile un acontecimiento que para muchos es un hito único en nuestra historia, que es seguido con entusiasmo y verdadera expectación. Para otros, es una muestra más de lo que consideran el lamentable estado del país y sus instituciones. Otros miran este acontecimiento con indiferencia, sin entender mucho de qué se trata ni por qué suscita revuelo, y no faltan los que consideran que -como me decía alguien- es un puro gastadero de plata que mejor sería ocupar en atender las necesidades urgentes de tantas personas.

Hay diversas miradas sobre el acontecimiento de la Convención Constitucional y algunas de ellas hacen más ruido que otras, porque tienen más acceso y difusión a través de los medios de comunicación. Lo que nadie puede negar es que se trata de un proceso democrático que es expresión de una amplia voluntad popular que consideró que la instalación de la Convención era un modo adecuado de enfrentar la crisis social, política e institucional de nuestro país, y hacerlo a través de la elaboración de una nueva Constitución que diera forma a los principios, valores y criterios que queremos vivir como país, así como a los estilos de relacionarnos y de convivir en toda la diversidad de lo que somos.

Más allá de los optimismos de algunos o de los pesimismos de otros, es esta decisión democrática la que es preciso afirmar sin matices en medio de todas las dificultades que pueda significar este proceso, y volver a explicarla -una y otra vez- ante la perplejidad de unos y el pesimismo o la indiferencia de otros.

Han sido complejos los inicios de la Convención, su sesión de instalación -el domingo pasado- estuvo llena de situaciones que tensaron, casi hasta el límite, el ambiente de fiesta democrática que quería tener el evento. Todo fue sorteado gracias a la inteligente y respetuosa conducción de la encargada de tal misión, la secretaria relatora del Tribunal Calificador de Elecciones, Carmen Gloria Valladares.

Así, cuando parecía que ya la Convención podía iniciar sus trabajos según el mandato recibido, emerge la bochornosa situación de que no estaba listo el espacio ni las condiciones para su funcionamiento. Las vicisitudes vividas en torno a este momento decisivo en la historia del país, son como un espejo de muchos aspectos de lo que somos como país, de nuestras dificultades para dialogar y caminar juntos.

Lo que no es posible pasar por alto es el carácter democrático de todo este proceso, y la voluntad mayoritaria de la población que sustenta a la Convención en el camino de ir haciendo un país más justo, inclusivo y solidario.

No es posible pasar por alto el hecho de que es una asamblea muy distinta de todos los otros grupos que se han reunido antes para redactar las Constituciones que hemos tenido. Todas las Constituciones que hemos tenido hasta ahora en Chile han sido redactadas por manos masculinas, pertenecientes a las minorías socioeconómicas de altos ingresos, miembros de la cultura occidental que se autocalifica como “la” civilización, personas pertenecientes a la tradición cristiana o a la de los no creyentes. Sin duda que las mentes que han estado detrás de esas manos redactoras de los textos constitucionales que ha tenido el país han estado condicionadas por esos factores que excluyen a muchos.

Ahora, en cambio, tenemos una asamblea paritaria entre varones y mujeres, ya no son sólo personas de altos niveles de ingresos o representantes de grupos socioeconómicamente privilegiados. Por primera vez están representados los pueblos originarios de nuestro país; esos que hasta pocas décadas eran tratados como “indios” que había que civilizar, porque eso de reconocerlos como “pueblos originarios” es cosa de hace pocos años; igualmente, los miembros de la asamblea ya no son sólo personas de tradición cristiana o de tradición racionalista no creyente, sino que ahora también están presentes las cosmovisiones religiosas de los pueblos originarios. Y no deja de ser muy significativo que haya sido elegida presidenta de la Convención una mujer mapuche, con altas calificaciones académicas y profesionales. Sin duda que esta asamblea es mucho más representativa de lo que somos como país, y sin duda que las mentes que están detrás de estas diversas manos redactoras producirán algo que nos represente mejor a todos.

El trabajo de la Convención será complejo, hay grandes diferencias entre sus miembros, incluso hay maneras diversas de comprender las funciones de la Convención; no será fácil ponerse de acuerdo, pero aquí es donde tenemos que confiar en aquello que la sabiduría popular expresa al decir que “conversando se entiende la gente”. Sin duda, luego de la catarsis inicial, de las dificultades para reunirse y funcionar, se irá abriendo camino el diálogo responsable de los destinos del país. Creer en esa capacidad de diálogo no es un optimismo ingenuo, sino que es confiar en la responsabilidad de los miembros de la Convención, en su capacidad de mirar y servir a un país diverso. Es el momento de recordar lo que decía el recordado Cardenal Raúl Silva Henríquez y tantas veces repetido por la Iglesia, que “Chile tiene vocación de entendimiento y no de enfrentamiento”. Sigamos, pues, con confianza esperanzada los trabajos de la Convención Constitucional y la labor responsable de quienes fueron elegidos para esta tarea decisiva en la vida del país.