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“Prisión blanca”

Por Alfredo Soto Martes 2 de Agosto del 2022

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Prof. Alfredo Soto Ortega
Gaia/Antártica

Estamos en el mes que nos recuerda una hazaña histórica, vinculada a la primera presencía oficial de Chile en el continente antártico, a pesar que en la actualidad existen otros relatos que fueron desclasificados de documentos también historicos, que dicen que la bandera chilena ondeó en los vientos polares allá por los años 1820, justamente en los mismos periodos de lo que se indica como el año del real descubrimiento del continente blanco, o que Chile estuvo representado en la Antártica en 1903 por un oficial de la Armada de Chile, en el también glorioso rescate de la expedición de Otto Nordenskjöld cuando la corbeta Uruguay de la armada argentina prestó auxilio a la expedición Sueca. Los relatos y muchos abordan y se acuñan como resultado de experiencias trágicas de pérdidas de embarcaciones o de quedarse atrapado a los hielos.

La edad heroica de la exploración de la Antártica describe una época que se extendió desde finales del siglo XIX hasta principios de la década de 1920. Durante este periodo de 25 años, la Antártica se convirtió en el centro de un esfuerzo internacional que se tradujo en una intensiva exploración científica y geográfica, se pusieron en marcha dieciséis expediciones importantes de ocho diferentes países. El factor común en estas expediciones fue el carácter limitado de los recursos que tenían disponibles antes de que los avances en la tecnología del transporte y las comunicaciones revolucionaran el trabajo de exploración. Esto significa que cada expedición se convirtió en una hazaña de resistencia que puso a prueba los límites físicos y mentales de los exploradores, y en algunas ocasiones se superaron. La etiqueta de “heroica”, otorgada más tarde, fue un reconocimiento a las adversidades que tuvieron que ser superadas por estos pioneros, algunos de los cuales no sobrevivieron a la experiencia, durante este periodo diecisiete miembros de las diferentes expediciones murieron.

Hoy día y con los grandes avances de la tecnología, un mayor conocimiento y experiencia de cómo enfrentar las “tenazas del hielo” como así lo llamaba Sir Ernest Shackleton, aún se puede ver que la naturaleza es la que ordena y como también así mismo lo acuñaba en su diario de navegación en el “Endurance” barco emblemático de una hazaña de la superviviencia….“Lo que el hielo atrapa…se lo deja y no lo devuelve”…Conmoción periodística fue lo que ocurrió en el año 2014, en donde se resaltaba que un barco ruso atrapado en la Antártica, el Shokalskiy que en su minuto seguí los acontecimientos minuciosamente y que en principio y casi en tono de burla su capitán menciona en las primeras horas de atrapados….“No es necesario un rescate….estamos a sólo 2 kilómetros de mar abierto….el viento cambiará y podremos salir”….el viento cambió eso fue real pero para la mala fortuna del capitán este lo atrapó con mayor fuerza y lo alejó mucho más de lo que él consideró sólo un momento de espera….tanto la tripulación como sus pasajeros, se mostraban alegres y emocionados de estar viviendo lo que exactamente hacía más de 100 años se había vivido en una odisea similar pero en circunstancias y recursos muy diferentes. El Endurance, barco del renombrado Sir Ernest Shackleton, había quedado atrapado también con un final trágico para la embarcación y una vivencia histórica de sus integrantes y que gracias a la pericia de la tripulación de la escampavía Yelcho dirigida por su piloto Luis Pardo Villalón el “verdadero Héroe” de esta hazaña arriesgando la vida e imagen de su propia institución, logró salvar a toda la tripulación, ya en condiciones últimas de vida. Las experiencias vividas conjugada con los avances de la tecnología y las comunicaciones  sobresalen con pasos agigantados….pero la naturaleza, su rigor, su personalidad y su eficacia es la misma de siempre y se hace notar, ayer estos pasajeros estuvieron a salvo, pero las consecuencias posteriores fue que dos barcos altamente equipados con la  tecnología de punta y aún así se encontraron atrapados en una verdadera “prisión blanca”.