Necrológicas
  • Oscar Luis Cárdenas Ordenes
  • Ema Costa Iribarren
  • Manuel Suárez Mattioni
  • Mercedes Pizzulic Piffautt

Cómo dialogar con nuestros mayores que sufren deterioro cognitivo

Por Ramón Lobos Velasquez Miércoles 3 de Agosto del 2022

Compartir esta noticia
60
Visitas

Ramón Lobos Vásquez,
médico geriatra y paliativista

Es frecuente en el trabajo profesional que surjan consultas por parte de la familia de los pacientes con deterioro cognitivo. Desde el diagnóstico, se abre para las familias una multiplicidad de cuestionamientos e inquietudes que tratan de resolver. Una consulta médica o profesional y sus tiempos no alcanzan para responder muchas de las consultas. Más aún, en el día a día van surgiendo inquietudes y preguntas que difícilmente alcanzan a tener respuesta.

Una de las consultas más frecuentes es cómo se les trata o cómo se establece comunicación con los mayores demenciados o con deterioros mentales.

Es frecuente que muchas familias o conocidos se dirijan a ellos como quien habla con niños. En un lenguaje o modo infantil. Reforzando la idea errada que los mayores se vuelven como niños. Nada más errado para con ellos, con su historia vital y su estado actual.

Los mayores no son como niños. A diferencia de ellos tienen una historia de vida desarrollada, que aún con deterioros mentales avanzados igualmente se expresa o es posible observar. Por lo cual, la forma más adecuada y pertinente guarda relación con tratarlo como un semejante o igual. Haciendo -evidentemente- los esfuerzos para facilitar la comprensión y la respuesta según su condición.

El esfuerzo y trabajo lo hace quien se comunica con él. ¿Cómo?  En primer lugar, con mensajes claros y precisos. En caso de preguntas, hacerlas en forma simple y directa. Para que la comprensión y respuesta también lo sea: ¿Tienes frío? ¿Quieres salir?

Utilizar un lenguaje que sea fácilmente comprensible, simplificado. ¿Cuál camisa quieres usar hoy? (Al tiempo mostrarle una camisa azul y una blanca, por ejemplo).

Es importante al momento de entablar comunicación con ellos no dialogar tratando de hacerlos razonar o discutir con ellos. Hay que ser empáticos en esto. Entregar mensajes cortos y precisos, para que vaya construyendo una respuesta. Que sea parte de su elección si es posible. No dirigirlo ni provocarlo, porque eso complica y dificulta la comunicación con ellos.

No se debe utilizar un lenguaje que lo avergüence o le haga sentir que está cometiendo errores. No corregirlo ni culparlo de los errores cometidos. Por ello, es importante no hacerle notar que padece de olvidos o trastornos de memoria. Nunca decirle “Pero ¿No te acuerdas?”. Es angustiante escuchar la frase de que debe recordar algo. Por eso es bueno dar ayudas para hacer presente el encuentro con ese recuerdo. Nos sorprenderemos de lo que es capaz de “recordar” con las debidas ayudas.

Nunca les digas “…Ya te lo dije”. De ser necesario repítelo las veces que sea necesario para su total comprensión. Los procesos en los mayores son algo más lentos que en personas más jóvenes. Por ello, para que logren aprender una nueva conducta como recordar un número, por ejemplo, habrá que repetirlo varias veces más que a edades más jóvenes. La velocidad de aprendizaje y de recuerdo se van enlenteciendo con los años. Por lo cual, debemos ser incluso condescendientes con personas de nuestra misma edad. Porque los deterioros no impactan por edad, sino por factores ambientales, que guardan relación con otros aspectos del área social o relacional o con la historia vital de cada uno.

En los servicios públicos o privados vemos frecuentemente que el mensaje o la forma de comunicarse con los mayores es rígida y similar para toda edad. En vez de ir modulando, de acuerdo a las necesidades que cada usuario vaya requiriendo. Es una conducta que necesariamente hay que estructurar, e ir cambiando hacia una atención personalizada para los mayores. Partiendo por el lugar donde se les atiende. Buscando ambientes libres de distractores ambientales, para hacer más fácil la comprensión del mensaje o indicación a entregar.

Una de las afrentas más graves observadas es aquella en que el entorno actúa como si el mayor no existiera. Hablar delante de él como si no estuviera. Como si no fuera capaz de darse cuenta que se está hablando de él, de sus necesidades o de su desempeño. Esa forma de menospreciarlo causa mella en su autoestima. Y entorpece sus futuros desempeños. Es lo que diferencia el trato de niños con mayores. Estos nunca podrán asimilar que se habla de ellos entre mayores. Es la gran diferencia. Siempre hay que considerarlo como un adulto. Merece ese trato digno.

Hay que aprender a comunicarse con los mayores, porque la familia va envejeciendo con su adulto mayor. Por lo tanto, debe ir adaptándose a esos cambios.

De allí la importancia que nuestros mayores no estén solos. Que la familia sea un amortiguador de los cambios en su entorno. Y aquellos que están solos tengan una red social comunal que sea protectora y los cuide efectivamente.

Es lo mínimo por ellos. Eso marca la diferencia entre las distintas sociedades en este país y en nuestras comunidades. Se merecen ese esfuerzo común por ellos.