Necrológicas

“Tómala, métete, remata…” (el Mundial del ’62) 3ª parte

Por Marino Muñoz Aguero Domingo 3 de Julio del 2022

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Chile sería la sede del Mundial de Fútbol de 1962, había que ponerse manos a la obra para la organización general y deportiva. En cuanto a las ciudades que recibirían a los competidores, se pensó inicialmente en Arica, Antofagasta, La Serena, Valparaíso, Viña del Mar, Rancagua, Talca Concepción y, evidentemente, Santiago.

En el plano económico el país de ese entonces, según estudios en la materia, muestra indicadores menos favorables que los actuales en cuanto a producto, ingresos, inflación, endeudamiento externo, esperanza de vida y otros, salvo aquellos referidos a la distribución del ingreso que, apuntan a una mayor inequidad en la actualidad que en el referido periodo. Con una población de 7.683.200, ggobernaba la nación Jorge Alessandri Rodríguez, representante de la derecha política y económica, en un mandato no exento de conflictos, en especial con la clase trabajadora.

El deporte y, el fútbol específicamente, era más pasión que negocio, los jugadores no recibían sueldos millonarios, ni existían personajes e instituciones conexas que lucraran desmedidamente con esta actividad.   Aún no llegaba la dictadura del “merchandising” con la exacerbación de lo accesorio por sobre lo principal: el fútbol era protagonista, y no la excusa para otros afanes de falso y siútico fanatismo aspiracional de nuevos ricos, como el “asaíto” o “la previa”, términos y eventos más que manoseados en la publicidad actual. En esos años ni siquiera había lugar para poner una parrilla en la casa, pues los pocos televisores disponibles, generaban la solidaridad por parte de quienes tenían un aparato y recibían en sus casas al vecindario en pleno, lo mismo sucedía con los televisores instalados en vitrinas, colegios, clubes deportivos o sedes vecinales. El Mundial marcaría precisamente la profesionalización y una relativa masificación de la televisión.

Ir al estadio era un acontecimiento familiar y social, la gente se ponía sus mejores “pilchas” para ir a ver fútbol. Era una actividad para todo el pueblo, y el público de las tribunas no difería del de las galerías, como tampoco se daba la segregación por barrios o clubes asociada al nivel socio económico, y no existían las barras bravas.

En plenos preparativos un suceso pondría la nota de suspenso; la tierra tembló. El 21 de mayo de 1960 un sismo de 7,5 grados con epicentro en Concepción, afectó la zona comprendida entre el Norte Chico y Llanquihue. Al día siguiente se produjo el más violento sismo del que se tenga registro desde que se efectúan las mediciones a nivel mundial: 9,5 grados Richter y 11 a 12 Mercalli, son los datos del movimiento telúrico. Con su principal epicentro en las cercanías de Traiguén, con una duración de más de diez minutos seguido de maremoto, pasó a la historia como el “Terremoto de Valdivia”. El movimiento afectó a gran parte de la zona centro-sur del país; desde Ñuble hasta Aysén y el maremoto tuvo efectos en Rapa Nui, Estados Unidos (Hawái y California), Japón, Filipinas, Nueva Zelanda y México (Baja California y Guerrero).

El fenómeno natural puso en alerta a las autoridades de la FIFA y a parte de la opinión pública nacional. No obstante, el dirigente Carlos Dittborn, logró el apoyo del Presidente de la República, comprometiendo financiamiento por parte del Comité Organizador, señalando incluso que la justa deportiva podía contribuir a las tareas de reconstrucción del país. Sólo se pidieron fondos para las obras de la ciudad de Santiago, por lo cual, del aporte inicial del estado ascendente a tres mil millones de pesos de la época, se obtuvo un tercio (ello echa por tierra el mito que se retiró todo el aporte fiscal).

Las sedes se redujeron a cuatro incluido Santiago. Arica, gracias aporte de la Junta de Adelanto de la ciudad y por la posibilidad de la llegada de hinchas peruanos. En Rancagua la Minera Braden Copper Company, que explotaba el Mineral El Teniente y era propietaria del Estadio Braden, se comprometió con las obras. Viña del Mar con su casino y una municipalidad con recursos, fue preferida a Valparaíso.

Continuará…