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Historias de Ases del Volante

Por La Prensa Austral Sábado 2 de Enero del 2021
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El Programa de automovilismo deportivo “Ases del Volante”, que se emite semanalmente los lunes por Radio Polar y Polar Comunicaciones, organizó un concurso para cerrar el año 2020. Ante la falta de competencias buscó opción de recordar la historia, anécdotas o los grandes momentos del automovilismo en nuestra región y en la Patagonia, como una alternativa para llevar de mejor forma estos tiempos de pandemia. La modalidad del concurso era la de relatar en forma escrita cualquier evento, vivencia o situación personal que se quiera resaltar y dar a conocer del automovilismo en la Patagonia. A partir de hoy comenzaremos a publicar las historias que concursaron y que fueron presentadas por pilotos, mecánicos o aficionados al
deporte motor. La primera, que fue la ganadora del concurso, fue escrita y presentada por el destacado ex piloto Leopoldo Turina Mimica.

El asado del honor

Corría el fin del campeonato de automovilismo deportivo Patagónico 1983 – 1984, en el pleno apogeo de la Turismo Carretera 5.000 c.c., con grandes expectativas por parte del público que colmó las tribunas naturales del autódromo de Cabo Negro.

Los mayores puntajes y la definición del campeonato estaban entre el piloto local Alejandro “Rancho” Pérez y el corredor argentino Juan Carlos Riquez. El que ganaba la fecha final era el campeón patagónico.

La prueba fue disputada “rueda a rueda” en dos mangas, donde el ganador fue Juan Carlos Riquez, quien recibió su copa por el campeonato e inmediatamente retornó a su ciudad, Río Gallegos, puesto que el día siguiente era lunes, día laboral.

Quien les escribe para ese entonces era vicepresidente de la Araad y también por algunos años jefe del departamento técnico de la Asociación, en mi calidad certificada de experto en motores.

Las revisiones técnicas suelen ser lentas y cansadoras, las mediciones son detalladas y precisas, cada mecánico inscrito desarma su motor mientras el fiscalizador lo examina certificando o no que se encuentra dentro de las normas técnicas que exigen los reglamentos.

OHHH! SORPRESA

Cuando el mecánico argentino nos estregó el motor del ganador…Ohhh! Sorpresa porque se trataba de un motor Ford 312. Como asistente tenía a Mario Vitelle del Club de Volantes.

Le digo “Mario este es un motor 312 Ford. Tú lo conoces bien”. Me responde que sí y juntos nos pusimos a mirar el ensamble y lo hicimos girar.

Nunca habíamos visto casi asomar el borde inferior de los pasadores de pistón bajo los cilindros, sin embargo los pistones quedaban al ras con la superficie del block.

Que maravilla de artesanía de motor hecho en Buenos Aires, según supimos, el eje de cigüeñal no era genuino del motor, se había cambiado lo que los tuercas llamamos “el volteo” (la carreras).

El corredor fue descalificado y se declaró campeón patagónico a Alejandro “Rancho” Pérez en su Chevrolet Malibu Coupe amarillo Nº 604.

Se armó una trifulca enorme que porque sí, que porque no, muchas presiones, para entonces el presidente de la Araad, Juan José Salas, casi renunció pero finalmente se mantuvo en su cargo.

A pesar de que no nos conocíamos con Alejandro antes de estos acontecimientos deportivos, después de esta historia me ha distinguido con su amistad hasta estos días.

AÑOS DESPUES

Pasaron algunos años y para unas vacaciones me dirigí en auto a Santiago vía Argentina, junto a mi señora y mis dos hijos aún pequeños.

Camino de tierra con muchos baches y sufrimos la rotura de los pernos que sujetan el escape en el múltiple, quedando los pedazos de los pernos cortados prisioneros en sus anclajes.

Despacio y con peligro de incendio llegamos a Río Gallegos buscando un taller mecánico que pudiera reparar el problema del múltiple.

Fuimos a la Ford y a varios otros talleres, pero nadie quiso recibirlo porque había que disponer de una broca de widia (para metales duros) para perforar los pedazos de los pernos cortados, incrustados y muy agripados por el calor, broca que no tenían.

UNICO TALLER

Así, buscando y buscando, llegamos a un taller, garaje y casa particular que tenía un letrero que decía “Fiat”, pero no había ningún auto Fiat.

Hablamos con el mecánico y dijo, “si, yo tengo la broca de widia de esa medida. Si me dejan el auto en el taller trabajando toda la noche se lo tengo listo para mañana al medio día”.

Así nos fuimos al hotel y en la mañana siguiente, al medio día, volvimos al taller con mi esposa y los niños caminando.

Cuando llegamos encontramos al mecánico en el antejardín haciendo un asado, nos hicieron pasar a la casa, nos presentó a su señora. Una señora joven y jovial, llena de vida, y no dijo “su auto está listo, quedó muy bien con pernos nuevos, hagan un viaje feliz y añadió les tengo preparado un asado”.

“Usted ni me reconoció, pero yo sí. Usted fue el revisor técnico que nos descalificó en la final del campeonato patagónico que habíamos ganado en Punta Arenas con mi piloto Juan Carlos Riquez. Yo soy “Cacho” Ramírez, el que usted descalificó”.

“Lo recibo con los brazos abiertos y le hice un asado por su comportamiento como juez fiscalizador donde hizo lo correcto”.

MOTOR DE
BUENOS AIRES

Me contó la historia de cómo se había mandado a hacer ese motor a Buenos Aires con alto costo y que el “trucaje”  loo habían realizado sin tener el reglamento a la vista, que él no había intervenido para nada pero que estaba consciente del revuelo que causó.

No nos quiso cobrar ni un peso, ni los materiales (la broca que utilizó era cara y escasa), nos despidió con su señora abrazada con sendos saludos agitando sus brazos.

Viajamos sin problema alguno comentando el alto “honor” que nos hicieron el matrimonio Ramírez. Al regreso pasamos a saludarlos con una hermosa porcelana que compramos en Santiago, regalo que perdurará en el recuerdo.

Año y medio después supimos que la señora de “Cacho” había fallecido de cáncer. De Juan Carlos Riquez nunca más supe. Sé que son buenos amigos con “Rancho” y de “Cacho” Ramírez, el hombre que me hizo el honor, tampoco supo más de él. Aún siento el eco de sus voces y evoco el recuerdo del retrovisor viendo agitar su saludo.

Leopoldo Turina Mimica, “Viejo Crack” categoría T.C. 2.000, académico de la Umag y experto en motores hasta hoy.