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  • José Germán Cariñanco Mansilla

¿»Las maras» en Chile?: factores que motivarían su arribo y la “complejidad” de enfrentar a estos grupos criminales

Por La Prensa Austral Viernes 20 de Enero del 2023

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  • La sospecha por la presencia de la organización delictual en el país obedece a la ofensiva que el Presidente de El Salvador
    ha levantado en su contra, pero también en las “oportunidades” que ofrecería nuestro país para su instalación.

Si usted me pregunta si hay organizaciones criminales de otros países, que están incidiendo en Chile, yo les voy a contestar que sí”. La frase del subsecretario del Interior, Manuel Monsalve, puede no ser inédita, pero sí una clara confimarción a la realidad que atraviesa Chile hace algún tiempo en esta materia, y especialmente a las urgencias que se despiertan para enfrentar este escenario. 

Esto, porque si bien los informes del Ministerio Público vienen advirtiendo al menos hace tres años que el crimen organizado llegó a Chile, una nueva sospecha se instaló el lunes de esta semana en la Cámara de Diputados, en la tercera sesión de la comisión investigadora sobre la macrozona norte: ¿Llegaron las maras salvadoreñas al territorio nacional? 

La consulta la hizo el diputado Jaime Araya (Ind. PPD), a raíz de la eventual posibilidad de que esta organización criminal que opera en El Salvador -pero también en Honduras y Guatemala-, haya buscado “migrar” tras la ofensiva a la delincuencia iniciada hace meses por el Presidente Nayib Bukele. En respuesta, el subdirector de Inteligencia, Crimen Organizado y Seguridad Migratoria de la PDI, prefecto general Luis Silva Barrera guardó silencio unos segundos, y luego señaló: “Para ser fiel a esa respuesta, pediría hacer en una sesión reservada, por favor”. 

Pero la diputada (PS) Danisa Astudillo, quien participará de la sesión reservada del próximo lunes, adelantó ayer que según la información entregada en la comisión investigadora, “ya habrían ingresado a nuestro país distintas bandas criminales, y posiblemente las maras también estarían en nuestro territorio; esto significa que el gobierno tiene que tomar medidas mucho más drásticas”. 

El miércoles, la prensa volvió a insistir en el tema, esta vez, al subsecretario Monsalve, quien tras reunirse con el fiscal nacional, Angel Valencia, recordó las advertencias contenidas en los informes del Ministerio Público: “Estamos viviendo una amenaza, progresiva, creciente, de organizaciones criminales más complejas, y más violentas. Por lo tanto, las instituciones no se pueden sorprender, sino que deberían haber tomado todas las medidas para que la situación no se agravara”. 

Si bien la autoridad del ramo enfatizó en que se están tomando medidas operativas e iniciativas legales frente a estas amenazas, quedaron en el aire una serie de dudas sobre este grupo y sus efectos. ¿Quiénes son?, ¿por qué habrían llegado al país?, ¿cómo operan?, y sobre todo, ¿cómo enfrentarlos?

Las maras y la
ofensiva de Bukele 

La Mara Salvatrucha, también conocida como MS13, es una de las pandillas de Centroamérica más conocidas, con gran preponderancia en El Salvador, Honduras y Guatemala, aunque sus redes llegan hasta Europa. La particularidad es que MS13 nació en la década de los ‘80 en los barrios de refugiados de Los Angeles, y su gran presencia en Centroamérica obedece a la masiva deportación desde Estados Unidos.

Sus integrantes son reconocidos por utilizar tatuajes en su cuerpo que simbolizan historias de vida o el tiempo que han estado en prisión a causa de los crímenes que protagonizan. En tanto, sus actividades criminales principales son la extorsión, narcotráfico, contrabando de armas, secuestro, robo y asesinatos por encargo, entre otras. 

Cuando Bukele era candidato, prometió enfrentar a las pandillas salvadoreñas, y tras resultar electo, tomó esta misión como una de sus principales banderas. De hecho, en marzo del año pasado, tras registrarse un asesinato a 87 personas, instaló un régimen de excepción en el país, donde se suspendieron derechos constitucionales como la libre asociación y reunión, lo que a su vez permitió un fuerte despliegue policial y militar. La ofensiva en las cárceles también ha dejado muertos, lo que incluso ha llevado a que el tema fuera denunciado por la comunidad internacional en materia de derechos humanos. 

“No me importa lo que digan. Que vengan acá y protejan a nuestra gente. Pueden llevarse a los pandilleros si quieren, se los damos todos”, ha dicho el Mandatario salvadoreño en respuesta a las críticas. Incluso, fue más allá y en octubre cambió la estrategia, al pasar de detenciones masivas contra integrantes de las pandillas a la búsqueda de los últimos “homeboys”, como se conoce a los pandilleros, especialmente a los integrantes de la Mara Salvatrucha. 

El Mandatario reconoció en aquella oportunidad que ya era más complejo detener a “lo que queda de las pandillas; ya no podemos hacer mil arrestos diarios, hacemos 80”. En definitiva, una operación de rastrillo que -criticada y aplaudida-, ha tratado de llevar al extremo el combate criminal.

Presunta
llegada a Chile 

La duda instalada por el diputado Araya es, entonces, casi de sentido común: un país que le “achica el cerco” a las pandillas hace que, inevitablemente, éstas busquen llegar a otras zonas de Latinoamérica para “sobrevivir” y poder continuar con sus negocios ilícitos.

En conversación con Emol, la investigadora de AthenaLab, Pilar Lizana, concuerda en que “lo que vemos es que se está presionando a las maras en El Salvador, y eso necesariamente va a tener una reacción. Esto llevaría a que las maras lleguen a otros países, de hecho, no hay que olvidar que ellos nacen en Estados Unidos, en los ‘80. Este tipo de organizaciones, siempre van a reaccionar a lo que el Estado esté haciendo”. 

Pero, por cierto, hay otros factores que pueden hacer atractiva la llegada de estos grupos a Chile en particular. A juicio de la investigadora, “hoy nuestro país está presentando oportunidades para que estos grupos del crimen organizado, nos miren como una oportunidad”. Uno de esos aspectos es esta “frontera permeable” que les permite no sólo cruzar una frontera irregular, sino que también les sirve como pasadizo para tráfico de migrantes o armas.

En esa línea, el subsecretario Monsalve también ha entregado su análisis. Según explicó el lunes, esta situación se ha dado debido a la crisis migratoria en América Latina, “porque los 7 millones de venezolanos que han salido de manera forzada de su país, están en la frontera de distintos países latinoamericanos y, por lo tanto, para las organizaciones transnacionales uno de los negocios más rentables que tienen además del narcotráfico es el tráfico ilícito de migrantes y la trata de personas”.

Debido a eso, “que haya organizaciones criminales de otros países dedicándose al tráfico ilícito de migrantes para ingresar de manera irregular a ciudadanos extranjeros a Chile hace que estas organizaciones se hayan acercado al país”, dijo la autoridad. 

Asimismo, las investigaciones de AthenaLab apuntan a que “tenemos problemas de fiscalización de las economías criminales, y aquello será explotado por otro tipo de grupos. Es decir, dejamos espacio para que puedan instalarse en territorio nacional”. 

Esto lleva a un tercer elemento problemático y mucho más evidente: la disputa territorial de las células de esas bandas criminales, que deja decenas de homicidios a su paso. En la Región de Tarapacá, por ejemplo, ya se han registrado al menos ocho en lo que va de este 2023; el fin de semana del año nuevo también fue violento; y ahora último comenzamos a ver noticias de cuerpos calcinados. “Primero nos impactábamos, pero ahora nos estamos preocupando sobre si esto es una tendencia”, sostiene la investigadora.

El desafío de
desarticular el
crimen organizado

Es cierto que estas células de organizaciones criminales han comenzado a llegar paulatinamente el país, y aunque una mirada optimista podría apuntar a que esto aún podría ser una ventaja para enfrentarlas, el problema es que identificarlas y desarticularlas no sólo requiere sentido de urgencia, sino que también dedicación y actitud colaborativa de todos los actores. 

Un ejemplo de la velocidad y persistencia de estas células es el Tren de Aragua. En junio del año pasado, la Fiscalía de Arica y la PDI lograron detener a 17 miembros de la célula “Los Gallegos”, sin embargo, siete meses después -y tras una permanente investigación-, se logró detener a otros 12 sujetos en el cerro Chuño; la cúpula se había rearticulado.

“Esto demuestra que son grupos donde la organización es lo más importante. Por eso, el desafío está en cómo combatir a la propia organización. Podemos sacar a las personas, pero dependiendo que el rol que el grupo juegue en la organización, se podrán rearmar más o menos rápido”, comenta Lizana. 

Asimismo, es clave tener controlado el factor corrupción, otro de los alimentos y tentaciones para estos grupos criminales. “Estos grupos van a crecer en función de cuánto puedan corromper el Estado, y mientras más vayan llegando al país, hay un relato sobre las oportunidades que les estamos ofreciendo y las debilidades que existen como Estado. Claramente hay un peligro asociado de avanzar en niveles de corrupción”, sostiene. 

Las maras, por ejemplo, han logrado tal nivel de control en El Salvador, que incluso algunas instituciones pagan a sus miembros para poder garantizar su seguridad. 

Por otra parte, la investigadora sostiene que el hecho de que se haya citado a una comisión reservada para abordar el tema, se condice con la necesidad de cautela a quienes tengan que perseguir, investigar y sancionar a estos grupos. “Hay que tener cierto cuidado en cómo comunicamos, porque esta información genera cambios de conducta en la población, en medio de altos grados de inseguridad. Asimismo, hay que entender que el combate a un cartel o célula no termina en confirmar su presencia en Chile, sino que requiere un tiempo largo para combatirlo”, agrega la investigadora. 

Así las cosas, el hecho es que con todos los antecedentes que hay disponibles, tanto de los propios organismos encargados de la seguridad y persecución, de autoridades y expertos, la presencia de algunos grupos criminales es un hecho. Y lo que no se descarta, es que de no tomar medidas rigurosas, y de compatibilizar la capacidad técnica con incluso el diálogo político, se continuará hablando de sus amenazas y eventual instalación en Chile.

Emol