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EDITORIAL

¿Quién frena los rayados?

Por La Prensa Austral Viernes 30 de Julio del 2021

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Junto con el estallido social y sus demandas apareció también el estallido performático-estético. Las multitudinarias manifestaciones se llenaron de pancartas con consignas y expresiones artísticas. Las calles y muros fueron el mejor lienzo para testimoniar fielmente, y a un pulso palpitante, el sentir ciudadano de la revuelta.
En este contexto, la ciudad se convirtió ineludiblemente en testimonio, testigo y protagonista de la efervescencia de esta revolución social. Es la visión del profesor de castellano y filosofía de la U. de La Serena, Miguel Angel Valenzuela.

En la ciudad de Punta Arenas, la rebelión del 18-O quedó plasmada en los frontis y murallas de propiedades tanto públicas como privadas, donde proliferaron los rayados, muchos de ellos conteniendo mensajes de advertencia y ataques al gobierno, sus fuerzas policiales y clase política.

A comienzos de año, en plena pandemia, el municipio puso en marcha un plan para mejorar y limpiar las fachadas de locales comerciales de calle Bories, dentro de un programa de reactivación del comercio, iniciativa que fue ampliamente valorada por los locatarios. También se realizaron trabajos de hermoseamiento de varios espacios públicos, entre ellos el Cementerio Municipal Sara Braun, cuyas murallas exteriores fueron repintadas para eliminar los rayados que afeaban el sector.

Pese a los esfuerzos desplegados por el municipio, los muros del camposanto volvieron a recibir rayados, con características indignantes.

Este hábito se ha extendido a través del casco urbano sin hacer distinción entre las propiedades. Sólo basta a los responsables de esta acción encontrar un muro propicio para dejar una huella y transformar el problema en una situación totalmente fuera de control.

Entre las personas afectadas hay frustración y escepticismo. Por una parte, existe el sentimiento generalizado de que las autoridades no hacen nada al respecto y, por otro lado, se percibe la convicción de que el denunciar no conduce a nada, en primer lugar, por la dificultad de determinar responsabilidades y, segundo, por la impunidad en que podría terminar la acción si se llega a establecer la participación de menores.

Sin embargo, la multiplicación de este hábito llama a analizar el problema en la magnitud que ha alcanzado y a recoger las experiencias que pueden haberse llevado a cabo en otros lugares.

Debe darse una respuesta a la comunidad y, por otro lado, se contribuye a hacer conciencia para que nuestra ciudad pueda mostrar una imagen mejorada en septiembre, con los nuevos aires de Fiestas Patrias. También es necesario que la propia comunidad cumpla una labor de colaboración y denuncie esta y otras acciones vandálicas.