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Los inicios de la educación en Puerto Edén y el aporte de la cultura kawésqar al desarrollo pedagógico y valórico a los alumnos

Por María Angélica Dollenz Lunes 22 de Mayo del 2023

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El 14 de agosto de 1965, en la apartada localidad, que corresponde administrativamente a la provincia de Ultima Esperanza, fue inaugurado el colegio, que posteriormente fue bautizado como “Profesor Miguel Montecinos Contreras”.

María Angélica Dollenz

Los Homo Sapiens o kawésqar se educan en el edén de Magallanes, ubicado en la costa oriental de la isla Wellington, en el archipiélago de la misma denominación en el océano Pacífico.

Puerto Edén es una tierra diferente, un lugar donde la lluvia es parte del paisaje donde el espacio terrestre es mezquino y el mar es generoso. Una tierra que es el último refugio del pueblo Kawésqar. Un villorrio ubicado en el sector norte de la provincia de Ultima Esperanza, en una zona conformada por islas, islotes, canales menores y mayores que posibilitan la navegación de barcos de mediano calado y la zona continental constituida en parte por el gran campo de hielo sur, con presencia de ventisqueros y glaciares que hacen impracticable una comunicación terrestre a través de ella. Está a 620 kilómetros al norte de Punta Arenas y su relación administrativa más directa es con la delegación provincial de Ultima Esperanza con asiento en Puerto Natales.

Los kawésqar tienen una elevada educación y cultura, tiene una gran conexión con todo, con el agua salada, el mar, con el bosque, hasta el más mínimo sonido lo sienten. El eco, las montañas, los árboles que tienen diferentes ecos, aprenden de las hojas que caen, del bichito que se arrastra en el suelo, del ave que voló, del árbol que crujió, del ave que canta, su alegría, su tristeza, lo viven. Los kawésqar se basan en el número tres, ya que la organización básica es la familia, compuesta del padre, madre, hijo o hija. Usan la lengua kawésqar cuatro terminaciones lingüísticas para el pasado graduado y uno para el futuro restringido. En el aspecto valórico, desprecian la mentira, ensalzando la verdad. Pasado el primer año de vida, una vez que el niño o la niña caminaba y corría solo, la educación infantil estaba orientada hacia la autosuficiencia en que el cariño y la protección están presentes. La quietud bien pensada que los pequeños mantenían durante las muchas horas que pasaban en la canoa se contrastaban con la actividad lúdica desarrollada cuando llegaban al campamento, los juegos eran sencillos en cuanto a las normas, dinámica y materiales empleados, sin olvidarse de aquellas enseñanzas imperceptibles para los menores, entre las tareas que los mayores les encargaban: aserrar leña, buscar agua, mariscar, hacer canastos, ya que de muy pequeños los acompañaban en su quehacer e incitaban sus comportamientos incorporándoles imaginación y sentido lúdico para hacerlos más atractivos y divertidos. Es una educación infantil marcada por la obediencia, en donde nada de lo ordenado por los mayores es cuestionado y existiendo ausencia de castigo físico a edades tempranas.

Base de aterrizaje

La Fuerza Aérea, en la década del 30 del siglo XX, eligió a Puerto Edén como base para el amarizaje y abastecimiento de sus hidroaviones que abría la ruta a Magallanes. Y se construyó un edificio gigante, en uso constante hasta que el progreso de la aviación permitió la comunicación directa entre Punta Arenas- Puerto Montt- Santiago de Chile en escasas horas. En estos tiempos destaca Carlos Geymer Gómez, suboficial de la Fuerza Aérea, comisionado y encargado de la Posta Meteorológica en Puerto Edén en 1938  y fue profesor de varios Kawésqar entre ellos:

Alberto Achacaz Walakial

Nació en 1929 en Puerto Edén, un hombre kawésqar de pura sangre, habitante de la Patagonia occidental, que navegó en canales y fiordos pequeños. Se ganó la vida fabricando diminutas canoas, con pieles de lobos marinos y tejido de cestas tradicionales. Respecto a la educación que recibió se puede decir que: Tanto el padre como su madre fueron cariñosos con él, sin embargo quien lo cuidaba era su padre, que le iba enseñado cómo tenía que comportarse en la vida, le decía que no hiciera el mal y no fumara. Sobre las mujeres que tenía que cuidarlas y vivir bien con ellas, de los ancianos lo mismo, que había que cuidarlos y respetarlos, pues algún día él igual sería viejo. Sobre los niños que había que enseñarles porque recién estaban creciendo, para que aprendan a ser hombres y mujeres de bien. Para los hombres, por ejemplo, era malo robar, pelear con otros, ponerse desordenado, mujeriego, porque la mujer y el hombre sufrían. Sobre los abuelitos le decían que no debían jugar o travesear mucho con ellos porque estaban ancianos. Su obligación era cuidarlos y bajarlos a tierra si estaban dentro del bote y llevarlos al campamento. A su padre debía respetarlo, no podía juguetear con él ni molestarlo, de la misma forma con la mamá, los hermanos y los vecinos también. Debía vivir en comunidad y si había una persona herida la cuidaba su misma familia. De niño aprendió a nadar comenzando en la orilla del mar, de a poco, avanzando hasta llegar a la profundidad. Además jugaba en la playa tirando piedras al agua; cuando oscurecía y no podía jugar hacía pelotas con la guata de los lobos, la inflaba y la dejaba secar y con ella jugaba dentro de la carpa donde todos los chicos y los demás de edad participaban, como también en el juego de las manos ‘tira pa’ca tira para allá’, todo era muy alegre y así acortaban la noche porque en invierno era muy largo.

Durante el mes de enero de 1940, el Presidente Pedro Aguirre Cerda llega a la localidad de Puerto Edén, y establece los parámetros e instrucciones a la Fuerza Aérea de Chile en torno a esa austral localidad; llegando con su lema “Gobernar es educar”.

Lautaro Edén Wellington

En los comienzos de la aviación en Puerto Edén se eligió a un kawésqar de unos 10 años de edad, que parecía más despierto que sus demás compañeros. Con el nombre de Lautaro Edén Weington, fue enviado a educarse a la ciudad de Santiago. Se perseguía el mismo objetivo que el caso de Jemmy Button, formar y enseñar un jefe que fuera capaz de conducir a sus congéneres por las rutas de la cultura de la occidentalización. El pequeño Lautaro se incorporó como alumno y fue muy capaz de realizar el ciclo completo de estudios del colegio en que estaba internado; hasta el punto que en 1947, es provisto de un diploma de la aviación chilena. Ya educado formalmente, regresa por primera vez a trabajar a la Base Aérea de Puerto Edén, retornando a su tierra natal. A pesar de que estaba casado en la capital con una enfermera, desaparece una mañana del campamento, con una joven kawésqar. Había renunciado de golpe a diez años de vida formal de otra cultura, volvió a su vida tradicional de los nómades del mar. Pronto se le juntaron otros indígenas. Y durante dos o tres años, recomenzó la libre e independiente existencia de los nómades y cazadores de Puerto Edén. Lautaro, siempre en su papel de jefe de los Kawésqar, se adjudica a todas las mujeres jóvenes y vive de nuevo en su cultura original. Siguió pescando, cazando y efectuando actividades al aire libre en el paradisiaco Edén Magallanes.

Escuela de Puerto Edén

Durante los sesenta se construyó la Escuela de Puerto Edén de educación básica, fundada el 14 de agosto de 1965. En la década de los setenta, sobresale el profesor Miguel Segundo Montecinos Contreras casado con la también docente poeta Juanita Ester Sánchez Oyarzo. Fue director y profesor de la Escuela N°7 de Puerto Edén por resolución N°43.401 a contar del 20 de noviembre de 1971. Además fue profesional administrativo de la Dirección Provincial de Educación de Magallanes, importante docente en escuelas de Punta Arenas hasta ejerció en la fascinante Rapa Nui, marcando así una notable huella educativa en Puerto Edén que será reconocido en los inicios de siglo veintiuno, que continúa hasta nuestros días.

En los ochenta, en el proceso de municipalización de la educación, pasa a depender de la Corporación Municipal de Puerto Natales (Cormunat) por medio de resolución N°990 de 1981; cambiándose el nombre a Escuela básica de Puerto Edén G-6.

Ester María Edén Wellington

Oriunda de Puerto Edén, esta mujer se caracterizó por ser una fiel representante de su comunidad Kawésqar, siendo una de los pocos hablantes de este idioma. Activista que luchó gran parte de su vida por la recuperación de su cultura. Fue reconocida por su habilidad de bucear a pulmón; destacada dama que ha contribuido en forma notable a difundir la cultura y lengua Kawésqar.

Gabriela Paterito Caac

Desde muy pequeña ya ayudaba permanentemente a sus mayores acarreando leña, agua y tejer cientos de junquillos que su madre le enseñaba o ella misma aprendía observando por mera imitación de lo que veía en los demás. Mujer bilingüe kawésqar-español. Su contribución a la preservación de la cultura y lengua Kawésqar ha sido memorable.

Escuela Profesor Miguel Montecinos Contreras

En el año 2004, bajo el patrocinio de la Junji, el jardín infantil familiar étnico Centollita de Puerto Edén, a cargo de María Irene Maripillán, pone un fuerte énfasis en el rescate de la cultura Kawésqar. Para ello, trabajó con María Isabel Tonko representante de la comunidad Kawésqar, quien en forma voluntaria entregó sus conocimientos de la etnia para favorecer en los párvulos el rescate y valoración de distintos elementos de esa cultura. El jardín Centollita, además desarrolló una labor permanente en terreno, utilizando recursos naturales que el entorno provee, e incorporó a las madres en las diversas actividades del jardín, como apoyo a la educación de sus hijas e hijos. Y por resolución exenta N°0120 de 9 de marzo de 2004, el Ministerio de Educación asignó el nombre de Escuela Profesor Miguel Montecinos Contreras al establecimiento de educación básica de Puerto Edén. El nombre fue propuesto por la propia comunidad edenina en una terna elaborada al respecto. Además la escuela fue ampliada con la construcción de cuatro salas de clases, un comedor, cocina e incluyó la edificación de un patio cubierto. De igual forma, se repararon los baños, favoreciendo a más de treinta alumnos.

En 2015 esta escuela cumplió su cincuentenario o aniversario de oro, contribuyendo a una educación de excelencia en Edén. El establecimiento cuenta con un espacio total de 200 metros cuadrados, infraestructura sólida y sustentable, con salas de clases y otras dependencias como sala de profesores, sala de informática, biblioteca, comedor, servicios higiénicos, con una comunidad educativa que reúne también a los pueblos kawésqar y mapuches-huichilles, trabajo que enriquece el desarrollo pedagógico y valórico de las y los estudiantes.

En la presente década del veinte del Siglo XXI, se siguen educando seres humanos en Magallanes, en este particular y asombroso lugar como lo es Edén.

Los desafíos de un director de colegio
de optar por las zonas extremas

El profesor Víctor Ibarra Adriazola (42) cumple este mes su primer año al frente de la Escuela de Puerto Edén. Proviene de otra isla, Robinson Crusoe, donde estuvo tres años.

La señal telefónica en Edén no siempre es óptima, aunque este viernes tuvimos suerte para conversar con el docente. La explicación es que cuando abundan los buques en la bahía, se pierde la comunicación por celular.

Este viernes sólo dos de los 14 estudiantes estaban en clases. Los 12 restantes acusaban resfrío. Y, es que en los últimos días temporales de nieve y lluvia han azotado la zona. La particularidad es que muchos de ellos llegan al colegio por mar, en bote. Son pocos los que lo hacen caminando.

“Lo más cercano es Caleta Tortel, a 12 horas de navegación”, admite Ibarra, nacido en la Región de O’Higgins.

“Ya tenía experiencia de trabajar en zonas extremas, aunque acá hay una mejor conectividad que en Crusoe. Acá los buques de Navimag y Tabsa pasan tres veces al mes. Todas las semanas tenemos acceso a salir de Edén. En Crusoe era cada 15 días”.

Allá vive con su esposa y su pequeño hijo, quien el próximo año debiera ingresar a Kínder, por lo que deberían planificar su traslado.

El colegio depende administrativamente de la Corporación Municipal de Natales, que recientemente se adjudicó un proyecto de urgencia de conservación del sistema eléctrico, por 400 millones de pesos.