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Plebiscito: La jalea ya está hecha

Por Arturo Castillo Cabezas Domingo 14 de Agosto del 2022

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El jueves recién pasado se consumó la incautación de la soberanía popular, con la embobada aprobación de quienes seguramente merecen ser expropiados de sus derechos. El libreto de la farsa no es nuevo, aunque para muchos sea desconocido: Quienes fueron dejados de lado con una repulsa de casi 80%, son ahora los salvadores de un proceso constitucional que les había sido negado.

No bien estuvo listo el borrador constitucional, y peor una vez impreso el texto definitivo, no fue la gente común, no fue el “pueblo soberano”, el que salió a gritar a los cuatro vientos televisivos, que la cosa era un engendro sin pies ni cabeza, o que esto o que lo otro, ¡no! fueron los de siempre, que vislumbraron de inmediato que la micro estaba detenida y podían subirse por la puerta trasera, quienes insuflaron un ánimo perfeccionista en la ciudadanía que suele estar ávida de tragar cualquier cosa dicha por famosos, y a la que ofrecieron ipso facto sus buenos oficios para deshacer el entuerto, acordando rápidamente qué cosas hay que cambiar a la propuesta que votaremos.

¿Cuando vote, mi voto significará que apruebo el texto legítimo de la Convención redactora, o significará que apruebo, pero para que cambien lo que quieran los políticos, que no son ni el 5% de los que les dijimos que no se metieran? ¿Si voto rechazando, será para mantener la Constitución actual, o para que la ajusten los mismos, pero del otro lado? ¿Y si ambos bandos después, como es casi seguro, en el Congreso no se dan la pasada?

¿Cómo votaría Ud. si se tratase de un candidato de carne y hueso, que le presenta un programa, pero le dice que si resulta elegido, lo va a cambiar sin preguntarle qué deja y qué cambia, porque pa’ eso están las encuestas? ¿Qué valor tiene mi voto hoy? Ninguno, será lo que otros decidan que va a ser. El suyo también.

Podrán decirle que habrá un referéndum, pero no necesariamente sobre los temas que nos interesen, será sobre lo que los iluminados dicen que han inferido de unas encuestas que no conocemos y que no forman parte legal del procedimiento que nos dimos.

Todos los gobiernos, cuando se les ha preguntado por las encuestas -sobre todo si andan mal- dicen que no se rigen por estas. Es curioso entonces que el único respaldo que ahora invocan todos -para evitar decir que es su propio deseo- sean las vilipendiadas encuestas, de las que hay variedad y dispersión de datos, como para acomodar desde una bici hasta un tren. En nombre de las encuestas, hemos sido expropiados de nuestro derecho a decidir, así, rapidito y contentos.

“O TEMPORA, O MORES”. La frase de Cicerón, un aforismo de cómo cambian las cosas con el tiempo, calza a la perfección con nuestro presidente, que el 15 de julio decía que a través del Congreso, convocaría una votación para que elijamos una segunda Convención Constituyente, encargada de redactar la Carta Fundamental, porque “es el camino que decidió tomar Chile cuando votó el 25 de octubre [de 2020] en un plebiscito por una nueva Constitución, que sea redactada por un órgano 100% electo para ese fin”, según explicó el Mandatario. Ahora resulta que basta con aprobar las reformas que ellos acuerden, y sólo si no resulta, se hará lo que dijo que haría.

Lampedusa escribió “El Gatopardo”, sin imaginar a tantos seguidores por estos lados, pero acuñó lo que mejor saben nuestros salvadores: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie. (…) Una de esas batallas que se libran para que todo siga como está.”

Por mi parte -no tiene por qué ser la suya- no comulgo con ruedas de carreta, ni me trago cualquier sapo, de modo que muchas veces no voté por nadie, porque respeto mi voto, lo valoro, debe representarme lo más fielmente posible, y esta vez, al final otros decidirán espuriamente qué se hará con mi voto, cambiando cosas que yo tal vez no quiero cambiar, o dejando cosas, que yo -o Ud. pero no las encuestas- queremos que se queden. ¿Por qué, si no tienen cómo saber nuestra verdadera intención al votar, en vez de suponer que la mayoría del total será para reformar, no suponen lo que dice la Constitución en su artículo 142, que es “apruebo” o “rechazo” y punto? Si de veras respetan a la ciudadanía, no se las den de pitonisas, modifiquen de nuevo la Constitución, y agreguen la posibilidad de votar por aprobar o rechazar para reformar, pero no le pasen la aplanadora a quienes quieran votar lisa y llanamente lo que está dispuesto por el Estado de Derecho, sin ambigüedades. Esa es lo que decidimos en la única encuesta válida, “el plebiscito de entrada”.

Cuando Julio César cruzó el río Rubicón, límite político de la antigua Roma, dijo “Alea jacta est”  es decir “la suerte ya está echada”, pero me parece que no estamos a la altura de Roma y su emperador, nuestro proceso ha sido tan acomodaticio, tan manoseado, que ni siquiera los redactores salen a defender su texto, así es que apenas nos alcanza para decir que la jalea ya está hecha, y sólo quieren que nos la traguemos.