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Hasta siempre Renato Cárdenas Alvarez

Por La Prensa Austral Miércoles 11 de Mayo del 2022

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El pasado 14 de abril, a través de las noticias que entregaban distintos medios de información, supimos de la irreparable pérdida del escritor y difusor de la cultura chilota, el profesor y amigo Renato Cárdenas Alvarez. En esos mismos instantes, en que se revelaban algunos aspectos biográficos del autor isleño, nosotros escribíamos una reseña sobre el poeta Marino Muñoz Lagos, que nos dejara exactamente en una misma fecha, pero hace ya un lustro, un 14 de abril de 2017.

Tuvimos la oportunidad de conocer personalmente a Renato Cárdenas en el verano de 2001, en la visita que hicimos al archipiélago, recorriendo ciudades, pueblos y aldeas, a propósito del proyecto que ejecutábamos con otro amigo escritor, el kinesiólogo natalino Jorge Díaz Bustamante, en el marco de una iniciativa que denominamos “Presencia de Chiloé en Magallanes”. En ese entonces, Renato Cárdenas se desempeñaba precisamente en el archivo del mencionado Centro Cultural cooperando al profesor de castellano Nelson Torres Muñoz, en la clasificación bibliográfica de miles de documentos alusivos a la historiografía de Chiloé. 

Durante nuestra estadía, Cárdenas nos pareció un hombre relajado, seguro de sí mismo, avezado en el conocimiento de generar proyectos y conseguir recursos a través de las posibilidades que ofrecían los medios de comunicación. Una de sus preocupaciones centrales en esos días, era impulsar y consolidar la fiesta del Jesús Nazareno de Caguach en el mes de enero -propuesta resistida por la mayoría de los historiadores chilotes-, con el objeto de atraer el turismo a la región. Recordemos que la llamada “peregrinación a la isla de la Devoción” como se le conoce a la mayor celebración popular de Chiloé se efectúa invariablemente, el último domingo de agosto de cada año.

Una característica acusada de Cárdenas era su facilidad para articular planes, consensuar, proponer. Era una especie de vaso comunicante entre grupos disímiles que buscaban su opinión o consejo. Tenía una fuerte ascendencia entre investigadores jóvenes que llegaban a buscar información sobre la isla. Le gustaba difundir ideas propias y ajenas. Mientras recorríamos Chiloé juntando las piezas que necesitábamos para concluir nuestro proyecto, Renato Cárdenas dispensaba horas de su tiempo en la administración y en las ventas de la sucursal que la Editorial Atelí de Punta Arenas había instalado en Castro. 

No tenemos dudas, en que mucha literatura que habla de la rica cultura selknam y de su desaparición en Tierra del Fuego, como también, del gigantesco movimiento obrero en la Patagonia con sus huellas anarco sindicalistas que tuvieron a chilotes como principales protagonistas, se conocieron en el archipiélago gracias a la obra de divulgación que Cárdenas realizaba, con los textos que le proveía Atelí. 

Posteriormente, nos encontramos con el profesor chilote en distintos eventos culturales; ferias del libro en Punta Arenas, como la edición de 2010, en que tuvimos la ocasión de presentar al maestro en la biblioteca del antiguo Centro de Educación Integral de Adultos (Ceia) en el vetusto edificio de José Menéndez o en encuentros de filiales de la Sociedad de Escritores de Chile (Sech) en Santiago, como ocurrió en 2017 en que planteó una tesis central: “Una de las cuestiones que se precisa resolver, es que la Sech tiene que dejar de actuar como si fuera la Sociedad de Escritores de Santiago, y las filiales, sus satélites”.

Se ha escrito y se va a seguir escribiendo sobre Renato Cárdenas. No en vano es autor de una treintena de obras, que oscilan entre la literatura, la lingüística, la historia y la etnografía. Nosotros, en esta breve reseña preferimos recordarlo con su participación en la gestación de una gran iniciativa cultural: la creación del grupo “Aumen” y la repercusión que dicho taller tuvo en el devenir de la literatura chilena y magallánica.

Surge “El eco de
 la montaña”

El 21 de abril reciente, Luis Alberto Díaz ex decano de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Playa Ancha, escribió una sentida carta al diario El Mercurio de Valparaíso, misiva que fue acompañada con las rúbricas de otros académicos, Nelda Muñoz, Mireya Olivari y Juan José Peña, en que devela los inicios de la vida universitaria de Renato Cárdenas, en medio de las grandes reformas a la educación superior acontecidas a fines de la década del sesenta del siglo pasado, reformas que sacudieron a la administración de Eduardo Frei Montalva: 

“Un día de marzo de 1968, 60 jóvenes cruzábamos los dinteles de la Facultad de Educación y Letras de la Universidad de Chile (sede Valparaíso), para ingresar a la carrera de Pedagogía en Castellano. Entre ellos, Renato Cárdenas Alvarez, joven proveniente de Dalcahue, comuna de la Isla Grande de Chiloé. Su residencia fue una pensión ubicada en la avenida Gran Bretaña de Playa Ancha”.

“Desde un comienzo demostró una buena disposición para formar equipos de trabajo, pues las cátedras nos entregaban abundante bibliografía. Participó en forma entusiasta, crítica y reflexivamente en reuniones donde se debatían asuntos relacionados, especialmente, con la Reforma Universitaria, que se llevaba a cabo en ese tiempo”.

Luego de recordar algunos espacios comunes compartidos con Cárdenas en la universidad, Díaz puntualizó:

“En el plano académico, se destacó por su esfuerzo y dedicación, pues en reiteradas oportunidades lo vimos salir tarde y de noche de la biblioteca, pues leía e investigaba en libros, diccionarios y revistas, no sólo para cumplir con las exigencias académicas, sino también para conocer realidades humanas de la vida del trabajador rural y citadino de nuestro país. Probablemente, producto de esta práctica nacieron sus creaciones literarias. Muchas veces nos daba a conocer sus poemas y nos pedía que se los comentáramos. Nos compartía glosarios y vocabularios chilenos y chilotes de su autoría, como resultado de su inquietud por investigar el uso del lenguaje”. 

Su compañero de ruta, el doctor en literatura Carlos Trujillo, publicó una semblanza en el periódico El Insular denominada “Presencia viva de Renato Cárdenas”, en donde hace un recuento de cómo se produjo el primer encuentro entre ambos y de qué manera se gestó el grupo Aumen, que en voz huilliche significa “El eco de la montaña”:

“Renato traía de Valparaíso la experiencia de la escritura y de los talleres literarios y también su interés por las culturas ancestrales y la investigación en terreno, pero no sólo las traía, sino que quería ponerlas en práctica de la mejor manera en Chiloé y con nuestros alumnos. Así fue como apenas iniciadas las actividades del Taller Literario Aumen, los y las jóvenes del grupo empezaron a ver y entender su Chiloé de una manera distinta, a apreciar de un modo diferente lo que tenían, lo que vivían diariamente, lo que ellos realmente eran”.

Carlos Trujillo recordó de paso, a la primera horneada de futuros escritores que inauguraron el “Aumen”:

“Como no recordar a ese grupo de 1975: Mirna Alderete, Ernesto Bórquez, Roger Cárcamo Navarrete (a quien no he visto en décadas y fue uno de los primeros en llamarme por teléfono al enterarse del fallecimiento de Renato), Patricio Carvajal, Sergio Rubén Colivoro, Miguel Gallardo Aguilar, Erwin Jorquera, Sergio Mansilla, Neddiel Muñoz, Agne Muñoz, José Muñoz, Luis Horacio Rojas, Hirohito Vásquez. Luego vendrían otros y otras, y otros y otras más, dando vida al ambiente literario y cultural castreño”.

Nosotros agregamos otros nombres que participaron de ese taller: Sonia Caicheo, Oscar Galindo, Mario García, Jaime Márquez, José Teiguel, Nelson Torres, Jorge Velásquez y al joven autor radicado en Magallanes, Aristóteles España. 

En un texto de su autoría publicado recientemente, “Castro desde adentro. 34 entrevistas”, ediciones Aumen 2022, el propio Carlos Trujillo dedica las páginas 89 y 90 para establecer un diálogo con su compañero, titulado “Renato Cárdenas: figura señera de la cultura chilota”. Ambos rememoran a su manera, el origen del mítico movimiento literario. Cárdenas le confidencia:  

“Propusimos talleres con los estudiantes. Nosotros seríamos sus entrenadores. Yo traía la experiencia del grupo de la universidad en Valparaíso. Así nació el ‘Aumen’, ‘el Eco de la Montaña’”. Nos interesaba con Carlos Trujillo, el sonido lingüístico de Chiloé. Fue el primer abrazo con nuestra tierra. Con los jóvenes hacíamos poesía, con los viejos conversábamos y rescatábamos ese mundo arcaico que se desprendía vertiginosamente de Chiloé. Así nacieron dos libros: “Apuntes para un diccionario de Chiloé” y “Caguach, isla de la devoción”. La poesía corría por su propia vertiente en nuestras manos y las de nuestros estudiantes. En estas incursiones íbamos comprendiendo de manera más holística nuestro territorio, su cultura, y nuestros pasos se volvían impronta, dándole sentido a nuestras vidas”.

Es indudable, que Carlos Trujillo le confiere el liderazgo a Renato Cárdenas en la gestación del movimiento, como se desprende de esta aseveración:

“Podría decirse que Renato fue el armador del barco, un barco que él mismo empezó a armar pero que terminamos armándolo entre todos y esos mismos todos y todas nos volvimos los tripulantes. El barco navegó por muchísimas aguas y tuvo que eludir muchas tormentas en esos años tormentosos, pero como es lógico no pudimos salvarnos de todas”.

“Muy pronto se volvieron algo común las publicaciones (trípticos, revistas, hojas sueltas), los recitales, las invitaciones a escritores e intelectuales mayores y Aumen fue haciéndose un nombre en Castro, en Chiloé, en el sur de Chile, en todo el país”.

El grupo Aumen ejerció una influencia enorme en la renovación del discurso poético chileno. Indicado a menudo, como el primero surgido en plena dictadura cívico militar, -abril de 1975-, su ejemplo fue imitado con la aparición, en otros lugares del país, de grupos literarios contestatarios al sistema imperante. A principios de 1976, se fundó en Ancud el grupo Chaicura (en lengua veliche, “voz de las piedras”) que tuvo entre sus participantes a Mario Contreras Vega, -fundador del taller-, Clarisa Cárdenas, Rosabetty Muñoz, Esteban Barruel, Amado Mansilla del Valle, Sergio Mansilla, la magallánica Milagros Mimica Soto, Julio Norambuena, Julio César Ojeda, Elena Vera Guerrero y al propio Carlos Trujillo.

Aumen y la Patagonia

El escritor puntarenense Pavel Oyarzún indica en la introducción del libro “Antología insurgente. La nueva poesía magallánica”, impresos Atelí, 1998; que la incidencia de Aumen se advierte en el despertar de talleres literarios, congresos de escritores y publicaciones hechas a mimeógrafo. Oyarzún pone de ejemplo, el “Encuentro de la joven poesía del sur de Chile”, celebrado en agosto de 1977 en Valdivia, iniciativa surgida desde los estudiantes de las carreras de Castellano y Filosofía de la Universidad Austral. En ese cónclave, participaron autores como Nicolás Miquea, José María Memet, Clemente Riedemann, Sergio Mansilla, Mario Contreras Vega, Nelson Vásquez Torres, Milagros Mimica Soto, Gustavo Adolfo Becerra, Germain Flores. 

Pavel Oyarzún señala que los textos de estos poetas se publicaron en mayo de 1978, y que, en agosto del mismo año, se realizó en Punta Arenas, el Congreso de Escritores Jóvenes, “en el cual se analizó, entre otros temas, el panorama de la literatura regional y su evidente estancamiento, en cuanto a la aparición de nuevos valores en poesía y narrativa. De este Congreso, surge, en el mismo año, el Centro de Escritores Jóvenes (1978-1986) del cual fueron parte Aristóteles España, Luis Alberto Barría, Eugenio Mimica Barassi, María Neira, Juan Garay, Maribel Valle, entre otros”. 

Junto con hacer un somero análisis de esta nueva generación de autores, menciona además, algunas obras del período que podríamos considerar como fundacionales:

“Con la formación del Centro de Escritores Jóvenes, en 1978, se dan a conocer algunos textos comprometidos, de una u otra forma, con el devenir histórico-social y con el reflejo de las contradicciones humanas de rigor. En este proceso inicial juega, también, un rol preponderante el poeta Aristóteles España, quien, en octubre de 1978 publica el libro “Incendio en el silencio”. Seguidamente, otro de los gestores del Centro de Escritores Jóvenes, Luis Alberto Barría, publica el libro “Despertando en otra luna”, en el mismo año. En ambos textos, se plasma una inquietud poética que fija su interés en un decir de mayor profundidad y a través del verso libre”.

Oyarzún es categórico al señalar que, en paralelo a las obras descritas anteriormente, los textos “Súbitamente entre luces” de Juan Garay; “El poeta derribado”, de Ramón Díaz Eterovic, y, sobre todo, “Equilibrios e incomunicaciones”, de Aristóteles España, creaciones editadas en 1980, “se termina, en cuanto a publicaciones de libros, la omnipresencia del paisajismo y las estampas magallánicas entre los jóvenes poetas del extremo austral”.

Creemos, que una labor fundamental en la difusión del material editado lo constituyeron las revistas literarias producidas en aquel tiempo en el país, destacando los nombres de “La castaña”, “El100 pies”, “La gota pura”, “Archipiélago”, “Envés”, “Posdata” y “Momentos”, este último, órgano oficial del Centro de Escritores Jóvenes de Magallanes.

Finalmente, Pavel Oyarzún considera al grupo Aumen como el iniciador de una renovación poética en el sur de Chile:

“Con Renato Cárdenas y Carlos Trujillo a la cabeza, esta agrupación es la responsable de una irrupción poética de gran trascendencia no sólo para la poesía de Chiloé, sino que, por variadas razones, su producción influye en todo el sur de Chile, incluida la Patagonia. Paradojalmente, en el período más duro y dramático de la dictadura -como más tarde ocurriría en Magallanes- Aumen renovó la poesía sureña. Superó el mero paisajismo. Aun cuando mantuvo elementos propios de la poesía lárica, su producción estaba marcada al mismo tiempo por la intención de ser una respuesta literaria a los primeros años dictatoriales. Le imprimió al texto poético una potencia contemporánea, que conectaba con la poesía latinoamericana, en aquellos acuciantes años. Libros como “Escrito sobre un balancín”, de Carlos Trujillo, o “De Indias”, de Nelson Torres, son una clara muestra de esta inauguración y desarrollo de un nuevo tiempo poético, en la poesía de todo el sur de Chile. En perspectiva, la fundación de Aumen, por Renato Cárdenas y Carlos Trujillo en 1975, es un hito fundamental en la poesía chilena de los últimos cincuenta años”.

Nosotros pensamos que el ejemplo de Aumen se extendió no sólo al género poético. En narrativa, surgieron las voces de Eugenio Mimica Barassi con los libros de cuentos “Comarca fueguina” (1977) y “Los cuatro dueños” (1979), Premio Municipal de Santiago, en 1980 y Juan Mihovilovich, autor distinguido en varios concursos nacionales, cuyos primeros relatos fueron reunidos posteriormente, en el libro, “El ventanal de la desolación” (1989).

Recordemos que el Centro de Escritores Jóvenes produjo abundante actividad dramatúrgica. Luis Alberto Barría escribió “El paraguas rosado”, (1977); y las obras de corte infantil, “Las avecillas de verdad” (1978); y “La varita mágica”, (1982). En tanto, Hernán Andrade Martinic, escribió las piezas “Rueda la rueda” y “El vuelo de Dagoberto”, ambas estrenadas en Punta Arenas y, Andrés Pérez Araya, el clásico, “Las del otro lado del río” (1978).