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  • Angela Irlanda Navarro Arteaga

El arte de la dramaturgia en Magallanes

Por La Prensa Austral Jueves 23 de Junio del 2022
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Cuando el territorio se aprestaba para conmemorar las llamadas Fiestas del Cuarto Centenario, las actividades artísticas y teatrales en Punta Arenas se concentraban en el principal coliseo de la ciudad: el teatro “Municipal”, aunque hacía ya un buen tiempo que la sala “Regeneración” de la Federación Obrera de Magallanes (Fom) ofrecía espectáculos para sus asociados y familiares, a través de su cuadro artístico creado meses antes de la venida al austro de Luis Emilio Recabarren, en el invierno de 1916.

A la incesante actividad teatral se agregaba la aparición del cine como medio masivo de comunicación y de cultura, que en Magallanes alcanzó un inusitado furor con el surgimiento de salas exclusivas para proyectar obras cinematográficas. Para 1920, -año del Cuarto Centenario-, existían, sólo en Punta Arenas, además del Municipal, los teatros salesianos, Fagnano y Colegio San José, en Arauco (hoy calle Fagnano) Nº652; Don Bosco, en Sarmiento Nº630; María Auxiliadora, en Avenida Colón Nº840; el “Victoria”, en calle Waldo Seguel Nº505; el “Royal” en Valdivia (hoy José Menéndez) Nº912 y el “Politeama”, ubicado en calle Aconcagua (hoy José Nogueira) Nº1193.

Es la época del llamado cine mudo, en que se ofrecían cintas, cuyas imágenes se mostraban sobre un telón de fondo, a menudo animadas con música en vivo. Las películas incluían inter títulos, para explicar la relación entre las escenas; en tanto, el sonido era replicado por un pianista, si bien a veces, era necesario incorporar un órgano para simular los efectos especiales, o una orquesta completa para reproducir un filme musical.

Habilitada para acoger obras dramáticas, espectáculos circenses, y veladas de boxeo, con sus 583 plateas, 350 balcones y 250 asientos para galería, el Teatro Circo “Politeama” se convirtió en poco tiempo, en la sala favorita y más concurrida de Punta Arenas. Era un gran espacio multiuso, capaz de cobijar en su inauguración, -parodiando al crítico cinematográfico magallánico, Dionisio Frangopulos Grandi-a la compañía de Mendoza- Serrano, con las zarzuelas “Alma de Dios” y “La corte del faraón”, o exhibir las comedias silentes “Ojo con los ladrones” y la cinta de cowboys “En defensa de la ley”.

A este recinto, que, en años previos a su estreno se le conoció como Teatro Magallanes, vino a ofrecer una serie de conciertos y operetas, la ya mencionada compañía “Mendoza-Serrano” a fines de 1919 y comienzos de 1920. Entre sus integrantes, se hallaba un tramoyista que muy pronto comenzó a visitar el local que la Fom sostenía en calle Errázuriz a la cuadra del 400 y que, sólo unos meses más tarde, transformado en secretario general de la Sociedad Obrera de Río Gallegos, encabezaría el gran movimiento de las huelgas rurales en la provincia de Santa Cruz en la Patagonia argentina: Antonio Soto Canalejo.

El teatro obrero en Punta Arenas disminuyó considerablemente sus actividades, luego del asalto e incendio perpetrado por elementos reaccionarios al local de la Fom, el 27 de julio de 1920 y, por la demora que significó su reactivación en la nueva sede social, ubicada en Avenida Libertad (hoy España) Nº1250. Las organizaciones de trabajadores comenzaron a utilizar con frecuencia los salones de la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos, donde por años ensayaron sus creaciones dramáticas, los conjuntos obreros “Luis Rojas Gallardo” y “Benedicto Cárdenas”.

En la localidad de Porvenir, pionera del cine a nivel nacional con las grabaciones experimentales de Antonio Radonich y José Bohr, encontró en la fundación del Teatro “Cinema” en 1924, el salón de eventos que reunía a la comunidad fueguina, en primera instancia, en torno a la exhibición de un largometraje. Sin embargo, el “Cinema” pronto devino en un espacio que sirvió para la realización de jornadas escolares, la celebración de fiestas patrias, de concentraciones políticas, y en sala de representación para las actuaciones de compañías artísticas y teatrales que provenían de Punta Arenas, o directamente desde el norte del país. 

En su valioso texto “Magallanes 1921-1952, inquietud y crisis”, el historiador Mateo Martinic Beros nos entrega novedosos antecedentes sobre la heterogénea actividad cultural y dramática en la década del veinte del siglo pasado. Después de hacer una breve síntesis del trienio 1924-1926, que destacó por la formación de la “Magellan Dramatic Society” en que actuaban aficionados de ascendencia británica y el “Cuadro Artístico Rosa Luxemburgo” de raigambre obrera y popular, Martinic nos brinda en la página 126 el siguiente análisis:

“La notable actividad cultural y artística de los años finales del período quedó reflejada además en numerosas acciones e iniciativas tales como la fundación del Ateneo Cultural de los Liceos de Magallanes, en que participaban figuras conocidas como Grimaldi y Scarpa. Su labor se inició con la formación de un conjunto teatral para aficionados del arte dramático. En este mismo terreno actuaban ya los cuadros artísticos Hispano-Americano (1926), Armonía (1927), Unión y Fraternidad (1928); Chile-España y Acción Escolar (1929). A estos se agregaron a contar de 1930 el Cuadro Artístico Juvenil Yugoslavo y el Cuadro Artístico Magallanes”.

Primeros dramaturgos

Por esa época residía en Magallanes el conocido jurista Carlos Anabalón Sanderson, único hermano de Luisa Anabalón Sanderson, conocida en el mundo literario como Winett de Rokha.

Anabalón fue un escritor fecundo en el ámbito del derecho como también, en la literatura, especialmente, en el género poético, tal vez disputando protagonismo a su hermana Winett; aunque, en el austro se hizo conocido como autor dramático. De pronto, los vecinos de Punta Arenas escucharon hablar de alguien que escribía dramaturgia.

Diversas compañías extranjeras de paso por nuestra ciudad estrenaron entre 1918 y 1923, varias piezas cómicas y dramáticas de Anabalón Sanderson en el Teatro Municipal y, pese a que se le reconoció ampliamente por su versatilidad en el tratamiento de los temas propuestos, también se le criticó con dureza, porque ninguna de sus obras estaba ambientada en Magallanes.

El contrapunto de Anabalón lo fue el narrador, ensayista y dramaturgo español de origen catalán, Bartolomé Soler Rabasso, (1894-1975) quien, a los dieciocho años emigró a Sudamérica viviendo y trabajando en los más diversos oficios en Argentina, Paraguay, Uruguay y Chile.

Fue un aventurero empedernido que vivió un año en Magallanes, para después asumir como productor de comediantes y bailarines recorriendo toda la Patagonia. A su regreso a España, publicó la novela “Marcos Villarí”, (1927) a la que seguiría la obra dramática “Tierra del Fuego” (1928), pieza teatral con temas magallánicos, estrenada en los principales recintos de Madrid y Barcelona.

Bartolomé Soler fue un autor prolífico que produjo más de veinte obras, entre ellas “Patapalo” (1949) Premio ciudad de Barcelona; “Los muertos no se cuentan” (1960) Premio Miguel de Cervantes y “Karú-Kinká (1946) novela que recrea a personajes y situaciones del período en que Soler vivió en la isla de Tierra del Fuego. 

Uno de los primeros dramaturgos nacidos en el austro fue el sacerdote salesiano Vladimiro Boric Crnosija (1905-1973) que después, en 1949, sería investido como obispo de la diócesis de Punta Arenas. 

Boric escribía los guiones que los alumnos primarios de la llamada galería salesiana representaban en los colegios que la Orden tenía en la ciudad. Alrededor de 1930, Vladimiro Boric creó el “Cuadro Virtus” integrado mayoritariamente por alumnos de los colegios San José y Don Bosco, entre los que se contaban a Romualdo Baeriswyl, Ernesto Livacic, Domingo Mihovilovic (Domingo Tessier), Nicolás Mladinic, Pascual Nocera, José Scarpa, y los propios hermanos del cura: Arturo, Benjamín y José.

El “Virtus” tenía su centro de operaciones en el colegio Don Bosco donde efectuaban los ensayos e improvisaban los maquillajes, tendientes a preparar la representación de cada fin de semana. En los comienzos, el padre Boric solía redactar esbozos de libretos que inducía a los actores, a una continua improvisación. Pero, a medida que el grupo se fue haciendo conocido y aparecieron invitaciones para hacer giras al interior de la provincia, Boric decidió escribir cada una obra firmando con el seudónimo de Ciro B.  

Al respecto, el sacerdote salesiano Simón Kuzmanich Buvinic en su libro “Contando la Cron-Historia de mi Colegio” (1977) rememora que antes de la fundación del “Virtus” existió el cuadro “Fagnano” dirigido por Arnoldo Bernasconi. En sus notas, Kuzmanich menciona algunas de las obras producidas y estrenadas por el “Virtus”: “Las pistrinas”, “El misterio de la caverna negra”, “Los cuatro robinsones”, “Patriota, rebelde y mártir”, “La gloriosa canalla”, “El ministril de la muerte”, “¿Qué tienes en la mirada?”, “Y la luz volvió a brillar”, “Los dos saboyanitos”, “El gavilán”, “Corazón de ona”; algunas zarzuelas y operetas, tales como, “Almas en pena”, “El rey chico”, “El maestro canillas”, “El astro del cine”, “La varita mágica”, “Pablo Anchoa”, entre otras.

Domingo Tessier, que integró el “Virtus” antes de emigrar a Santiago para continuar su carrera en las artes escénicas, reveló en su libro autobiográfico “Amor y humor del teatro” (1995) que periódicamente el elenco realizaba giras al interior de la provincia:

“El Cuadro Virtus también hacía labores de extensión. Un día partimos a la estancia San Gregorio a trabajar para los esquiladores, ovejeros, velloneros y la peonada. Tratamos de ubicar un lugar apto para la representación y, por supuesto, no lo había. Bien, buscamos un rincón del enorme galpón de esquila, el más grande de la Patagonia, y sobre un brete lleno de ovejas, colocamos unos tablones que sirvieron de escenario. Fue una función insólita, porque, mientras nosotros actuábamos, las ovejas balaban a más y mejor bajo nuestros pies. Pero el público, compuesto de unos cien trabajadores, siguió embobado nuestro sketch y ovacionó por igual a actores y ovejas”.

Tessier enumera en el texto a varios de los principales cuadros artísticos que actuaron en Magallanes en el decenio del 1930:

“Numerosas eran las compañías que llegaban a Punta Arenas y de las cuales fuimos asiduo público. Recuerdo las de Juan Leal y Nieves López Marín, la de Díaz-Perdiguero, Carlos Valicelli, Ruiz-Madrid, Esther da Silva y María Llopart. Pero largamente la mejor fue la de la familia Serrador-Marí, que en su repertorio traía “Un día de octubre” de George Kaiser, “Cándida” de Bernard Shaw y obras de Benavente, Pirandello y los hermanos Alvarez Quintero”. 

Después que la zona obtuviera la calidad de provincia, lo que implicó que los ciudadanos podían ejercer sus derechos eligiendo a sus autoridades presidenciales, parlamentarias y comunales, y en el plano ideológico, se conformaran nuevas colectividades políticas, podríamos afirmar que en Punta Arenas se consolidó la actividad dramática con los cuadros artísticos ya descritos.

En Ultima Esperanza, en cambio, se mantuvo inalterable la lucha social que propendían los obreros de los frigoríficos Bories y Natales, además, de la gente del campo que laboraba en las estancias y de los trabajadores que atendían los distintos muelles de Puerto Natales.

La praxis anarco sindicalista se agudizó cuando el primer gobierno de Carlos Ibáñez del Campo estableció el principio de legalidad que debía regir a los sindicatos chilenos, medida que fue resistida por los trabajadores de Ultima Esperanza, que continuaron actuando como un Sindicato libre, fusionando a todas las fuerzas productivas en el mítico Sindicato de Campo, Frigoríficos y Oficios Varios, constituido a fines de 1932.

En ese contexto histórico, cobró vigor un recinto transformado en un escenario donde el proletariado natalino expresó a través de conferencias políticas, funciones cinematográficas, exhibición de grupos musicales y representaciones teatrales de cuadros artísticos, su ideario sociocultural. Rodemil Bitterlich, un antiguo asociado de aquel Sindicato, plasmó en su libro “Rostros inolvidables” (1995) una semblanza de ese lugar:

“El teatro Libertad fue construido alrededor de los años 14 o 15 (del siglo 20) y adquirido posteriormente por el Sindicato de Campo y Frigoríficos, gracias a la labor visionaria de los obreros, que entendieron que era necesario contar con un lugar donde reunirse y poder expresar sus diversas necesidades e inquietudes. Disponía de un amplio salón, totalmente decorado con pinturas de paisajes regionales, realizadas por Caniggia, italiano, peluquero de oficio y pintor aficionado. Poseía, además, un gran escenario, telón de fondo y cortinajes de seda”.

Bitterlich se explaya haciendo hincapié en la organización del sindicato y de cómo sus miembros recibían permanentemente educación en temas laborales o de historia política, lo que les permitía manejar conceptos teóricos y filosóficos. Bajo esa perspectiva, la función de la actividad dramatúrgica, tenía un componente estrictamente, didáctico: 

“El sindicato estableció desde un comienzo una campaña de capacitación de los obreros a través de charlas y exposiciones, las que eran obligatorias para todos sus socios. Desde ese momento se despertó el interés de la juventud por tomar mayor conocimiento por la labor sindical y la cultura. Así se fundó el primer cuadro artístico del Sindicato de Campo y Frigoríficos de Puerto Natales. Los artistas aficionados fueron: Pablo Ossandon, Ulises Gallardo, Luis Acosta, Pedro Iribarra, Alejandro Iribarra, Eugenio Torteroglio, las señoras Eugenio Ramo, Margarita Barría, Cremilda Vargas y otros”.

El teatro Libertad con sus cuadros artísticos fue el epicentro donde se levantó la candidatura a diputado del obrero del Sindicato de Campo y Frigoríficos, Juan Efraín Ojeda, que resultó elegido por amplia mayoría en las elecciones de marzo de 1937. Bitterlich recuerda:

“Por su escenario también pasaron grandes artistas de proyección nacional como Eugenio Retes, Lucho Córdoba y La Chilenita. Más tarde, el sindicato adquirió maquinarias para proyectar películas que, por cierto, eran mudas y para darles mayor realismo se contrató un pianista que realizaba lo que hoy llamamos efectos especiales. En esa casa fue proclamado Juan Efraín Ojeda, quién salió de la imprenta “El Esfuerzo” para ir relegado a Valdivia por el movimiento obrero de 1935 y posteriormente llegar al Congreso Nacional”.

Aparece el radioteatro

El surgimiento de la radiodifusión ocasionó importantes y positivos cambios en la forma de establecer las comunicaciones a nivel mundial. Por primera vez, se hacía efectivo el sueño de la humanidad de intercambiar información con contenido simbólico entre distintos puntos del planeta. 

Chile fue una de las primeras naciones en adoptar la nueva tecnología. A su vez, vecinos magallánicos vieron a este medio de comunicación -como aconteció con la aviación un par de décadas antes- como el instrumento que podría enlazar a la provincia austral con el resto del mundo.

El empresario español Ramón Verde instaló una señal experimental en abril de 1927 que denominó “Magallanes”. A esta siguieron, “Austral” en 1932, “La Voz del Sur”, en 1933; “Polar”, en 1940 y “Ejército”, en 1941, reconocida desde 1944 como “Militar Austral”.

Cada una de estas radioemisoras disponía de un anfiteatro, que pronto utilizarían cómicos, declamadores, escritores, y grupos artísticos. Comenzaba la era del radioteatro (concluye el próximo domingo).